martes, 7 de mayo de 2013

"Miles Away" Capítulo 2.

— ¡Eres un gallina, Palmer!

La voz del mejor amigo de Logan Palmer se oyó por todo el pueblo; mientras varios alumnos estaban en clase, Logan y sus amigos se habían escapado para ir a jugar un partido de fútbol; era algo que solían hacer habitualmente, aunque siempre traía sus consecuencias. Se salteaban las clases y luego íban a la última de todas, para simular estar presentes; la mayoría de las veces salían victoriosos en sus pequeñas travesuras aunque, de vez en cuando, los encontraban.

Pero Logan y sus amigos eran demasiado cabezadura como para dejar de hacer lo que hacían casi todos los viernes, cuando la semana estaba por terminar y las ganas de asistir a clase eran nulas. Su mejor amigo, Alexander Hayes, lo estaba marcando desde el equipo contrario y cuando Logan trató de evadirlo cuando poseía el balón él comenzó a gritarle; habían sido mejores amigos desde pequeños, desde que Logan había comenzado a caminar a los dos años y Alex lo empujaba para que cayera.

Eran dos polos completamente diferentes, mientras que Logan era una persona serena y apacible, Alex era impaciente y vanidoso. Pero eso no impidió que se llevaran bien desde la infancia hasta su plena adolescencia y solían ser ellos dos los que planificaban las huídas del Instituto; sus padres congeniaban a la perfección y ellos fueron el motivo por el cual se conocieron.

Los profesores del Instituto solían mostrarse anonadados cuando veían que Logan estaba involucrado en todos los asuntos de desobediencia y les sorprendía todavía más que rompiera casi todas las reglas; él estaba completamente al tanto del hecho pero no se inmutaba, en absoluto, ni siquiera le daba importancia. Pero, eran los padres de Logan los que querían un buen futuro para su hijo y se mostraban furiosos cada vez que recibían una llamada del Instituto; en un pueblo tan pequeño como Nashville, todos sabían tu vida y tú sabías la vida de todos.

Logan había vivido en Nashville desde que tenía uso de la memoria y sus padres también lo habían hecho; se habían conocido en el Instituto y se habían casado a los dieciocho años de edad. Lamentablemente el padre de Logan sufrió un accidente a los veinte que provocó que se quedara ciego; eso le cerró casi todas las puertas y tuvo que conformarse con abrir un mercado en el pueblo y tener una empresa familiar. Todos sus sueños se habían desvanecido e intentó adaptarse lo mejor posible ante su discapacidad; eso no lo detuvo para nada, ya que el mercado de Los Palmer era el más famoso del pueblo.

El aire del campo provocaba que Logan se sintiera relajado y agusto, supo desde siempre que ese era su hogar y que jamás podría vivir en otra parte; a Logan le apasionaban los caballos y tan solo la idea de vivir en un sitio donde no pudiera interactuar con ellos le ponía los pelos de punta.

Al finalizar el partido corrieron hacia el Instituto que se encontraba a unas cinco cuadras. Se secaron la transpiración con una toalla y, apenas sonó el timbre para la última hora, se sentaron en sus asientos como si hubiesen estado ahí todo el día. Logan estaba exhausto y sediento y cuando el profesor de Trigonometría entró por la puerta no se sintió para nada mejor.

Aunque le reconfortaba saber que más tarde íba a juntarse nuevamente con sus compañeros a tomar unas cervezas y comer unas pizzas, actividad que también solían hacer todo los viernes. En Nashville nada era bastante alocado y vivían en paz, sin el molesto ruido de la ciudad y con un ritmo mucho más sereno.

Cuando finalizaron las clases Logan se acercó a Bella, una de las pocas chicas que asistían a su clase.

—Bella, espera.— le dijo Logan y aceleró el paso. Ella frenó y volteó el rostro.

—¿Qué sucede, Logan?— Bella parecía algo distraída.

—¿Hicieron algo importante hoy?— Logan daba por sentado que sus padres íban a asesinarlo si se enteraban que se había salteado las clases nuevamente entonces intentó buscar un modo de ponerse al día y sabía que Bella era bastante aplicada.

—¿Por qué en vez de molestar a los demás no asistes a clase como cualquier chico normal?— Logan abrió los ojos de par en par, aquella chica jamás le había hablado de esa forma.

—Lo siento, no sabía que...

—¿Qué?— lo interrumpió ella y lo observó desafiante. Luego, sacó unas hojas de su cuaderno y se las dió. —. Toma, ahí esta la tarea y lo que hicimos hoy.

Logan asintió con la cabeza.

—Muchas gracias, enserio. — Ella lo miró nuevamente, como esperando que dijera otra cosa y Logan se sintió incómodo.—. Realmente no quería molestarte Bella, lo siento.

Bella pareció aceptar sus disculpas porque esbozó una pequeña sonrisa y se sonrojó.

—Está bien, nos vemos en el mercado.

Ella volteó y se dirigió hacia la salida mientras la incertidumbre crecía dentro de Logan, preguntándose porque rayos ella había actuado así. Luego pensó que quizás la había hartado realmente, pidiéndole lo hecho en clase todos los viernes del mes.

Logan estaba caminando hacia la salida cuando sintió el brazo de su mejor amigo rodear su cuello, mientras lo ahorcaba jugando; lucharon por unos minutos y luego se separaron, mientras se reían.

—Oye, hermano hoy nos juntamos donde siempre, ¿si? — exclamó Alex, sonriendo.—. Jake me ha dicho que le compraron un CD country que mola muchísimo, se había olvidado el nombre del cantante pero hoy vamos a escucharlo.

—Me parece perfecto, nos vemos allí. — Logan esbozó una sonrisa y continuó su camino, mientras su cabeza daba mil vueltas, preguntándose si la Directora había percatado su ausencia y había llamado a su casa; el rezaba porque no lo hubiese hecho.

Caminó unos cuantos bloques y vislumbró el tan famoso mercado de Los Palmer que, a veces, se preguntaba porque rayos lo tenían; Logan había tenido que quedarse más de una noche trabajando en vez de salir con sus amigos, había tenido que bajar la mercadería, ayudar a descargar las cajas... y eso lo irritaba bastante. Sabía que debía ayudar a sus padres pero había veces que quería irse con sus amigos y no podía hacerlo, ya que su madre siempre le repetía que era su obligación.

Cuando abrió la puerta del mercado el barullo de todas las personas que se encontraban adentro lo inundó y rezó porque se hicieran las siete rápidamente para largarse hacia lo de Jake; su padre se encontraba en la caja, él había aprendido a diferenciar cada billete y cada moneda con las manos y era el encargado de cobrar en el mercado mientras que la madre de Logan atendía los clientes con unas ocho personas más y, muchas veces, él también lo hacía.

—Estoy aquí.— vociferó Logan, por encima del gentío.

Su madre le hizo una seña con la mano y su padre le devolvió el saludo, supo que era una buena señal y que no habían recibido ninguna llamada del Instituto. Ya que no habían pedido su ayuda Logan se dirigió a su habitación y se recostó en su cama para descansar unos minutos.

Se sentía exhausto y tuvo una gran necesidad que solía tener diariamente; ir a visitar a Trueno. Trueno había sido el caballo de Logan desde que era pequeño y ahora era como parte de la familia y Logan lo apreciaba más que nadie. Descendió las escaleras traseras, las que daban a la granja y al gran jardín; el mercado constaba con tres partes, el negocio en sí, la granja (donde cultivaban, ordeñaban etc.) y la casa de Logan.

Pero los caballos estában todavía más lejos, Logan debía atraversar el jardín y la granja hasta llegar a los establos, que estaban algo escondidos detrás de toda la vegetación. Ver a Trueno lo reconfortó, de alguna manera aquel caballo lo hacía sentir perfectamente bien y no pudo evitar pensar que haría él cuando Trueno no estuviera más.

Y el caballo, café con leche, pareció leerle el pensamiento ya que dió dos pasos hacia Logan y le tendió la cabeza para que lo acariciara; sus ojos verdes hacían que Logan se sintiera en su hogar y el tiempo se pasó volando, casi ni se había percatado que eran las siete cuando miró su reloj y supo que estaba llegando tarde a casa de Jake.

Enfiló hacia su casa, sabía el camino de memoria ya que lo había hecho cientos de veces, ni siquiera debía explicarle a sus padres que se había marchado ya que daban por sentado que Logan iba a estar allí.

Cuando tocó la puerta comenzó a oír las voces de sus amigos, que se mezclaban con la música y las risas; Jake, un muchacho menudo, que medía un metro ochenta y tenía los ojos café, le abrió la puerta.

Logan se dirigió al patio, automáticamente, siempre cenaban allí. Alex y todos los demás estaban sentados en sus respectivos lugares y cuando Logan llegó todos lo saludaron emocionados.

Él tomó asiento junto a Alex y comenzó a beber una cerveza.

—¿Tú, has oído algo Logan?— le preguntó su mejor amigo y Logan se sintió completamente desorientado. Alex supo percatar su incertidumbre.— Digo, de la nueva chica...

Logan negó con la cabeza.

—¿Nueva chica?—exclamó él.—¿De qué estás hablando?

Todos lo miraron anonadados, como si fuera la abominación más grande del Universo.

—¿Hablas en serio?— lo interrumpió Jake y comenzó a reír, luego de llevarse la cerveza en la boca. —. Parece ser que vamos a tener una nueva integrante en el pueblo. — finalizó él.

A Logan no pareció sorprenderle para nada y no entendía porque sus compañeros le daban tanta importancia.

—¿Y?— farfulló él, todavía algo confundido.—Digo, no es como si nunca hayamos visto a una nueva familia mudarse o algo por el estilo.

Entonces, Alex se acercó más a él y le habló con una voz burlona.

—No estámos hablando de cualquier familia, Palmer. — Él lo observó divertido y luego desvió la mirada. —. Estámos hablando de los Nicolini.

Pero a Logan ese apellido no lo inmutó y no le provocó absolutamente nada.

—¿Los Nicolini?— Alzó la ceja y se dirigió a su mejor amigo.—¿Y esos son...?

—Logan, creo que de todas las personas que conozco en este mundo eres el más despistado de todos.— le dijo Alex.—El helado que vendes en el mercado, ¿de qué marca es?

Logan tuvo que pensarlo más de una vez y no encontró la respuesta, ni siquiera después de unos segundos.

—Nahiri, Nachimi, Ne...

—¡Nicolini! — exclamó Alex y todos comenzaron a reír, Logan no pudo evitar que se le escapara una pequeña sonrisa.

—¿¡Hablas en serio!? Estaba seguro que era Negrini. — admitió, con una voz burlona.

—Dicen que la industria ha estado decayendo, según mis padres creen que han hecho una mala inversión o algo por el estilo.— les dijo Jake, que estaba llegando con dos pizzas en las manos.

—¿Y eso que tiene que ver con que se muden a Nashville?— preguntó Logan, ya que no podía encontrar la conexión entre los dos acontecimientos.

—Quiere decir que seguramente están buscando alguna forma de arreglar todo ese lío— continuó Jake.—, y esa "forma" se encuentra aquí. En Nashville.

Logan no supo entender que era lo que buscaba aquella familia, mudándose a un pequeño pueblo rural como lo era Nashville y predijo, de cierta forma, que eso no íba a durar mucho tiempo.

—¿Y qué de la nueva chica?— Logan sintió una inmensa curiosidad.

Alex lo miró divertido.

—A que todos estámos interesados por saber más de la nueva chica, eh. Lo único que sé es que tiene nuestra misma edad y asistirá al mismo curso que nosotros en el Instituto. — Logan le dió un mordisco a su pizza pero, en ese mismo momento, notó como Alex observaba a sus amigos con una sonrisa algo descarada.

—¿Qué sucede?— quiso saber él, mientras sus amigos intercambiaban miradas extrañas; sabía que le estaban ocultando algo. —. ¿Alex?

—¿Le doy la noticia?— masculló él, completamente divertido por la situación. Sus amigos lo alentaron y fue cuando se volteó para observarlo a la cara.— ¿Te digo la mejor parte?

—Hazlo de una vez.

—Adivina a donde van a vivir...

No entendía porque pero Logan no pudo imaginarlo.

—¿Dónde? Deja de dar tantas vueltas.

—¿Tienes presente la casa junto al mercado, verdad? ¿La que hace diez años que está en venta y nadie se ha dignado a comprarla?— Entonces, a Logan le cayó la ficha luego de tanto tiempo.—. Tienes nuevos vecinos, Palmer.

lunes, 6 de mayo de 2013

"Pecadores del destino" Prólogo.


Noviembre, 1946.

¡Corre!

Gritaba mi subconsciente o, como yo preferiría llamarlo en éstos momentos, instinto de supervivencia.

Estábamos en otoño, las hojas secas provenientes de los grandes árboles que caracterizaban aquel bosque se encontraban arrojadas en el suelo perezosamente. Podía sentir que, cada vez que echaba a correr, éstas se deshacían bajo mis pies y, realmente, detestaba el sonido que emitían.

Por un corto lapso de tiempo centré mi atención en mis piernas ya sucias y desgastadas debido al agotamiento. Veía cómo cada músculo se contraía con dificultad mientras avanzaba con rapidez. Hasta podría decir que las oía gritar implorando para que me detuviera y les diera un respiro, tiempo para descansar.

“Tiempo” dije en mi fuero interno. Eso era lo que más necesitaba pero lo que menos poseía.

La luz solar causaba leves punzadas de dolor en mis ojos haciéndome perder la nitidez de la visión unos cuantos segundos. Mientras recuperaba la compostura pude oír los desbocados latidos de mi corazón. El sudor que se concentraba en mi coronilla era abrazador. Molesto.

Eché un vistazo veloz a mis espaldas, esperando obtener señales de aquellos hombres armados persiguiéndome para matarme por haber huido ya que, después de todo, era uno de sus tantos instrumentos. Pero no encontré nada.

La velocidad fue cesando mediante me daba cuenta que no corría peligro. ¿Se habían dado por vencidos? ¿Tan pronto? 

Deposité mi cuerpo en el suelo con considerable lentitud. Miré mis ropas. Estaban rotas y manchadas de sangre… que no me era mía. Dolorosas imágenes cruzaron mi mente, los gritos hicieron ruido en mi cabeza. Cerré los ojos con fuerza mientras trataba de dispersar ésos recuerdos.

Junté mis manos y situé mi cabeza en el hueco que éstas me proporcionaron. Fue ahí cuando sentí aquel incontrolable ardor en el pecho, pero inmediatamente pasó a mi nuca y, por fin, se alojó en mis orejas; en donde realmente lo necesitaba…

«Aléjate de ella —dijo una voz aterciopelada—. Es extraña. Siempre está sola y no le agrada que le hablen. La mayoría del tiempo tiene la mirada ausente… ¿Acaso no te parece eso escalofriante?»

Ésas palabras estuvieron rondando en mi mente más tiempo del que deberían. No lograba entender su significado y, además, ¿qué tenían que ver conmigo? ¿Acaso era un aviso? ¿Un mal presagio? O, tal vez, sólo tal vez, sería una señal que mi vida y la de ésa persona estaban a punto de cruzarse…



Hola gente, bueno, es la primera historia que escribo, sé que ésto no les dirá nada interesante, pero les prometo que el resto de la trama sí. Espero que me apoyen, no estoy seguira de seguir o no. Por favor, denme sus opiniones siempre y cuando sean constructivas, las sabré apreciar. Gracias. Besos.
Escrita por: Frakviana Yamarte.

domingo, 5 de mayo de 2013

"Rumor has it..." Capítulo III.


Me miré otra vez frente al espejo, observando mi ropa. Jessica, me había dicho que usar hoy. Por lo que vi como los ajustados jeans blancos se ceñian a mi cuerpo y la no tan holgada camisa de lana roja, unas sandalias doradas y un bolso a juego, que ella había sacado de su armario. Observe mi cabello, que caía en picada, salvaje, y...¿se veía bien?. No sabía maquillarme, por lo que ni siquiera hice el intento. Muy bien, era hora. 

Al entrar a la cocina, me senté sin dudar frente a Shellby, que no levanto la mirada, pero cuando lo hizo su expresión, causo cierta satisfacción en mi interior. Su boca estaba abierta y sus ojos estudiaban mi ropa, como si fuera algo del otro mundo. 

-Oh por Dios, Ainhoa...-comenzó a decir. Sonreí, me bebí de un sólo trago mi vaso de jugo de naranja y me fui de allí, ella le iría con el chisme a mi padre, así que no hacía falta quedarme por más tiempo. Escuche las voces de unos chicos que venían detrás de mi, y luego alguien tomo mi muñeca y hizo girar, y allí estaba Chris, sonriendo con su blanca dentadura, se acerco muy rápido y depositó un beso en mi mejilla, ¿Qué demonios? lo observé extrañada mientras fruncía el ceño. 

-Una semana, comportándote como mi hermana, así saluda ella, nada de cosas de chicos-dijo con una sonrisa juguetona. Si hubiera sabido esto, no habría aceptado. Gruñí por lo bajo y seguí caminando a su lado. ¿Comportarme como una chica? Eso incluía saludarlo besando su mejilla, abrazarlo e incluso permitir que me defendiera si era lo que él quería, yo no podría pelear, ni siquiera jugar junto a mis amigos. Maldición, ¿en qué demonios me metí?. Observé a mi mejor amigo, que tenía esa sonrisa encantadora que tanto odiaba, esas que esbozaba cuando quería conseguir algo y como no era de extrañarse, todos quedaban convencidos de lo que decía el chico estrella. Fruncí el ceño al ver como los chicos nos veían llegar, no se habían dado cuenta que se trataba solo de mi, no de otra chica, ¿tanto era el cambio?. Cuando llegamos hasta donde estaban ellos comenzaron a murmurar. 

-Oh maldita sea, cállate Thomas-dije al ver a mi robusto amigo murmurarle algo a Christian, me miro atónito. Sus oscuros ojos se abrieron de par en par y cruzó los brazos sobre su pecho. 

-Nhoa...¿en serio, eres tú?-preguntó Vince, era más alto que Chris como por 15 centímetros y eso era mucho. Sus ojos café me observaron.

-No, es un holograma-respondí seca. Levantó su mano derecha y desordenó mi cabello mientras sonreía, solo pude gruñir y apartar su brazo de un manotón.

-Ya dejenla-dijo Chris y posó su brazo, protectoramente, sobre mis hombros. Lo sacudí. No me sentía cómoda, me parecía que todos me estaban dejando de decir algo-. No lo olvides, nada de peleas-Me guiño el ojo y se alejo trotando por el pasillo.

Genial, este día iba a ser muy largo. Ignore como murmuraban mientras caminaba por el pasillo, en dirección a mi clase. 



No sabía si estaba feliz ó decepcionada, a pesar de que había cambiado, seguían hablando de mí, cosa que me molestaba muchisimo. Pero no podía evitar sentir satisfacción, al ver los rostros perplejos, demostrarle al resto que yo podía ser como quería. Continúe mi camino a la cafeteria, dejando atrás cualquier pensamiento negativo, no necesitaba que alguien se diera cuenta. 

-Así que es cierto-esa chillona y asquerosa voz. Me giré sobre mis talones, encarando a Tiffany Hamilton, la prototipo de barbie de mi escuela. Cabello rubio, desteñido por su puesto, ojos verdes, de un color vomito. Ah y no olvidemos su esqueletica figura, que dejo de ser esbelta una par de años atrás-. La oruga se convirtió en una mariposa-dijo con una sonrisa maliciosa entre sus labios. Maldit sea, podría agarrar su cabello y limpiar la escuela entera con ella. Sí, podría, pero no lo haría. No podía. La fulmine con la mirada, maldita plástica- ¿Qué? ¿No tienes nada que decir, marimacho?-escupió la último palabra con tanto odio, que estuve a punto de lanzarme sobre ella.

-Cierra la boca, Hamilton. Antes de que...-me callé ante la amenaza. ¿quué podría hacerle? Por un demonio, la golpearía, Chris no se iba a enterar. Avancé hacía ella, con toda la intención de arrancarle su preciada cabellera desteñida, pero choque con un fuerte pecho, que me hizo desestabilizarme e irme de espalda, unos brazos me rodearon antes de caer de culo, contra el suelo. Observé molesta a Chris, que intentaba hacerme callar mientras mis insultos iban de él a Tiffany. Maldito traidor, esta me las iba a pagar-. Suéltame de una maldita vez, Christian-dije antes de fulminarlo con la mirada. Sus brazos se aflojaron y me liberó de su agarre. Pasé las manos por mi cabello, intentando tranquilizarme. Intento fallido. Chris se quedó viendo de brazos cruzados. 

-Cumple con la apuesta, sólo eso debes hacer-me dijo irritado. 

-Estoy harta de tu maldita apuesta-dije exasperada, ya me estaba terminando de arrepentir.

-Y sólo es el día 1, te queda toda una semana por delante-dijo con un brillo malicioso en su mirada. Golpeé su pecho con mi puño cerrado, se dobló un poco y dejo escapar un gemido. Atrapo mi muñeca con una de sus manos y me acercó a él, para susurrarme algo en el oído- Deberías dejar de hacer eso. Hay un chico, al otro lado del corredor, que cree que eres la chica más linda que jamás haya existido-el calor inundó mis mejillas, ¿en serio, le parecía linda a alguien? ¿Cómo demonios Chris sabía eso?

-Cállate-le dije, intentando ocultar la vergüenza. El sonrió triunfante, como si hubiera demostrado su punto. Intente ver por encima del hombro de mi amigo, sin que se diera cuenta, pero no había nadie. ¿Era en serio lo que había dicho, ó sólo me había engañado para que la rabia abandonara mi cuerpo? Por supuerto que era eso, ¿qué chico con escrúpulos se fijaría en una marimacho?. Suspiré, Día 1, sólo quedan 6.

Sorteo "Claudia"

Es un sorteo internacional. Termina el 23 de Mayo. Este es el libro que están sorteando: 

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Él.

Este es el periodo de tiempo más largo que he estado enojada con él. Todo es tan confuso. Un día reíamos, me abrazaba por detrás y me susurraba lo importante que era para él, y al día siguiente… todo se acabo. ¿Qué paso? Quizás fue mi sentido de pertenencia que arruino todo. La palabra compartir, cuando se trataba de él, era incomprensible para mí. 



Escrito por: Susej Luque.

"ROUGE" Capítulo 1.

Capítulo 1. Parte 1.

Este capítulo está dedicado a mi mejor amiga, Martina Scápola. Quiero agradecerle por ayudarme a hacer que esta novela sea posible, escuchándome con todas mis retorcidas ideas, ¡Gracias!. Aquí va el capítulo, espero que lo disfruten.



– Suéltame – le dije, desviando la mirada. No quería mirarlo, lo tenía tan cerca. Su brazo izquierdo apoyado sobre la pared inclinaba su cuerpo a una alarmante cercanía del mio manteniéndome capturada, ya había desistido de intentar escapar.


– ¿Por qué me odias? – su voz me produjo un escalofrío, tan grave y ronca. Hablaba despacio, tranquilo, como si pudiera esperar mi respuesta durante toda la eternidad.


Su pregunta me había descolocado, abrí los ojos como platos, y una furia intensa me recorrió por todo el cuerpo. ¿Qué por qué lo odiaba? ¿Cómo no odiarlo? Con aquella postura tan arrogante, sus ropas de ‘niño elegante’, su pelo castaño siempre desordenado. Esos ojos verdes profundos e impresionantes. Una sonrisa capaz de dejarte sin aire. Y una espantosa personalidad. Toda esa hermosa imagen de hombre perfecto quedaba totalmente destrozada cuando abría esa tentadora boca. Si tan sólo no fuera tan imbécil… pero no… así era él, y con toda su belleza aun así lo detestaba.


– Tengo que ir a clase – intenté excusarme, me revolví en mi lugar, buscando otra forma de zafarme pero en seguida consiguió poner su otro brazo a la altura de mi mejilla contra la pared conformando así mi celda.


– No te preocupes, no te enseñarán nada que tu ya no sepas. – Sonreí levemente, tenía razón, sin embargo preferiría soportar la pesada clase de historia antes de aquella situación – A demás, dudo que realmente quieras estar allí.


– Por supuesto que no, pero tampoco es mejor estar aquí contigo. – clavé mis ojos en los suyos. Él fingió haberse ofendido.


– Mmm… no estoy muy seguro de eso… – su sonrisa resplandeció – Piénsalo, cualquier chica desearía estar en tu lugar en este… – acercó su rostro al mío – preciso momento.


Inevitablemente mi vista se desvió a sus labios, él se los relamió, y me regaló una media sonrisa. Yo también sonreí, posé una de mis manos detrás de su cuello. Él jadeó, sorprendido.


– Mmm… tienes razón… pero puedo apostarte a que millones de chicos no quisieran de estar en tu lugar ahora… – palabra a palabra iba acercándome hacia su boca disfrutando que él no pudiera aparta la vista de la mía. 


– ¿Por qué? – preguntó con una sonrisa de satisfacción, rodeando con sus brazos mi cintura.


Yo sonreí victoriosa. – Por esto. 


Salí por la puerta del aula regodeándome de haberlo dejado tendido en el suelo, luego de dedicarle un rodillazo en la entrepierna, suplicando por no quedar estéril. Yo no podía contener las carcajadas mientras me encaminaba a mi siguiente clase, dejándolo atrás.


– ¡Rouge! – oí a alguien gritar mi nombre cuando estaba a punto de girar la manija de la puerta de la clase del señor Vega. Revoleé los ojos y me volteé...

sábado, 4 de mayo de 2013

"Miles Away" Capítulo 1.


Gabby sonrió. Hacía tiempo que no se sentía tan feliz en toda su vida, la muerte de su madre la había afectado más de lo que jamás hubiese imaginado y haber ganado el campeonato de hockey, de cierta forma, la reconfortó. El gimnasio del Instituto estaba repleto de estudiantes, extasiados por la reciente victoria al igual que la mayoría de los profesores y directivos. Cada año celebraban la misma fiesta y para Gabby todas tenían algo en particular, algo distinto; hacía tres años habían decidido traer a una banda de pop, The Shafters, muy conocida en el estado de Washington D.C, luego habían pisado también el suelo del gimnasio varios acróbatas y gimnastas; ¿Y qué decir de los niños del orfanato N°5 a los qué los habían invitado a pasar la velada con ellos?

Pero, este año para Gabby superó todas sus expectativas. No solo se sentía feliz ante el hecho que ella había llevado a su equipo a la victoria si no que también estaba acompañada por su hermana Colbie, su padre Filippo y su novio Blake; no olvidemos mencionar a Spencer, su mejor amiga.

El gimnasio estaba decorado con muchos detalles, desde las cortinas azul marino hasta los centros de mesas que eran una pequeña estatuilla con un palo de hockey. La vibra positiva del lugar hacía que todos los presentes se sintieran agusto y Gabby disfrutó ser elogiada y felicitada, le encantaba ser el centro de atención.

Ella llevaba puesto un vestido blanco y unos zapatos rojos, que representaban el color de su equipo y su mejor amiga Spencer, en cambio, había optado por usar uno de color verde. Eran como hermanas gemelas, las dos inseparables.

Blake era la clase de chico que Gabby siempre había soñado, era apuesto, divertido y el mariscal de campo; ¿qué más podía pedir? Y la había elegido a ella, dentro de todas las bellas chicas del Instituto, él la había elegido a ella y no solo por ser la más bonita si no porque realmente la quería. Y Gabby lo amaba también.

Mientras bailaban al ritmo de la música ella no pudo evitar pensar lo afortunada que era, podía ser caprichosa y muy consentida pero ella se merecía todo lo que tenía y lo tenía bien claro.

Blake la besó en los labios.

—Felicitaciones, Capitana.—susurró él, cerca de su oído.

Ella enredó sus brazos alrededor de su cuello y continuaron con el baile; no se sentía incómoda porque su padre se encontraba allí ya que él aceptaba a Blake, es más, lo adoraba y era el jóven que siempre había deseado para su pequeña.

El padre de Gabby era descendiente de italianos y no solo te dabas cuenta por el nombre y el apellido, también por el aspecto y la personalidad; era dueño de una gran empresa dedicada a la venta de helados y era un dedicado trabajador. Había quedado viudo hacía seis meses, Gabby podía oírlo a veces por las noches cuando lloraba y no podía evitar hacerlo ella también, le partía el corazón ver a su padre de esa forma. La madre de Gabby se llamaba Jane, sus padres se habían conocido cuando tenían diecisiete años en un viaje a California y se habían enamorado perdidamente.

Tenía tantas historias para recordar pero no podía concentrarse mientras Blake la besaba, mientras la observaba a los ojos de esa manera: su cabello era del mismo tinte que el de Gabby, marrón oscuro y tenía los ojos verdes, al igual que ella. Parecían estar hechos el uno para el otro.

—¿Me permites?—El padre de Gabby tomó su mano y Blake se marchó sonriendo.

Continuaron bailando.

—¿Va todo bien?—le preguntó Gabby, al notar el semblante algo nervioso de su padre. Él hizo una sonrisa falsa.

—Claro, todo está perfecto.

Gabby había sentido el vacío en aquellas palabras y sintió un malestar en el estómago, como un mal presagio. Borró ese sentimiento de su mente y continuó bailando junto a su padre mientras observaba a Blake que jugaba con la pequeña Colbie.

Colbie su hermana, de tan solo ocho años, era una niña muy inteligente y divertida, siempre llevaba dos colitas que recogían el cabello rubio oro que tenía y que hacían resaltar sus ojos color cielo. Siempre se preguntaban porque Colbie tenía ese aspecto, Gabby era más mediterránea, llevaba el cabello marrón lacio por arriba de la cintura, tenía los ojos verdes al igual que su padre y el típico rostro europeo; angulado, nariz pequeña y ojos medianos. Pero Colbie era diferente, la madre de Gabby solía decir que se parecía a su bisabuela que era polaca.

La velada transcurrió rápidamente y, antes de marcharse, el equipo se juntó en el vestuario. Gabby sabía que había llegado el momento de hablar y comenzó a sentir los nervios a flor de piel.

Eran exactamente catorce chicas y la entrenadora que no podía estar más orgullosa de todo lo que había logrado aquel año. Gabby pidió silencio más de una vez y cuando finalmente lo hicieron sintió como las manos le temblaban.

—Vamos, habla. - le murmuró Spencer.

Ella sacudió la cabeza.

—Bueno creo que todas estamos conscientes de lo que hemos logrado este año, continuamos con la tradición de este Instituto y me enorgullece decir que jugamos limpio y justo. — Gabby se aclaró la garganta. — Sabía desde el principio que íbamos a ganar porque somos las mejores, ¿no es así? — Vociferó ella y todo el equipo comenzó a aplaudir. — Me enorgullece haber sido la capitana este año y, a pesar de que todavía quedan dos meses, siento como el tiempo vuela y sé que en cualquier momento voy a cruzar esa puerta y nada va a volver a ser como antes. Por lo menos a lo que es ahora. — Todas le dedicaron una sonrisa de consuelo. — Gracias por este año tan sensacional, por haberme elegido a mi como su capitana, por haber llegado tan lejos, por el esfuerzo en equipo y más que nada porque logramos lo que quisimos desde el comienzo; ganar.

Todas se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir, mientras gritaban y cantaban; finalmente todas se abrazaron y a más de una se le escapó una que otra lágrima. La entrenadora le agradeció a Gabby por todo lo que había sacrificado y le confesó que ansiaba que ella se quedara más años en el Instituto porque había sido una de las mejores capitanas con las que había trabajado. Ella no pudo evitar sentirse conmovida.

Cuando salieron del vestuario Blake la estaba
esperando, con una inmensa sonrisa en el rostro.

Tomó su mano y comenzaron a caminar.

—¿Qué tal estuvo?—le preguntó él.

—Increíble, no quiero que termine.— le confesó Gabby con una extraña agonía en su voz. —. Todo pasó tan rápido.

—Lo sé, ¿te gustaría acompañarme a un lado?— Blake aminoró el paso y le dió un suave beso en los labios.—Quiero mostrarte algo.

Gabby no vaciló; habló con su padre y le prometió volver a casa antes de la una de la mañana, él en cambio si vaciló unos segundos pero le permitió marcharse con su novio. Blake había ido a buscar su coche y ella estaba esperando sola en la puerta de entrada cuando Spencer se acercó.

—¿Te vas con Blake?— le preguntó su mejor amiga con una sonrisa risueña.

—Sí, vamos a dar un paseo.— le contestó Gabby y ella soltó una risita.

—Bueno, seguramente la van a pasar mejor que yo de eso no cabe duda.— bramó Spencer, algo molesta.—¿A quién se le ocurre organizar una fiesta en mi casa con mi familia? Solo a mi madre.— Bufó, furiosa.—. No quiero escuchar a la tía Maggie quejarse de los precios del supermercado y que el abuelo Ben nos cuente las historias de cuando iba a la secundaria.

Gabby carcajeó ante la repentina furia de su mejor amiga. Sonó el cláxon; era Blake.

—Bueno, tengo que irme.—le dió un beso en la mejilla y la saludó con la mano mientras se subía al coche.—¡Que te la pases de maravilla!—la molestó Gabby sabiendo que Spencer no podía desobedecer a su madre y escaparse.

En realidad nadie de su Instituto hacía esas cosas: la mayoría tenían padres estrictos, que si hacía falta te espíaban para ver con quien te juntabas o revisaban tus mensajes de texto. Tenían padres sobreprotectores que no querían que se juntaran con la "escoria", como solían decir ellos.

Blake manejó por más de diez minutos y no había dicho una sola palabra; Gabby se dedicó a observar por el sendero empinado por el cual estaban ascendiendo y bajó la ventanilla, sintiendo como el aire fresco se filtraba por su piel y provocaba que sus cabellos volaran. Estacionaron y Blake le abrió la puerta del acompañante.

—¿Dónde estámos?—preguntó Gabby, algo desorientada. Estában en el medio del bosque.

Él sonrió.

—¿Tienes miedo?

—No.

Entonces Blake emprendió camino por entre medio de los árboles y Gabby intentó seguirle el ritmo pero le costaba, a causa de los tacones altos que se había puesto; a veces deseaba ser menos superficial y ser capaz de ponerse unos vaqueros y una sudadera y no maquillarse. Pero luego recordaba en la sociedad que estaba viviendo y sabía que no podía ser posible.

Cuando Blake frenó ella notó que se encontraban en la punta de un desfiladero en donde podían ver a la perfección la ciudad de Washington D.C y contemplar las estrellas que adornaban la noche. Era un lugar sumamente romántico.

—Es hermoso.—suspiró Gabby y al contemplar el cielo recordó a su madre.

—¿Te gusta?—Blake le rodeó la cintura con los brazos.—. Quería dártelo como regalo.

—Me encanta, enserio, muchas gracias.—Ella le dedicó una tierna sonrisa.

—Será nuestro lugar especial, ¿te parece?

—Claro.

Los dos se recostaron en la hierba verde, tomados de la mano mientras observaban los pequeños destellos de luz que iluminaba el cielo nocturno y cuando Blake se acercó para besarle el cuello ella se estremeció.

—Mi madre solía decirme que ella siempre escogía un lugar especial cuando se mudaba de hogar en el cual reflexionaba, pintaba etc. Debía de ser silencioso, tener una vista privilegiada y si alguna vez llevaba a alguien allí ese alguien tenía que ser muy importante, alguien que no contara donde estaba su pequeño lugar especial.— Gabby se volteó y abrazó a Blake.— Siento que ahora éste será mi pequeño lugar especial y me alegro que hayas sido tú el que me lo haya enseñado.

—Yo también me alegro, Gabby.— murmuró Blake sobre su oído.—Te quiero.

Y las palabras de Gabby salieron involuntariamente, jamás hubiese imaginado que las iba a pronunciar con tanta naturalidad.

—Yo te amo.

Y desde ese momento Blake se había mostrado algo diferente, desde que había propuesto volver a las doce porque no quería que el padre de Gabby se enfadara, hasta que la saludó con un beso en la mejilla. ¿Realmente había arruinado todo?

Antes de acostarse Gabby reflexionó más de media hora, dándole vueltas al tema; ¿Blake no la amaba? ¿Por qué se había mostrado tan incómodo cuando ella había pronunciado esas palabras? ¿Por qué no le había contestado? Gabby se sentía frustrada y desconsolada a la vez y no la ayudó cuando su padre tocó la puerta de su habitación.

—Pasa.— pronunció Gabby con un hilo de voz y se colocó una bata para que su padre no la viera en su pijama.

—¿Qué tal la pasaron?—El padre de Gabby jamás se mostraba curioso ante estos temas, siempre solía hablarle de política y trabajo y ella se vió sorprendida.

—Estuvo...bien.— soltó con un suspiro y si se había mostrado afligída su padre ni siquiera lo notó. Claro que no.

—Tenemos que hablar, pequeña.—La amargura en su voz provocó que Gabby se sintiera curiosa y a la vez nerviosa porque aquellas palabras habían tenido el mismo efecto en ella que las que su padre había pronunciado en la cena.

—¿Qué sucede?—se animó a preguntar ella mientras movía los pies inquieta.

—Gabby se que esto no va ser fácil para ti, es más, no será fácil para ninguno de nosotros pero debemos hacerlo, por el bien de ésta familia.—Gabby estaba anonadada.—La industria ha tenido una caída en picada y nos hemos quedado sin nada, uno de mis socios ha arruinado todo lo que habíamos construído y nosotros ni siquiera estábamos al tanto. Esta mañana he recibido la noticia y solo hay una manera de salvar todo el trabajo que hemos hecho y que tanto fruto nos ha dado pero eso implica un gran sacrificio de mi parte. Por parte de todos nosotros.

Gabby nunca se había sentido más desanimada en toda su vida y el tema con Blake pasó a ser minúsculo ante este gran lío.

—Papá, ¿qué tenemos que hacer?

Él tragó saliva y la observó por unos segundos.

—Debemos mudarnos a Nashville, Tennessee.

Y Gabby sintió como si le hubiesen clavado un puñal en la espalda.
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