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lunes, 3 de junio de 2013

El chico de mis sueños.

Me aferre con ambas manos a la colcha que cubría mi cuerpo entero. Solo pensaba en el que hubiera pasado si nuestra vida fuera ido por los mismos caminos, por el mismo sendero que estaba destinado, si fuera todo diferente y nuestro amor nos fortaleciera cada día más.

«—Pide un deseo—me pidió al ver la estrella fugaz.

—No creo que se cumpla—respondí riendo bajito. El me miro por primera vez en la noche y mi corazón salto. 

Estábamos sentados en el césped de mi patio; mirando las estrellas y deleitándonos de nosotros mismos. Su cabello brillaba a la luz de la luna, y para ser franca, se veía fascinante la manera en la que sus labios se juntaban y se abrían al hablar. Me fascinaba todo de el.

—No pierdes nada con intentarlo—susurro bajito; solo para mí, y me ericé. Era eso algo que me volvía loca de el. Una de las cosas. Le sonreí, y cerré los ojos, lista para pedir mi deseo. 

«Quisiera ser feliz, y quiero que el también lo sea, al lado de la chica ideal; aun así si no soy yo»

— ¿Qué pediste?—pregunto impaciente. Reí con poco entusiasmo. 

—No te lo voy a decir, si no, no se cumplirá. ¿Tu pediste alguno?—me voltee hacia el, y el me imito. Sus ojos color avellana se posaron en los míos, tan intensamente que creí que me hipnotizaban. 

— ¿Si te digo el mío, me dirás el tuyo?—pregunto sonriendo abiertamente. Lo medite algunos segundos en silencio, y asentí. —Pedí que me besaras. 

Quede en shock momentáneo. ¿El quería besarme? Si lo hubiese sabido, hace años habría actuado. Okay, eso sonó como si fuera una gran perra. La cosa es que, ¡Quiere besarme! Si estuviera en mi cuarto sola, estuviera dando saltitos. Eso es lo que quería, ¿no?

—Yo pedí que fueras feliz—susurre mirándolo fijamente. Se acerco mucho más a mí, y acaricio mi mejilla. 

— ¿Contigo?

—No lo sé—dije bajito. Corto cualquier distancia entre nosotros, y presiono sus labios con los míos. Fue un beso delicado, y dulce, con muchos sentimientos en medio. Lo amaba, de eso no cabía duda»

Sollocé en silencio, mi cuarto se encogió junto con mi corazón al tener aquellos recuerdos. Mi esposo presiono su mano contra mi estomago y la culpabilidad me invadió. Me había casado con el hombre equivocado, tratando de olvidar a quien creí perfecto. Solo esperaba, que el que me acompañaba esta noche en la cama, ocupara el lugar del que una vez robo mi corazón tan solo con una caricia o con un beso. El que había escapado de mi vida sin decir siquiera adiós. Al chico de mis sueños. 

Escrito por: Susej Luque.

domingo, 19 de mayo de 2013

Algo llamado amor.

—No estoy bien. Me dijo ella, —Lose, lo veo en tus ojos. Le dije con dulzura. —Solo necesito a alguien que me quiera Dan, solo eso, me rindo. Agacho la mirada. Respire hondo, le tome la mano, la mire directamente a sus ojos. Lucia —¿Te gustaría tener a alguien que me mirara con ojos de amor?, esa mirada que te dirigen como si fueras la única persona en el mundo. De esas que callan muchas cosas, cosas que verdaderamente mi alma y mi ser quieren decir. ¿Tonto no? Pasar minutos, horas, días imaginando a esa persona. No poder evitar sonreír cuando alguien viene a tu mente. Se te antoja su boca; regalo de una noche que te dejó esperanzas de otro beso que toqué las lunas de ese sueño que has inventado contigo. Su mano entrelazada con la suya. Esa persona que te diga "Prometo algún día subir a un puente y gritar mis sentimientos por ti“. Pero luego despiertas. Abres los ojos y miras la realidad. Solo mirame Creo que siempre me fijo en quien no debería. A veces pienso que todo caduca con el tiempo. El amor también. Aun se me desmorona un poco el corazón cuando escucho su nombre, Solo un poco. Engañarme a mi mismo es lo peor que me pasa, siendo que es lo mejor que se hacer. Me siento morir al tratar de aparentar ser feliz. Lo único que quiero que me quieras como yo te quiero a ella. Simplemente eso. Pero parece que pierdo mas tiempo imaginando cosas que viviendo la realidad. Sentir eso que me debilita poco a poco. Y preguntarme ¿Sentirá lo mismo que yo? ¿Se rallará con mi nombre en su mano? ¿Me echará de menos? ¿Piensa en mi? Eso me lo pregunto yo todos los días. En realidad mi corazón nunca dejó de quererla. Recuerdo la ultima vez que la vi. En ese minuto te observe, como nunca había observado nada, intentando captar todos los detalles, cada milímetro de su rostro, cada espacio y cada punto, y no puedo evitar sonreír, porque me llenas de emociones, de esas cosquillas que no pensaba que existían. Pero en realidad todo pasa por una razón y pase lo que pase, todo es para bien. En este pequeño mundo todavía quedan personas buenas, personas que están dispuestas a darte una mano o su corazón. No busques aliviar una herida con más dolor, porque éso, sólo te generará más sufrimiento. Cada vez que veas esas marcas recordarás lo que pasó y éso hará que tu corazón se vuelva más gris y triste. Si somos honestos con nosotros mismos, eso llamado ‘‘amor no’’ es más que el hecho de quererse más a uno mismo, a través de otra persona. Así que si algún día quieres rendirte no te rindas, por favor no cedas, aunque el calor queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento para actuar y ser feliz.

Escrito por: Deya Vasquez. 

Trouble.



Debía hacerlo, aunque me costaba, debía hacerlo. Sentarme allí a escribir era todo lo que debía hacer, me dieron comida, música, aire acondicionado, todo para que me conforme, pero, sin embargo, no podía hacerlo.

Mi tía me miraba fijamente, mientras las lágrimas caían cada vez más rápido por su rostro. Quería decirme algo, pero no le salían las palabras, vernos en lasituación que estábamos y verme a mi, haciendo algo que me hacía mal, no la dejaba hablar.

Y todo por un maldito libro, un maldito diario. Tenía 15 años cuando debí escribir un libro para el diario, pero no cualquier libro, era mi vida, mi infancia. Se estarán preguntando porqué tanto problema por mi infancia, pero de echo sí lo había, no quería recordarla, era y siempre será uno de los peores momentos de mi vida.

Debía empezar a escribir desde el momento en el que nací, mi madre tenía sólamente dieciseis años, mi padre la había abandonado y luego de dos días, había muerto en un accidente automovilístico. Luego, mi nana Flora, o empleada, como le dirían los demás, me acompañó a pasar unas vacaciones al mar, fue todo muy lindo, hasta el día que regresé a casa.

Mi madre no estaba sola, estaba acompañada por un hombre. Un hombre extraño, viejo y que daba mucho miedo. Tenía solamente ocho años y el me tomaba como un niña de diez. Tan solo recordarlo me hacía mal, recordar todo lo que nos había hecho a mi y a mi madre, repito, me hacía mal.

Eran las nueve de la noche, uno de los peores días de mi vida. Me habían hecho leer un texto, pero había un problema, yo no sabía leer. El hombre me tomó de la cabeza y me arrastró hacia la habitación. Todavía podía oír los gritos de mi madre, estaba desesperada. Y en esa habitación el hombre comenzó a gritarme.

Tomó un bastón, me recostó sobre mi cama y comenzó a golpearme la espalda, comencé a pedir ayuda, pero era en vano, ya que nadie vendría. Recordar esos golpes me causaba dolor, llanto y desesperación.

Luego, al otro día, desperté en una escuela de niñas, en la cual todas estaban golpeadas, o tristes, o agotadas. Era una escuela horrible, de la cual escapé a los doce años. Y allí fue cuando encontré a mi tía, ella me contó que mi madre había estado muy enferma y que había muerto.

No solo eso, había otro problema, eramos pobres. Es por eso que debí vender ese libro, el cual fue muy famoso y a pesar del dolor que me causó escribirlo, me convirtió en un escritor famoso y gané la plata suficiente para cuidar a mi tía, del mismo modo en el que ella lo había hecho siempre.


Escrito por: Lara Samojeden.

lunes, 13 de mayo de 2013

La historia de una flor, de mi flor.


Me gustan las flores, sus colores, amarillas, rosas, naranjas, toda la variedad que existen, margaritas, rosas, tulipanes, girasoles, su olor a vida, a sueños y recuerdos.

Me gusta estar con ellas, sentir su textura el amor y la felicidad que te trasmiten, cuidarlas, volverme parte de ellas. Me gusta escucharlas, saber sus historias, saber sus romances, me gusta oírlas como el canto de las aves por la mañana. Me gusta aprender de ellas, que me atrapen en su belleza. 

Se dice que todos aman las flores, que son el mejor regalo, el mejor detalle, cada que escucho eso un hueco inunda mi estomago, ¿Cómo pueden decir eso? Tal vez sean un buen detalle pero las flores están hechas para admirarlas, para gozar de su belleza en todo sentido, no para quitarles la vida y esa belleza sólo para dar un buen detalle. 

Así como me gustan las flores también me gustan los ojos, la mirada es lo primero que vemos en una persona, los ojos se conectan, los ojos demuestran, los ojos interpretan lo que el corazón dice. Caminando por la calle veo muchísimos ojos, muchísimas miradas, todas diferentes, unas con dolor, unas con coraje, unas simplemente perdidas. 

Una mirada basto entre toda esa gente para que mis ojos no vieran a nadie más, sé que eso siempre pasa en cualquier parte del mundo, pero al mirarlo creamos eso, un mundo. Había observado varias miradas, había conectado mis ojos con otros, pero nunca me había quedado atrapada como lo hice con él. Después de cruzar la mirada, de mi cabeza no desapareció su rostro. Sí, sólo lo mire 3 segundos pero esos segundos me bastaron para saber que con él me iba a empapar el alma. Tal vez fue coincidencia el que lo mirara, tal vez no. Lo que si sé es que todo mi ser se estremeció cuando mis ojos miró. 

¿Cómo se llamaba? ¿En dónde vivía? ¿Cuál era su edad? ¿Sus ojos sintieron lo mismo? En ese momento desee que los ojos pudieran tomar fotografías para nunca olvidarlo. Siempre tenerlo, siempre mirarlo y volver a sentir que el mundo ya no importaba cuando tenia uno en sus ojos. 

Retrocedí, y pensé “¡Tengo que saber quién es!” no puedo quedarme así, nuestros ojos crearon algo muy grande. Caminé, y caminé mucho iba hacia donde el corazón me dictaba. ¿Qué me pasa? Esto es una tontería, quería dejar de buscarlo, era algo absurdo. Baje la mirada y encontré una flor de papel. Sentía que era una señal, sonreí y seguí mi camino. Llegue a un parque, el aire empezó a soplar y me deje llevar por el; cuando se detuvo había llegado a una banca, decidí sentarme, un gran suspiro salió de mi. Sentí cosquillas en mi estomago cada que recordaba su rostro, esas cejas pobladas arriba de esas dos lunas. 
No podía dejar de pensar en él, decidí regresar a mi casa, ya era tarde. Me recosté y cerré los ojos, ojos… Ya no quería mirar a nadie más, ya no quería qué nadie me quitara la sensación que él me dejo, me quedé dormida con una sonrisa, una sonrisa en todo mi rostro. 

Al despertar, decidí regresar al parque, para mirar a las flores, esas que tanto amo. Y si tenía un poco de suerte encontrarme con él. Ahora ya no miraba los ojos, solo miraba el asfalto, ya no miraba el sol, ahora miraba las piedras. No quería perder su mirada de la mía. Y siempre iba con la cabeza abajo, ahora sus ojos eran el mejor lugar para estar. Llegué a esa banca en donde me senté anoche, miraba las flores, sentía que ellas me ayudaban a encontrarlo, me abrazaban con su olor. El instinto ¿será eso? Mire hacia arriba y mis ojos estaban en los de el por segunda vez. Mi corazón latía mucho, parecía que se iba a salir, por dentro le decía ¡Tranquilo! Tal vez no sienta lo mismo. Caminé hacia él, lo mire, así como no había mirado nunca a nadie, —¿cómo te llamas?— Le pregunte, el me contesto — ¡Hola! Soy Pablo, ¿Tu, quién eres? —Mi voz temblaba, —Ho..ola, me llamo Anna— creía que era un sueño mas. Sus ojos grandes como el sol, cafés como el barro. ¿Qué hago? Me pregunté… El me dijo — ¿Anna, no quieres acompañarme a gozar el día? —¡Dios! Respondí con mi cabeza diciendo que si. Sentados no muy distantes uno del otro, hablamos, y hablamos mucho, de todo un poco. No estaba equivocada, con él me bastaba para que todo el mundo fuera pequeño a su lado… Si, me enamoré mirando sus ojos un instante, me enamoré mirando sus ojos unas horas, me enamoré mirando sus ojos en los míos, y me seguiré enamorando, porque cuando sus ojos me miran, yo los dejo ser poema, ser parte de mi misma.

Me gustan las flores, hablan por si solas con lenguaje propio, cuando las contemplo muy cerca en mis paseos, con sus colores y su entorno figurado.

Aunque les pregunte sin palabras, guardan mis secretos, porque cada flor tiene una vida y cuenta lo que quiere, cuando quiere a través de su fragancia y sus matices. 

Me gustan las flores porque hay flores con historias de colores y también con tormentas interiores. Todas y cada una de ellas son privilegiadas a mis ojos, sin preferencias conscientes. 

Me gustan las flores porque creo en sus susurros contenidos, en el brillo de sus pétalos, necesito contemplar su ofrenda de colores sin arrancarla de su espacio. 

Cuando la flor se muere es por decisión propia, lucho en su agonía por revivirla, sabiendo que no gano la batalla. La flor que apaga sus colores debe imaginar mi duelo, pero calla y sigue su vida elegida. 

Me gustan las flores…

Escrito por: Xime Fernández.

Recuerdos.


Recuerdo la vez que nos conocimos, un día que para mí era común y corriente, una puesta de sol muy hermosa en el parque, Recuerdo la primera vez que mire tus ojos, tenías una mirada cálida y a la vez penetrante, que no sé como pero me hiciste sentir segura con solo mirarme con esos ojos color miel y esa sonrisa que en realidad me enamoro, no sé qué hiciste pero me dejaste anonadada.

Recuerdo perfectamente las palabras que dejaste salir de tu boca;

—Hola mucho gusto soy David— dijiste con esa voz ronca y sensual que tienes, mientras nos saludábamos de beso en las mejillas. Incluso recuerdo que después de esa tarde de conocernos me cautivaste con solo mirarme y dedicarme una cálida sonrisa, recuerdo que no pude dormir, sólo cerraba los ojos y me encontraba con tu mirada. Ese insomnio que dejaste en mi fue notorio al siguiente día, pensé que sería un día maravilloso y que te volvería a ver, y así fue… Pasaron los días y cada día nos acercábamos más…

Recuerdo como me mirabas con una sonrisa en tu rostro, mientras yo te platicaba como me había ido en el día. Reías sin parar como un loco, mientras caminábamos rumbo a mi casa, platicábamos de cualquier tontería, como olvidarlo.

Recuerdo que todos los días aunque ya nos hayamos visto platicábamos por mensaje o por facebook hasta horas de la madrugada, y aunque no me quería levantar tu eras esa razón. 

Recuerdo que al levantarme, cheque mi celular y tenia un mensaje que decía “El día de hoy nunca lo olvidaras” sonreí como una tonta enamorada dando brinquitos como niña, esa sonrisa del rostro nadie me la quitaría. Recuerdo que me llevaste al parque donde nos conocimos, te sentaste a mi lado y platicamos, reímos y hacíamos cualquier estupidez, hasta que tomaste un tono serio, tomaste mis manos y me miraste con esos ojos que me enamoraron, y me dijiste lo que más quería en esos momentos: “Hace tiempo que nos conocemos, y me la he pasado súper bien contigo, y quiero que esto llegue a más… Dayanna ¿quieres ser mi novia?", mis ojos se llenaron de lagrimas, y solo asentí con la cabeza, te abrace y así quería estar contigo cada momento. Recuerdo la primera vez que entrelazamos nuestras manos y quedaban perfectamente acopladas una a la otra.

Recuerdo que unas semanas después fue la primera vez que sentí tus labios con los míos como si sólo fuéramos una sola persona, simplemente fue un beso perfecto. 

Lo que más recuerdo y nunca olvidare será la primera vez que escuche salir de tu boca la palabra “te quiero”, nunca espere a que me dijeras “te amo” con solo demostrarme tus sentimientos y detalles que tenías conmigo yo veía cuanto me amabas…

No se lo que sucedió, pero las cosas empezaron a cambiar, te volviste distante y seco conmigo, tus actitudes empezaron a fastidiarme, y no quería estar así. Decidí que por más que me doliera debí dejarte ir. Recuerdos esos días de dolor y de tristeza al ver a las parejas felices, y yo sola en el mismo parque te conoci.

Y ahora parecemos dos completos extraños, que nunca tuvieron una historia, que nunca pasaron momentos extraordinarios, espero y recuerdes cada momento como yo lo hago, cada sensación, cada movimiento y por supuesto cada recuerdo que se que se quedo grabado en tu mente.

Espero y que aún lo recuerdes perfectamente como yo. 

Escrito por: Heidi Karen Bautista.

Nada.


Estábamos a finales de noviembre y el frío se hacía notar tanto como las personas haciendo sus compras navideñas. La nieve comenzaba a caer con deliberada lentitud mientras ciertas aglomeraciones de personas se ponían de acuerdo y recogían los restos de hojas secas situadas en el suelo debido al pasado otoño.

Suspiré ruidosamente mientras mis extremidades inferiores aceleraban su ritmo. 

Me sentí aliviada al ver que el aeropuerto no se encontraba tan ocupado a pesar de ser fin de semana. Me encaminé hacia un grande y llamativo escritorio en donde se encontraba una mujer cuya edad oscilaba entre los treinta y dos o los treinta y cinco años. Supuse. Incluso podía resultar un poco mayor pero, ya saben, en estos tiempos el maquillaje hace milagros.

—Buenas tardes, ¿le puedo ayudar en algo? —articuló la mujer mientras esbozaba una radiante sonrisa causando que se le formaran arrugas alrededor de los ojos.

Sí, mil a una que tenía más de treinta y cinco.

Después de explicarle a la señora que la compra de mi boleto la había realizado por internet y solo estaba esperando a que ella me lo entregase, se despidió con otra agradable sonrisa al mismo tiempo que me deseaba feliz viaje.

Como si la razón de mi ida lo fuera.

Evité volver a tener pensamientos como ése y decidí acudir a por un café. Observé el reloj que reposaba en mi muñeca izquierda. Aún faltaban treinta y cuatro minutos para abordar.

La cafetería de aquel aeropuerto de era nada fuera de lo normal: paredes de color beige, mesas de madera y grandes ventanales. Me adentré y noté que era muchísimo más acogedora de lo que parece.

—¿Puedo tomar su orden? —Dijo un chico de cabello castaño, ojos verdes y mejillas infestadas de pecas. 

—Una taza grande de café con leche, por f… 

—Enseguida —me interrumpió y se fue.

Vaya, si no quería entablar una conversación más allá de “trabajador-cliente” me lo hubiera dicho. Aunque, viéndolo desde mi punto, nunca he sido buena con las palabras y en tal caso de que dicha conversación se hubiera llegado a dar, él tendría el control de esta mientras yo solo me limitaría a asentir y hacer uno que otro gesto.

No era consciente de que el café ya estaba en la mesa hasta que una gota de él cayó sobre el dorso de mi mano, quemándome mientras s esparcía.

—Que lo disfrute —articuló el chico de cabello castaño a regañadientes. 

Venga y yo que pensaba que solo a las mujeres nos llegaba el ciclo menstrual.

Ignoré por completo su actitud y, aún adolorida por la pequeña quemada, tomé la taza por sus alrededores con ambas manos e ingerí parte del contenido con un breve sorbo.

Me arrepentí al instante.


“—Para ti, ¿qué es la felicidad? —Dijo él mientras su mirada se enfocaba en un punto muerto.

Quedé inmóvil. ¿Por qué la pregunta tan… de repente? Pasaron varios minutos para articular mi respuesta.

—Una taza grande de café con leche bien caliente cuando tengo frío —anuncié dudosa y observé su rostro esperando ver su reacción, pero fue exactamente todo lo contrario a lo que me imaginé.

Su risa retumbó en mis oídos. Dios, como me agradaba aquella melodía. Su melodía”.


Sentí como todo el vapor del café se concentraba en mi cara mientras las lágrimas nublaban mi vista. Aquellas carcajadas deambularon por mi mente más tiempo del requerido. Sacudí la cabeza para apartarlas de allí, pero ya era muy tarde. 

Me había vuelto adicta al sonido que me proporcionaba mi propia imaginación.

Algo era cierto: lo amaba. Y cuando amas a alguien solo deseas su felicidad, incluso si ésta es a costa de la tuya.

Pude notar el desbocado nerviosismo que recorrió toda mi columna vertebral, el pulso acelerado de mis muñecas y el fuerte martilleo de la sangre en mis oídos ante el anterior pensamiento.

No era sano querer a alguien como yo lo quería a él. 

Bajé la taza de porcelana barata y coloqué mis brazos en los alrededores de mis costados y luego, con los dedos, presioné fuertemente ahí, justo entre las costillas para concentrar el dolor en varias zonas y ser incapaz de pensar en otra cosa que no fuera la molestia que yo misma me estaba proporcionando.

Tenía vergüenza. Sí, vergüenza de ser capaz de admitir que alguien fuera a ser tan importante en mi vida, tanto que sin él sentía como si no fuera nada. Absolutamente nada.

Escrito por: Frakviana Yamarte.

sábado, 11 de mayo de 2013

Tú no existes.

Recomendación: Cuando lea esto ponga la canción A drop in the ocean- Ron Pope.
Por alguna razón, siento que él es especial. Siento que él es lo que siempre busque y sin querer lo encontré. Él no sabe lo importante que es para mí, él ni se imagina que tanto siento por él. ¿Y, sabes? No quiero decírselo nunca. Es como un amor platónico, le miro, le quiero sin esperar que me corresponda, pienso él t
odo el tiempo, tal vez piensen que es un amor triste, y puede que con el tiempo lo sea, pero ahora, ahora es un sentimiento muy especial que me gusta sentir.

Elizabeth Damián 


Tú no existes.

No, no vengo a escribirte toda la historia, solo vengo a enseñarte mi cuaderno, lo guardé, pensé que te sería útil cuando crecieras, cuando me dijeras: Leah, me enamoré. Sé que me adelantó, pero cuando me digas eso seguramente saltaré a ti, te abrazaré y te diré: Ya estás lista para leer mi cuaderno. Seguramente reiré al recordar que hice lo que en este momento te estoy escribiendo, aún eres pequeña, juegas con barbies y abrazas al oso “cadiñoso” aún vas y corres con mamá para que te arrulle, aún no sabes pronunciar bien la “erre”. Quizás las hojas ya estén amarillas puesto que yo tengo 19 años y tú apenas 2 añitos. 

Me das tanta ternura, que me da miedo que alguien te lastime, que te pueda llegar a herir. No sé bien qué o por qué escribo esto, pero sin una explicación estoy haciéndolo. 

No te contaré mi historia, pero sí lo que sentí.

Fue algo totalmente mágico casi sin explicación, sus deslumbrantes ojos cafés hicieron que me quedará atónita. No era un chico sumamente atractivo, pero te puedo decir que era como un ángel. Noble e inocente. Su piel morena y su rostro varonil. Su voz gruesa y su mirada firme. Su presencia me hacía temblar y que mi rostro ardiera de pena al verlo pasar, sudaba mi frente y mis manos, él era el culpable. No sé cómo diablos hizo que yo me enamorará de él, yo solo estaba concentrada en estudiar, cuando tengas mi edad y compruebes cómo son pá y má verás que será cierto lo que te digo. Mi nombre se veía increíblemente hermoso cuando él lo pronunciaba Leah…Le- ah…l-e-a-h todavía siento un circo de mariposas al recordar lo hermoso que se veía, su perfume en las mañanas, una droga que me provocaba una seria adicción, era muy inteligente, su mayor sueño era ser doctor. Al ver su nombre en algún lado mi corazón palpitaba tan fuerte que al grado que llegué a pensar se me salía el corazón. En ese momento odiaba pero al mismo tiempo amaba al destino, me ponían con él en todo momento, trabajos, juntas, pláticas, reuniones, bailes, blah. Nos dimos besos inocentes, bajo la lluvia y corríamos como unos niños al jugar en charcos. Nos amábamos.

Me sentía tan nerviosa, pequeña, tan pero tan nerviosa que mis pies bailaban solos, al igual que mis manos. A sí pasaron cinco años, de uno de los amores más puros, lindos y sinceros que jamás existirán. Nuestro ritmo de vida nos separó, ya entrabamos a la universidad, todo sería totalmente diferente. En varias ocasiones nos volvimos a ver, pero ninguno de los dos se atrevía a hablar. 

Un día lo volví a ver con chica, atractiva hasta los pies, no estaban en una situación cómoda para mí, por la forma y la agresividad salvaje como la tomaba, la besaba y la acariciaba decía claramente que no era amor, apostaría en decir que ni siquiera él sabía cómo se llamaba aquella chica pelirroja. Rompí mi vaso de la fuerza provocada por el coraje que me abundaba acompañado por tristeza. Todas las miradas me captaron, salí corriendo y aguantando un poco mis lágrimas, me puse roja, caminaba sin rumbo fijo, bajo la lluvia que me acompañaba.

-Leah ¡DETENTE POR FAVOR!- gritó aquella gruesa y varonil voz.

Decidí ignorarlo y apresuré un poco más el paso, cuando mi brazo fue jalado por la fuerza, me detuve abruptamente.

-Déjame Joseph- 

-No quiero que digas nada, solo necesito que me escuches unos minutos Leah.-

-Dime lo que tengas que decir, que no tengo tu tiempo.-

-Perdona si hago esto, lo estoy haciendo demasiado tarde, nunca tuve el suficiente coraje de decirte cuanto te amo, tenía miedo, y sé que no soy lo suficiente para ti, tu eres todo lo que puedo llegar a anhelar, te amo. No sé si esto está bien o está mal pero te amo y quisiera decir todos los te amo que debí haberte dicho todo este perdido tiempo, te perdí por mi absurda cobardía, e hice esta carta para que te des cuenta de lo mucho que te amo, porque te amo, te amo y te amo Leah. Hubiera querido hincarme ante ti, sacarte un anillo de compromiso y pedir que me esperaras hasta que tuviéramos un plan de vida juntos, el día de nuestra boda bailar como en esas reuniones, la noche de bodas hacerte el amor, con tanto cariño y amor, que no podría hacerte más feliz. Te hubiera correteado por todo el jardín haciéndote cosquillas, seríamos un par de niños. Lo único que puedo darte- se corto su voz empezando a llorar- lo único que puedo darte es esta carta- Me besó en la frente y posteriormente bajo su boca al tamaño de la mía y nos besamos, creando un nuevo mundo- y este beso de despedida, bajo la lluvia que te acompañará a casa.-

Me quedé atónica viendo a ese hombre que yo tanto amaba, hasta sus más pequeños errores, correr bajo la oscuridad, nunca supe más de él, no sé si murió o no existía, era como si él no existiera.

Quizás mi cuaderno continué, con todos los escritos que te he puesto y al final esta historia, me preguntarás por qué no me pusiste primero la historia y después los escritos, pero te diré solamente quería mantenerte al filo de mis sentimientos. A lo mejor él y yo nos volveremos a cruzar, el destino nos separa, pero a quienes en verdad deben estar juntos, siempre los volverá a unir.

Cuando lo termines de leer, te regalaré un cuaderno y te diré: Ahora escribe tu significado de amor.

Tal vez sea más grande de lo que yo sentí. 

No sé si esto tenga continuación y tenga que remediar mi frase: Tú no existes.

Escrito por: Gabriella Ceballos.

Please stay.



Allí estaba ella, la más linda de todo el colegio, mi compañera. Ella siempre estaba con chicos rudos, lindos, yo… no estaba a su altura.

“Que linda que estás, sos un caramelo, te veo en el recreo y me vuelvo loco. Todas las cosas que me gustan tienen tu cara. Y siempre espero los asaltos, así juego a la botellita con vos. Mi bomboncito, que excitante que estás, tendrías que saberlo! Esa cola es la manzana más buscada y esos senos…el alimento de mi creación. Quisiera arrancarte un día y morirme en un telo con vos o quizás en un auto”

Mi carta no era como las que ellas solía recibir, románticas, amorosas, tiernas. En esas pocas palabras había escrito lo que sentía, me encantaría que ella fuera mía, casarnos, hacerle el amor, sentirme enamorado no era lo mejor. Estaba en el último año de la secundaria, ya había cumplido 18 años y aún era un inmaduro para ella.


+5 años

Aún seguía enamorado de ella. Habían pasado cinco años, ella había asumido las cosas, para ella era un simple gustar, y era mucho más que todo eso. Pero ya hacía tiempo que estoy buscando mi verdadero yo, no me sentía vivo si no estaba con ella. Hay una especie de simbiosis, lo dijo mi psicóloga, que haría bien a la terapia alejarme un tiempo, unos setenta años. ¿Sería eso lo correcto? Esta bien que no nos veíamos, yo la perseguía a ella. Mi psicóloga había definido a eso como obsesión amorosa. ¿Qué era eso? Yo solo estaba enamorado y a la vez ofendido porque ella nunca me amo como yo la amo a ella. ¿Esta eso bien? Ella me ha roto el corazón tantas veces que estoy cansado de tratar de resolver mi conflicto. 
Como me encantaría sentarme en ese café, que ella va con sus amigas, y ponerme a conversar. Me lo imagino.

- ¿Cómo estas querida? –diría con mi mejor sonrisa. Ella probablemente me recordaría como el tonto enamorado, o mejor aún, el inmaduro. Ella sonreiría para no ser descortés. –

- ¡Oh! –diría ella con una sonrisa en sus labios. Seguro me habría visto en la ciudad, pero por cortesía lo diría igual.- ¿Cómo es tu vida? Tanto tiempo..

- Tengo esposa e hijos –sonreiría y respondería pero el anterior Justin, aquel que era muy diferente a ella, que no le escribía cartas de amor, no se había ido. Seguía ahí y seguiría- A veces hablo con ella, y hasta hago el amor. –ella notaría mi melancolía en las palabras. Y mi horrenda manera de describir. Su rostro mostraría incomodidad- No es que quiera molestarte. –me sentaría en una silla, no importa cual, solo a su lado- Pero me es imprescindible sentarme en un café y soñar un poco y, tal vez amarnos. –le confesaría mi amor una vez más y seguramente ella me rechacé otra vez, como ha hecho siempre-

Mi imaginación era totalmente realista, yo lo era. Hay algo que debí mencionar, era posible que ella no me rechacé si pasaba eso porque su marido la había traicionado. Haría tantas cosas por estar con ella. Pero no, todo hubiera fallado porque ya ha llegado mi hora. Sí, ya me iba de este mundo para ir a otro, tal vez mejor. Me habían diagnosticado una enfermedad terminal hace meses, ¿y entonces? Me había obsesionado más con ella, con mi pequeña, porque digan lo que digan ella siempre va a ser mía. Ella estaba casada, yo también, pero no importaba, ella era mía por siempre, para siempre. Aunque me fuera de este mundo, a ella la mantendría en mi corazón. 
Y ha pasado mi hora, ¿quién robo mis años? Se había pasado todo tan rápido… Pequeña, cambio a toda esta familia por un segundo con vos. Si te veo ahora, aunque termine en un hospicio, tomo una botellita, y juego a la botellita con vos.

Escrito por: Ayelén Farias.

Ángel Guardián.

—No tienes porque sentirte presionada, cariño—Los ojos de mi nuevo jefe me devoraron con la mirada, había sido lo bastante valiente como para haber ido hasta allí y ésta vez, no iba a echarme para atrás. Rodeé los ojos, exhausta de que me tratara como a una niñita; había cumplido la mayoría de edad días atrás y no tenía porque hablarme como si tuviera diez años.

—Cierra el pico—espeté, casi escupiendo las palabras— ¿Vas a tardarte mucho más? Como sabrás no tengo mucho tiempo.


Mi jefe frunció el entrecejo, intentando descifrar porque rayos lo estaba desafiando de esa manera, pero tampoco me importó demasiado. Miré mi reloj y comprobé que habían pasado dos horas desde que había hablado con Jake. Sentí la piel debajo de mi nuca estremecerse. Recordaba las palabras de mi mejor amigo a la perfección, casi como si las estuviera repitiendo en mi mente;«Maia, tú no estarás hablando en serio, ¿verdad?—notó la expresión indiferente en mi rostro—. No puedo creerlo, ¿en qué rayos estás pensando? ¿Si quiera piensas cuando haces estas cosas? Yo te prestaré el dinero, no voy a permitir que vayas a ese sitio, ni siquiera lo pienses»


Pero había logrado escaparme. Mientras Jake preparaba algo para cenar en la cocina, tomé las llaves de la casa y corrí lo más rápido posible. Había tomado el autobús para llegar y más de una vez me había sentido incómoda ante las miradas fogosas de otros hombres. 
Recordé el motivo por el cual estaba haciendo aquello y continué mi camino, sin vacilar.
Mi celular no dejaba de vibrar, daba por sentado que era Jake el que me estaba llamando pero en ese momento no podía concentrarme en otra cosa.

—Perfecto—mi jefe se puso de pie—, traeré al cliente.


Sentí todas las extremidades de mi cuerpo tensarse. Me puse de pie y me observé en el espejo una vez más, cuando mi jefe ya se había marchado. Observé el atuendo que llevaba encima, desde las medias de red negras hasta el brazier rojo que combinaba con mis bragas. ¿Quién iba a saber que iba a tener que llegar a esto? Mis padres me habían abandonado, a mi y a mi hermanita, y al ser mayor de edad debía hacerme cargo de ella; ¿cómo se supone que iba a conseguir el dinero para sustentarnos? Y heme aquí. 
Consiguiendo dinero fácil, tan solo echándome en una cama, deseando que se acabe.

— ¿Tú eres Maia?—La voz de un hombre de mediana edad me desconcertó. Volteé para encontrarme a un tipo de traje, un poco más alto que yo, más guapo de lo que esperaba que fuera. 

Lo observé con algo de desprecio.


—Si, soy yo—aparté algunos cabellos que se habían soltado de mi cola de caballo. Finalmente decidí soltármelo.— ¿Comenzamos? Tenemos solo una hora.


Mientras más rapido se acabara, mejor.


—Por supuesto, solo quería tomarme algo de tiempo para observarte—se quitó la chaqueta y la depositó en un sillón situado junto a la cama. Pude notar el color café de sus ojos y la forma triangular de su rostro. Se acercó tanto a mi que comencé a ponerme nerviosa. ¡Maia, concéntrate, por Dios!—Eres muy bonita, Maia.


El hombre acarició mi mejilla y yo sentí náuseas, ante su tacto y ante la forma que me observaba, con sus ojos ardientes e inundados de pasión. Sus largas pestañas no escondían su mirada espeluznante y me sentí mareada al sentir su piel sobre la mía. Cerré los ojos y dejé que el hombre prácticamente me desnudara, tan solo llevaba puesta mi ropa interior. Y luego frenó.


— ¿Estás nerviosa, preciosa?—odiaba que me hablara como si me conociera a la perfección, como si todas las putas con las que había estado fueran iguales.


Negué con la cabeza y me tragué mis palabras.


— ¿Qué?—bramé, al notar que la cosa no estaba avanzando.


—Pareces un poco tensa, Maia—tomó mis hombros y me sentó en la cama. Me acarició el cabello y luego lo olió, como si fuera alguna clase de obra maestra. Comenzó a desabrocharse la camisa y mi mente viajó a otro mundo, intentando evadir la vista del pecho desnudo del completo extraño.—No tienes porque temerme, solo estamos para complacernos.


Complacerte querrás decir, pensé para mis adentros. ¿Este hombre realmente pensaba que yo estaba haciendo esto por voluntad propia? ¿No se daban cuenta que estaban haciéndole el amor a alguien que ya estaba muerto por dentro? Me crucé de brazos porque, de repente, sentí que me estaba helando. Observé el móvil, lo había dejado en el bolsillo de mi bolso y no dejaba de hacer luces. Como hubiese deseado que las cosas hubiesen sido diferentes.


Su mano se dirigió a mi brazier, suspiró ante la vista y comenzó a tocarme. La piel se me erizó y dí un salto alarmada por el sonido de la puerta. Jake había entrado a la habitación, con el móvil en la mano y con una mirada llena de furia en su rostro. Una mirada que jamás había visto en todos nuestros años de amistad.


—Ven aquí, Maia—me ordenó, evitando por completo al extraño, que se había quedado pasmado. Yo me quedé en mi lugar, un calor ardiente ascendiendo desde la cabeza hasta los pies.


—Jake, ¿qué rayos estás haciendo aquí?—me alejé unos pasos del extraño. Él observó cada movimiento— ¡Vete, por Dios santo!


Traté de tapar el atuendo que llevaba puesto con mis brazos, jamás había sentido tanta verguenza en toda mi vida.


— ¿Esto es alguna clase de broma?—el desconocido parecía bastante cabreado. 


—No, lo siento, pero ella se va conmigo—Jake se acercó a mi más determinado que nunca y me tomó del brazo con más fuerza de la necesaria. Sus ojos estaban completamente rojos y su mandíbula estaba firme; estaba conteniéndose para no partirle la cara al tipo que se encontraba a mi lado.


Me arropó con el tapado que había llevado puesto, cogí mi bolso y me fui, de la mano de mi mejor amigo.


El silencio fue incómodo desde que nos subimos al coche de Jake hasta que llegamos a mi casa. ¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Y ahora de donde iba a sacar el maldito dinero? Deseé desaparecer, de una manera que no había deseado antes.


Entré a casa y encendí las luces, todavía avergonzada por la situación en la que Jake me había encontrado. Sinceramente, no me lo esperaba para nada.


— ¿Eres consciente de lo que estabas a punto de hacer?—me preguntó mi mejor amigo, dirigiéndose a mi como si fuera una completa extraña.


—Jake, métete en tus propios asuntos—gruñí, con una rabia irreconocible en mi voz. Los ojos se me llenaron de lágrimas en tan solo instantes.


Jake se acercó a mi, tomó mis manos y me observó con aquellos ojos azules; me había observado de la misma forma que cuando teníamos cinco años y me había agradecido por salvarlo de unos chicos que querían golpearlo.


—Voy a ayudarte, lo sabes con certeza, siempre voy a estar aquí para ti—sus dulces palabras me llenaron de culpa y remordimiento hacia mis padres.


—No lo sé, pensaba lo mismo sobre mi familia y apenas cumplí la mayoría se marcharon.¿Tienes alguna idea de cuanto dolor han causado? No quiero sentirme de este modo—había comenzado a sollozar—, siento mucho lo que hice. No sé en que estaba pensando.


Jake me acarició la mejilla y me abrazó por la cintura. Podía sentir el calor que manaba su cuerpo y, de repente, sentí como si mi mejor amigo fuera la única persona en la que podía confiar.


—Sabes que vales mucho más que eso, ¿no es así?—yo asentí con la cabeza—.Tienes que respetarte a ti misma, Maia, eres hermosa y eso nadie va a quitártelo.


¿Me había llamado hermosa? Me sonrojé y bajé el rostro. Jake me tomó de la barbilla y yo me mordí el labio. Ahora había comenzado a notar lo atractivo que era mi mejor amigo.


—Gracias, Jake, en serio te agradezco mucho lo que hiciste por mi—admití, y me apoyé contra el sofá, las manos de mi mejor amigo todavía en mi cintura.—Me salvaste de haber cometido el peor error de toda mi vida.


Jake acarició mi labio inferior con su pulgar.


—Te quiero lo suficiente como para salvarte de cometer cualquier error en tu vida. Eres lo más importante que tengo y lo sabes perfectamente.


Casi automáticamente, los dos nos acercamos, rindiéndonos al deseo.


— ¿Estás seguro de esto?—le pregunté, a tan solo centímetros de sus labios, con su respiración rozando mi rostro.


—Más seguro de lo que he estado en toda mi vida.


Y sus labios atraparon los mios, dejando en ellos una huella que jamás se iba a borrar, una persona que realmente me había salvado del abismo. 


Jake se había convertido en mi propio ángel guardián.


Escrito por: Carla Samojeden.

viernes, 10 de mayo de 2013

"Sonreí..."


Navajas entran en mi piel dejando oscuridad y no heridas, la sangre escurre espesa, viva y llena de color. De mis ojos brota una lagrima, lagrima de dolor, lagrima de amargura. Un sentimiento de poder, de fuego por mis venas hirviendo, acelerando mis pulsaciones.

Con cada latir puedo sentir como la felicidad se consume y el odio se complementa a su vez, una sonrisa oscura de maldad se torno en mi rostro, en mis ojos y en mi mente. Repugnancia siento hacia este cuerpo que me tortura, me aprisiona y me hace sufrir, cosa que por rareza de mi locura disfruto sentir. 

Aunque acabar con mi vida sea la mejor opción y quizás la más divertida, habría que pensarlo. Es que hay tantas maneras de morir; fabulosas, sangrientas, oscuras, asquerosas, repugnantes, todas tan irónicamente hermosas que no se entre cual decidirme.

Tengo una idea original y dolorosamente asombrosa para acabar con todo este dolor que siento. Solo me hace falta alguien que esté dispuesto a cooperar...

Estaría yo en un cuarto lleno de tinieblas, con la luz de tan solo una vela esta de color negro por supuesto, con un fuego ardiente que pueda sentir a distancia... estoy colgado del techo, atado de manos con dos cuerdas muy fuertes más una en el cuello la cual esta ligera. Aun así toco el suelo con mis pies. Siento la presión, las ansias de morir, quiero sentir el sufrimiento y el dolor en mi cuerpo ya. Rápidamente el verdugo se me acerca y toma de una mesa pequeños cuchillos, comienza a incrustarlos con sonrisa de placer en mi estomago, mientras mi sangre se derrama yo grito de placer y sonrió; esa sonrisa siniestra que solo muestra deseos de sufrimiento... el verdugo toma dos largas espadas de aquella mesa y suave y lentamente entierra ambas en ambos pectorales, atravesándome hasta sobresalir por mi espalda. Mi cuerpo sufre una severa hemorragia de la cual gozo mucho.

Al pasar todo esto aquel verdugo tomo una cierra y comenzó a desprenderme la piel y los músculos de las piernas, tal era el dolor que solté una carcajada, la sangre chorreaba y mis demonios comenzaban a despertar. Grite muy fuerte con voz llena de firmeza ''MUTILADME''. Este obedeció mi orden y sin pensarlo comenzó a mutilar mis brazos, lenta y dolorosamente. Luego de caer mis miembros me hizo beber la sangre que de ellos se desprendía, estaba deliciosa y sabia a vida. Al cerrar mis ojos vi a la muerte venir por mí, era hermosa, confiada y muy llena de esplendor.

Se acerco a mí y me dio su mano, ella sonrió y me dio un abrazo, mientras lo hacía, tome rápidamente una espada de las que estaban en mi pecho y por detrás de su espalda antes de que pudiera reaccionar la entere aquella espada en el cráneo haciéndole caer en el suelo y se echo a llorar mientras yo frenéticamente reía... seguido de esto el verdugo tiro de la cuerda de mi cuello haciéndome quedar colgado y asfixiado, la sangre concentrada en mi cabeza la hizo estallar, chorros de sangre y trozos de mi quedaron esparcidos en el suelo. Y aun quemándome en el infierno, luego de acabar con todos, sonreí.


Escrito por: Abdiel Salas.

lunes, 29 de abril de 2013

¿Qué pasa, corazón?

Mire el reloj una vez más. Ya se estaba haciendo muy tarde, y aun el chico que le daría tutoría de francés no llegaba. ¡Ni daba señales de humo! Por lo menos debería de tener la delicadeza de avisarme que me dejaría plantada. Todos mis libros de francés estaban esparcidos por la mesa redonda del comedor, al igual que algunas hojas sueltas, lápices, saca puntas y borradores. Y ahora todo lo que había pensado que haríamos esta noche había sido una pérdida de tiempo. Cabe mencionar que no conozco al chico, así que no podré reclamarle por esto el lunes en el instituto. 


Dos toques rápidos en la puerta me despertaron de mi ensoñación. Si era el, tendría que explicarme el porqué de su tardanza. ¡Me hizo perder tiempo! Me pare en tiempo record a abrir. 


–No puedo creer que seas tú–murmure con voz torturada. –Llegas tarde. 

–Más bien alégrate de que siquiera haya venido–susurro sonriendo de manera cómplice. Yo atine a voltear los ojos y caminar hacia el comedor nuevamente mientras él me seguía como perrito. 

Era Sebastián, el amigo de mi hermano. Y por si se preguntan, si, era lindo, pero era un chico que primero se iba al infierno antes de serle fiel a una chica, fuera quien fuera. Y como típico hombre mujeriego, les juraba bajarle la luna y las estrellas a todas, mientras que luego de algunos días las dejaba estrelladas y con el corazón hecho pedazos. Nunca me meto con tipos así. Y justo me tenía que tocar como alumno él. ¿Destino, te he fallado alguna vez? 

–Lamento llegar tarde y…

– ¿Hacerme perder tiempo? –pregunte completando su oración. El asintió con gracia.

–Pero sé que te…

– ¿Debo una explicación? –pregunte una vez más. Estaba que explotaba. Se supone que a esta hora estaríamos terminando. 

–Y quiero saber si…

– ¿Te perdono? –dije campante. El me miro con ojos entrecerrados. 

– ¿Seguirás completando mis frases de esa manera tan impertinente? –pregunto directo. Mis mejillas se encendieron, pero lo oculte volteando a cualquier lado lejos de su vista, gran logro para el Gran Sebastián. –En realidad iba a decir que si podías poner esta…cita de estudio para otro día –hizo comillas con las manos en la palabra cita. 

– ¿Sabes el tiempo que me hiciste perder, Sebastián? Tengo los exámenes finales a los cuales tengo que sacar una excelente nota como lo hago siempre y no he podido estudiar ni hoy ni ayer. El mundo no gira en torno a ti. Tengo una vida, por si lo dudabas. ¡No podemos posponerla! –dije casi histérica. El me miro como midiendo mi temperamento con su mente. –Y no es una cita.

–Los exámenes finales son en un mes y medio–susurro para sí mismo– ¿Ya te calmaste? –cuando vio que iba a empezar otra vez a hablar como loca, se apresuró a decir–Solo era una curiosidad, Chloe. Abre el libro. 

–No me des ordenes–susurre molesta, pero igual abrí el libro que teníamos enfrente. 

Duramos una hora más o menos en tratar que Sebastián leyera una canción en francés. Supongo que no soy tan mala profesora como pensaba… y Sebastián no es tan lento como aparenta siempre en clases. ¿Qué digo? Él es idiota, está en sus genes. La primera vez que fui a su casa fue desastroso. Mi hermano disfrutaba de toda la comida chatarra y del desorden de chicos ya que vive con su padre y su hermano mayor, pero yo estaba más que incomoda. Y creo que me senté encima de un jamón. 

–Ya debería irme–dijo medio sonriendo y haciendo un gesto raro con sus cejas. Se paró de la silla y se alboroto el cabello. Sí, me le quede mirando como la chica tonta y enamorada de una película romántica. ¿Qué diablos pasa? El volteo y yo aparte la mirada. Lo menos que quería era que el me viera mirando… de ese modo. 

–Sí, claro–susurre bajo la respiración cuando no estaba atontada. 

Lo acompañe hasta la puerta y él se dio vuelta hacia mí. 

–Gracias–dijo con sinceridad. Lo mire casi alarmada. 

– ¿Por qué?

–Porque ya no pareceré un imbécil el lunes–dijo sonriendo plenamente. Yo voltee los ojos una vez más. 

–Ya vete–le dije abriendo la puerta y enseñándole el camino por donde podía irse. El rió y salió. Cuando me iba a dar vuelta toco la puerta nuevamente. 

– ¿Qué quieres?–pregunte irritada. 

Sentí unos labios sobre los míos al tiempo que terminada de hablar, y abrí desmesuradamente los ojos. Sebastián estaba besándome. Si, ¡Lo estaba haciendo ahora mismo! Era un atrevido. Y un mujeriego. Esto era malo. Él no me agrada. ¡Y no quiero que me bese! Pero al parecer, eso lo dijo mi cabeza, y mis labios lo desecharon, porque le siguieron el ritmo y mis ojos se cerraron como persianas. Pase mis manos por su cuello, acariciando inconscientemente su cabello y el sonrió. 

–Vi cómo me mirabas–susurro muy cerca de mis labios, y luego solo se fue. 

– ¡Hey! –grite como pude, pero él ni se inmutó y siguió caminando relajado. El lunes sería un día movido. – ¡Te odio Sebastián! –grite con más fuerza de la necesaria. Pero ya ni se veía por la niebla. Mi corazón debería aprender a decidirse. ¿Qué es eso que siento? Hoy de ello antes… ¿Qué pasa, corazón? Antes no latías tan rápido al tenerlo cerca.
 


Escrito por Susej Luque.
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