domingo, 12 de mayo de 2013

Lo quiero todo de nuevo.


Pensé que te había olvidado, ¿vale? Y no fue hasta el día que hoy en que me di cuenta de que cada vez te extraño más que el carajo. Que cada vez sufro más con los recuerdos que me atormentan de nosotros, de tus abrazos, de tus besos, de ti. Lo quiero todo de nuevo. ¿Sera eso posible? ¿Seré tan masoquista? Cada vez que veo la lluvia caer, te recuerdo claramente. Ese día que pase contigo fue el mejor, ambos mojados y felices, tú abrazándome para que se me quitara el frio y besabas mi frente prometiéndome cosas. Ese tipo de felicidad nunca tuvo que irse. No debí dejarla huir. No debí dejarte a ti. Y no puedo decirte nada de esto, porque soy orgullosa. Porque no sé en que estaba pensando al dejar que te fueras, tú estabas tan empeñado en que te quisiera un poquito, que te quisiera bonito, y yo simplemente me negué. ¿Qué si te quise? Más que a mi vida. Pero sé que no te lo demostré, y eso es lo que valía para ti. Me duele pensar que fue mi culpa, pero me duele más que no hayas intentado quedarte a mi lado, pasara lo que pasara, como me prometiste. Me dejaste a la deriva, pensando en ti y en todo lo que pudimos ser. ©

Escrito por: Susej Luque.

sábado, 11 de mayo de 2013

Tú no existes.

Recomendación: Cuando lea esto ponga la canción A drop in the ocean- Ron Pope.
Por alguna razón, siento que él es especial. Siento que él es lo que siempre busque y sin querer lo encontré. Él no sabe lo importante que es para mí, él ni se imagina que tanto siento por él. ¿Y, sabes? No quiero decírselo nunca. Es como un amor platónico, le miro, le quiero sin esperar que me corresponda, pienso él t
odo el tiempo, tal vez piensen que es un amor triste, y puede que con el tiempo lo sea, pero ahora, ahora es un sentimiento muy especial que me gusta sentir.

Elizabeth Damián 


Tú no existes.

No, no vengo a escribirte toda la historia, solo vengo a enseñarte mi cuaderno, lo guardé, pensé que te sería útil cuando crecieras, cuando me dijeras: Leah, me enamoré. Sé que me adelantó, pero cuando me digas eso seguramente saltaré a ti, te abrazaré y te diré: Ya estás lista para leer mi cuaderno. Seguramente reiré al recordar que hice lo que en este momento te estoy escribiendo, aún eres pequeña, juegas con barbies y abrazas al oso “cadiñoso” aún vas y corres con mamá para que te arrulle, aún no sabes pronunciar bien la “erre”. Quizás las hojas ya estén amarillas puesto que yo tengo 19 años y tú apenas 2 añitos. 

Me das tanta ternura, que me da miedo que alguien te lastime, que te pueda llegar a herir. No sé bien qué o por qué escribo esto, pero sin una explicación estoy haciéndolo. 

No te contaré mi historia, pero sí lo que sentí.

Fue algo totalmente mágico casi sin explicación, sus deslumbrantes ojos cafés hicieron que me quedará atónita. No era un chico sumamente atractivo, pero te puedo decir que era como un ángel. Noble e inocente. Su piel morena y su rostro varonil. Su voz gruesa y su mirada firme. Su presencia me hacía temblar y que mi rostro ardiera de pena al verlo pasar, sudaba mi frente y mis manos, él era el culpable. No sé cómo diablos hizo que yo me enamorará de él, yo solo estaba concentrada en estudiar, cuando tengas mi edad y compruebes cómo son pá y má verás que será cierto lo que te digo. Mi nombre se veía increíblemente hermoso cuando él lo pronunciaba Leah…Le- ah…l-e-a-h todavía siento un circo de mariposas al recordar lo hermoso que se veía, su perfume en las mañanas, una droga que me provocaba una seria adicción, era muy inteligente, su mayor sueño era ser doctor. Al ver su nombre en algún lado mi corazón palpitaba tan fuerte que al grado que llegué a pensar se me salía el corazón. En ese momento odiaba pero al mismo tiempo amaba al destino, me ponían con él en todo momento, trabajos, juntas, pláticas, reuniones, bailes, blah. Nos dimos besos inocentes, bajo la lluvia y corríamos como unos niños al jugar en charcos. Nos amábamos.

Me sentía tan nerviosa, pequeña, tan pero tan nerviosa que mis pies bailaban solos, al igual que mis manos. A sí pasaron cinco años, de uno de los amores más puros, lindos y sinceros que jamás existirán. Nuestro ritmo de vida nos separó, ya entrabamos a la universidad, todo sería totalmente diferente. En varias ocasiones nos volvimos a ver, pero ninguno de los dos se atrevía a hablar. 

Un día lo volví a ver con chica, atractiva hasta los pies, no estaban en una situación cómoda para mí, por la forma y la agresividad salvaje como la tomaba, la besaba y la acariciaba decía claramente que no era amor, apostaría en decir que ni siquiera él sabía cómo se llamaba aquella chica pelirroja. Rompí mi vaso de la fuerza provocada por el coraje que me abundaba acompañado por tristeza. Todas las miradas me captaron, salí corriendo y aguantando un poco mis lágrimas, me puse roja, caminaba sin rumbo fijo, bajo la lluvia que me acompañaba.

-Leah ¡DETENTE POR FAVOR!- gritó aquella gruesa y varonil voz.

Decidí ignorarlo y apresuré un poco más el paso, cuando mi brazo fue jalado por la fuerza, me detuve abruptamente.

-Déjame Joseph- 

-No quiero que digas nada, solo necesito que me escuches unos minutos Leah.-

-Dime lo que tengas que decir, que no tengo tu tiempo.-

-Perdona si hago esto, lo estoy haciendo demasiado tarde, nunca tuve el suficiente coraje de decirte cuanto te amo, tenía miedo, y sé que no soy lo suficiente para ti, tu eres todo lo que puedo llegar a anhelar, te amo. No sé si esto está bien o está mal pero te amo y quisiera decir todos los te amo que debí haberte dicho todo este perdido tiempo, te perdí por mi absurda cobardía, e hice esta carta para que te des cuenta de lo mucho que te amo, porque te amo, te amo y te amo Leah. Hubiera querido hincarme ante ti, sacarte un anillo de compromiso y pedir que me esperaras hasta que tuviéramos un plan de vida juntos, el día de nuestra boda bailar como en esas reuniones, la noche de bodas hacerte el amor, con tanto cariño y amor, que no podría hacerte más feliz. Te hubiera correteado por todo el jardín haciéndote cosquillas, seríamos un par de niños. Lo único que puedo darte- se corto su voz empezando a llorar- lo único que puedo darte es esta carta- Me besó en la frente y posteriormente bajo su boca al tamaño de la mía y nos besamos, creando un nuevo mundo- y este beso de despedida, bajo la lluvia que te acompañará a casa.-

Me quedé atónica viendo a ese hombre que yo tanto amaba, hasta sus más pequeños errores, correr bajo la oscuridad, nunca supe más de él, no sé si murió o no existía, era como si él no existiera.

Quizás mi cuaderno continué, con todos los escritos que te he puesto y al final esta historia, me preguntarás por qué no me pusiste primero la historia y después los escritos, pero te diré solamente quería mantenerte al filo de mis sentimientos. A lo mejor él y yo nos volveremos a cruzar, el destino nos separa, pero a quienes en verdad deben estar juntos, siempre los volverá a unir.

Cuando lo termines de leer, te regalaré un cuaderno y te diré: Ahora escribe tu significado de amor.

Tal vez sea más grande de lo que yo sentí. 

No sé si esto tenga continuación y tenga que remediar mi frase: Tú no existes.

Escrito por: Gabriella Ceballos.

Please stay.



Allí estaba ella, la más linda de todo el colegio, mi compañera. Ella siempre estaba con chicos rudos, lindos, yo… no estaba a su altura.

“Que linda que estás, sos un caramelo, te veo en el recreo y me vuelvo loco. Todas las cosas que me gustan tienen tu cara. Y siempre espero los asaltos, así juego a la botellita con vos. Mi bomboncito, que excitante que estás, tendrías que saberlo! Esa cola es la manzana más buscada y esos senos…el alimento de mi creación. Quisiera arrancarte un día y morirme en un telo con vos o quizás en un auto”

Mi carta no era como las que ellas solía recibir, románticas, amorosas, tiernas. En esas pocas palabras había escrito lo que sentía, me encantaría que ella fuera mía, casarnos, hacerle el amor, sentirme enamorado no era lo mejor. Estaba en el último año de la secundaria, ya había cumplido 18 años y aún era un inmaduro para ella.


+5 años

Aún seguía enamorado de ella. Habían pasado cinco años, ella había asumido las cosas, para ella era un simple gustar, y era mucho más que todo eso. Pero ya hacía tiempo que estoy buscando mi verdadero yo, no me sentía vivo si no estaba con ella. Hay una especie de simbiosis, lo dijo mi psicóloga, que haría bien a la terapia alejarme un tiempo, unos setenta años. ¿Sería eso lo correcto? Esta bien que no nos veíamos, yo la perseguía a ella. Mi psicóloga había definido a eso como obsesión amorosa. ¿Qué era eso? Yo solo estaba enamorado y a la vez ofendido porque ella nunca me amo como yo la amo a ella. ¿Esta eso bien? Ella me ha roto el corazón tantas veces que estoy cansado de tratar de resolver mi conflicto. 
Como me encantaría sentarme en ese café, que ella va con sus amigas, y ponerme a conversar. Me lo imagino.

- ¿Cómo estas querida? –diría con mi mejor sonrisa. Ella probablemente me recordaría como el tonto enamorado, o mejor aún, el inmaduro. Ella sonreiría para no ser descortés. –

- ¡Oh! –diría ella con una sonrisa en sus labios. Seguro me habría visto en la ciudad, pero por cortesía lo diría igual.- ¿Cómo es tu vida? Tanto tiempo..

- Tengo esposa e hijos –sonreiría y respondería pero el anterior Justin, aquel que era muy diferente a ella, que no le escribía cartas de amor, no se había ido. Seguía ahí y seguiría- A veces hablo con ella, y hasta hago el amor. –ella notaría mi melancolía en las palabras. Y mi horrenda manera de describir. Su rostro mostraría incomodidad- No es que quiera molestarte. –me sentaría en una silla, no importa cual, solo a su lado- Pero me es imprescindible sentarme en un café y soñar un poco y, tal vez amarnos. –le confesaría mi amor una vez más y seguramente ella me rechacé otra vez, como ha hecho siempre-

Mi imaginación era totalmente realista, yo lo era. Hay algo que debí mencionar, era posible que ella no me rechacé si pasaba eso porque su marido la había traicionado. Haría tantas cosas por estar con ella. Pero no, todo hubiera fallado porque ya ha llegado mi hora. Sí, ya me iba de este mundo para ir a otro, tal vez mejor. Me habían diagnosticado una enfermedad terminal hace meses, ¿y entonces? Me había obsesionado más con ella, con mi pequeña, porque digan lo que digan ella siempre va a ser mía. Ella estaba casada, yo también, pero no importaba, ella era mía por siempre, para siempre. Aunque me fuera de este mundo, a ella la mantendría en mi corazón. 
Y ha pasado mi hora, ¿quién robo mis años? Se había pasado todo tan rápido… Pequeña, cambio a toda esta familia por un segundo con vos. Si te veo ahora, aunque termine en un hospicio, tomo una botellita, y juego a la botellita con vos.

Escrito por: Ayelén Farias.

Ángel Guardián.

—No tienes porque sentirte presionada, cariño—Los ojos de mi nuevo jefe me devoraron con la mirada, había sido lo bastante valiente como para haber ido hasta allí y ésta vez, no iba a echarme para atrás. Rodeé los ojos, exhausta de que me tratara como a una niñita; había cumplido la mayoría de edad días atrás y no tenía porque hablarme como si tuviera diez años.

—Cierra el pico—espeté, casi escupiendo las palabras— ¿Vas a tardarte mucho más? Como sabrás no tengo mucho tiempo.


Mi jefe frunció el entrecejo, intentando descifrar porque rayos lo estaba desafiando de esa manera, pero tampoco me importó demasiado. Miré mi reloj y comprobé que habían pasado dos horas desde que había hablado con Jake. Sentí la piel debajo de mi nuca estremecerse. Recordaba las palabras de mi mejor amigo a la perfección, casi como si las estuviera repitiendo en mi mente;«Maia, tú no estarás hablando en serio, ¿verdad?—notó la expresión indiferente en mi rostro—. No puedo creerlo, ¿en qué rayos estás pensando? ¿Si quiera piensas cuando haces estas cosas? Yo te prestaré el dinero, no voy a permitir que vayas a ese sitio, ni siquiera lo pienses»


Pero había logrado escaparme. Mientras Jake preparaba algo para cenar en la cocina, tomé las llaves de la casa y corrí lo más rápido posible. Había tomado el autobús para llegar y más de una vez me había sentido incómoda ante las miradas fogosas de otros hombres. 
Recordé el motivo por el cual estaba haciendo aquello y continué mi camino, sin vacilar.
Mi celular no dejaba de vibrar, daba por sentado que era Jake el que me estaba llamando pero en ese momento no podía concentrarme en otra cosa.

—Perfecto—mi jefe se puso de pie—, traeré al cliente.


Sentí todas las extremidades de mi cuerpo tensarse. Me puse de pie y me observé en el espejo una vez más, cuando mi jefe ya se había marchado. Observé el atuendo que llevaba encima, desde las medias de red negras hasta el brazier rojo que combinaba con mis bragas. ¿Quién iba a saber que iba a tener que llegar a esto? Mis padres me habían abandonado, a mi y a mi hermanita, y al ser mayor de edad debía hacerme cargo de ella; ¿cómo se supone que iba a conseguir el dinero para sustentarnos? Y heme aquí. 
Consiguiendo dinero fácil, tan solo echándome en una cama, deseando que se acabe.

— ¿Tú eres Maia?—La voz de un hombre de mediana edad me desconcertó. Volteé para encontrarme a un tipo de traje, un poco más alto que yo, más guapo de lo que esperaba que fuera. 

Lo observé con algo de desprecio.


—Si, soy yo—aparté algunos cabellos que se habían soltado de mi cola de caballo. Finalmente decidí soltármelo.— ¿Comenzamos? Tenemos solo una hora.


Mientras más rapido se acabara, mejor.


—Por supuesto, solo quería tomarme algo de tiempo para observarte—se quitó la chaqueta y la depositó en un sillón situado junto a la cama. Pude notar el color café de sus ojos y la forma triangular de su rostro. Se acercó tanto a mi que comencé a ponerme nerviosa. ¡Maia, concéntrate, por Dios!—Eres muy bonita, Maia.


El hombre acarició mi mejilla y yo sentí náuseas, ante su tacto y ante la forma que me observaba, con sus ojos ardientes e inundados de pasión. Sus largas pestañas no escondían su mirada espeluznante y me sentí mareada al sentir su piel sobre la mía. Cerré los ojos y dejé que el hombre prácticamente me desnudara, tan solo llevaba puesta mi ropa interior. Y luego frenó.


— ¿Estás nerviosa, preciosa?—odiaba que me hablara como si me conociera a la perfección, como si todas las putas con las que había estado fueran iguales.


Negué con la cabeza y me tragué mis palabras.


— ¿Qué?—bramé, al notar que la cosa no estaba avanzando.


—Pareces un poco tensa, Maia—tomó mis hombros y me sentó en la cama. Me acarició el cabello y luego lo olió, como si fuera alguna clase de obra maestra. Comenzó a desabrocharse la camisa y mi mente viajó a otro mundo, intentando evadir la vista del pecho desnudo del completo extraño.—No tienes porque temerme, solo estamos para complacernos.


Complacerte querrás decir, pensé para mis adentros. ¿Este hombre realmente pensaba que yo estaba haciendo esto por voluntad propia? ¿No se daban cuenta que estaban haciéndole el amor a alguien que ya estaba muerto por dentro? Me crucé de brazos porque, de repente, sentí que me estaba helando. Observé el móvil, lo había dejado en el bolsillo de mi bolso y no dejaba de hacer luces. Como hubiese deseado que las cosas hubiesen sido diferentes.


Su mano se dirigió a mi brazier, suspiró ante la vista y comenzó a tocarme. La piel se me erizó y dí un salto alarmada por el sonido de la puerta. Jake había entrado a la habitación, con el móvil en la mano y con una mirada llena de furia en su rostro. Una mirada que jamás había visto en todos nuestros años de amistad.


—Ven aquí, Maia—me ordenó, evitando por completo al extraño, que se había quedado pasmado. Yo me quedé en mi lugar, un calor ardiente ascendiendo desde la cabeza hasta los pies.


—Jake, ¿qué rayos estás haciendo aquí?—me alejé unos pasos del extraño. Él observó cada movimiento— ¡Vete, por Dios santo!


Traté de tapar el atuendo que llevaba puesto con mis brazos, jamás había sentido tanta verguenza en toda mi vida.


— ¿Esto es alguna clase de broma?—el desconocido parecía bastante cabreado. 


—No, lo siento, pero ella se va conmigo—Jake se acercó a mi más determinado que nunca y me tomó del brazo con más fuerza de la necesaria. Sus ojos estaban completamente rojos y su mandíbula estaba firme; estaba conteniéndose para no partirle la cara al tipo que se encontraba a mi lado.


Me arropó con el tapado que había llevado puesto, cogí mi bolso y me fui, de la mano de mi mejor amigo.


El silencio fue incómodo desde que nos subimos al coche de Jake hasta que llegamos a mi casa. ¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Y ahora de donde iba a sacar el maldito dinero? Deseé desaparecer, de una manera que no había deseado antes.


Entré a casa y encendí las luces, todavía avergonzada por la situación en la que Jake me había encontrado. Sinceramente, no me lo esperaba para nada.


— ¿Eres consciente de lo que estabas a punto de hacer?—me preguntó mi mejor amigo, dirigiéndose a mi como si fuera una completa extraña.


—Jake, métete en tus propios asuntos—gruñí, con una rabia irreconocible en mi voz. Los ojos se me llenaron de lágrimas en tan solo instantes.


Jake se acercó a mi, tomó mis manos y me observó con aquellos ojos azules; me había observado de la misma forma que cuando teníamos cinco años y me había agradecido por salvarlo de unos chicos que querían golpearlo.


—Voy a ayudarte, lo sabes con certeza, siempre voy a estar aquí para ti—sus dulces palabras me llenaron de culpa y remordimiento hacia mis padres.


—No lo sé, pensaba lo mismo sobre mi familia y apenas cumplí la mayoría se marcharon.¿Tienes alguna idea de cuanto dolor han causado? No quiero sentirme de este modo—había comenzado a sollozar—, siento mucho lo que hice. No sé en que estaba pensando.


Jake me acarició la mejilla y me abrazó por la cintura. Podía sentir el calor que manaba su cuerpo y, de repente, sentí como si mi mejor amigo fuera la única persona en la que podía confiar.


—Sabes que vales mucho más que eso, ¿no es así?—yo asentí con la cabeza—.Tienes que respetarte a ti misma, Maia, eres hermosa y eso nadie va a quitártelo.


¿Me había llamado hermosa? Me sonrojé y bajé el rostro. Jake me tomó de la barbilla y yo me mordí el labio. Ahora había comenzado a notar lo atractivo que era mi mejor amigo.


—Gracias, Jake, en serio te agradezco mucho lo que hiciste por mi—admití, y me apoyé contra el sofá, las manos de mi mejor amigo todavía en mi cintura.—Me salvaste de haber cometido el peor error de toda mi vida.


Jake acarició mi labio inferior con su pulgar.


—Te quiero lo suficiente como para salvarte de cometer cualquier error en tu vida. Eres lo más importante que tengo y lo sabes perfectamente.


Casi automáticamente, los dos nos acercamos, rindiéndonos al deseo.


— ¿Estás seguro de esto?—le pregunté, a tan solo centímetros de sus labios, con su respiración rozando mi rostro.


—Más seguro de lo que he estado en toda mi vida.


Y sus labios atraparon los mios, dejando en ellos una huella que jamás se iba a borrar, una persona que realmente me había salvado del abismo. 


Jake se había convertido en mi propio ángel guardián.


Escrito por: Carla Samojeden.

viernes, 10 de mayo de 2013

"Sonreí..."


Navajas entran en mi piel dejando oscuridad y no heridas, la sangre escurre espesa, viva y llena de color. De mis ojos brota una lagrima, lagrima de dolor, lagrima de amargura. Un sentimiento de poder, de fuego por mis venas hirviendo, acelerando mis pulsaciones.

Con cada latir puedo sentir como la felicidad se consume y el odio se complementa a su vez, una sonrisa oscura de maldad se torno en mi rostro, en mis ojos y en mi mente. Repugnancia siento hacia este cuerpo que me tortura, me aprisiona y me hace sufrir, cosa que por rareza de mi locura disfruto sentir. 

Aunque acabar con mi vida sea la mejor opción y quizás la más divertida, habría que pensarlo. Es que hay tantas maneras de morir; fabulosas, sangrientas, oscuras, asquerosas, repugnantes, todas tan irónicamente hermosas que no se entre cual decidirme.

Tengo una idea original y dolorosamente asombrosa para acabar con todo este dolor que siento. Solo me hace falta alguien que esté dispuesto a cooperar...

Estaría yo en un cuarto lleno de tinieblas, con la luz de tan solo una vela esta de color negro por supuesto, con un fuego ardiente que pueda sentir a distancia... estoy colgado del techo, atado de manos con dos cuerdas muy fuertes más una en el cuello la cual esta ligera. Aun así toco el suelo con mis pies. Siento la presión, las ansias de morir, quiero sentir el sufrimiento y el dolor en mi cuerpo ya. Rápidamente el verdugo se me acerca y toma de una mesa pequeños cuchillos, comienza a incrustarlos con sonrisa de placer en mi estomago, mientras mi sangre se derrama yo grito de placer y sonrió; esa sonrisa siniestra que solo muestra deseos de sufrimiento... el verdugo toma dos largas espadas de aquella mesa y suave y lentamente entierra ambas en ambos pectorales, atravesándome hasta sobresalir por mi espalda. Mi cuerpo sufre una severa hemorragia de la cual gozo mucho.

Al pasar todo esto aquel verdugo tomo una cierra y comenzó a desprenderme la piel y los músculos de las piernas, tal era el dolor que solté una carcajada, la sangre chorreaba y mis demonios comenzaban a despertar. Grite muy fuerte con voz llena de firmeza ''MUTILADME''. Este obedeció mi orden y sin pensarlo comenzó a mutilar mis brazos, lenta y dolorosamente. Luego de caer mis miembros me hizo beber la sangre que de ellos se desprendía, estaba deliciosa y sabia a vida. Al cerrar mis ojos vi a la muerte venir por mí, era hermosa, confiada y muy llena de esplendor.

Se acerco a mí y me dio su mano, ella sonrió y me dio un abrazo, mientras lo hacía, tome rápidamente una espada de las que estaban en mi pecho y por detrás de su espalda antes de que pudiera reaccionar la entere aquella espada en el cráneo haciéndole caer en el suelo y se echo a llorar mientras yo frenéticamente reía... seguido de esto el verdugo tiro de la cuerda de mi cuello haciéndome quedar colgado y asfixiado, la sangre concentrada en mi cabeza la hizo estallar, chorros de sangre y trozos de mi quedaron esparcidos en el suelo. Y aun quemándome en el infierno, luego de acabar con todos, sonreí.


Escrito por: Abdiel Salas.

martes, 7 de mayo de 2013

Babe In Boyland, de Jody Gehrman.


Sinopsis: Cuando la estudiante de primer año Natalie —O Dra. Afrodita, como ella misma se llama cuando escribe en su columna de relaciones para el periódico escolar —es acusada de no saber nada sobre los chicos y dar malos consejos sobre relaciones a las chicas, ella decide investigar lo que los chicos realmente piensan y quieren. Pero los chicos en su clase no le dan respuestas directas o serias. ¿La única solución? Disfrazarse como un chico y pasar una semana en la Academia Underwood, la escuela privada para varones en la ciudad. Ahí ella aprenderá mucho sobre los chicos y las chicas en maneras que ella nunca esperó —especialmente cuando se enamora de su compañero de habitación de ensueño, Emilio. ¿Cómo puede mostrarle a él que le gusta sin ser descubierta?

"ROUGE" Capítulo 1, parte 2.


Ver a Simón intentando recuperar el aire que perdió en la carrera que dio hasta llegar a mi lado me hizo soltar una risa. Él se recuperó y sonrió también.

– Ven, quiero mostrarte algo. – de inmediato me tomó de la muñeca, jalándome para que lo siguiera hasta el patio.

– No puedo ahora Simón, tengo clase. – dije, haciéndome la difícil, él enarcó una ceja.

– Rouge, quedan veinte minutos. – mantuvo su mirada fija en la mía. Me di cuenta al instante que no tenía sentido discutir. Él tiró de mí hasta que quedamos fuera, en el jardín. Nos sentamos en los bancos en un rincón donde el sol nos daba de llano
. 
Simón sacó la guitarra de su funda, y comenzó a afinarla. Yo disfrutaba de la tranquilidad y del aire fresco rozándome la cara cuando él anunció:

– Está lista. – Lo miré con desconcierto y él empezó a tocar una canción que nunca antes había oído. Sólo él podía crear una melodía tan hermosa con tan sólo una guitarra. Cerré mis ojos, y escuché con mucha atención. Sin siquiera notarlo comencé a tararearlo, y entonces caí en la cuenta…

– ¡Es mi canción! – exclamé con una sonrisa, asombrada. Él sonrió con los ojos cerrados, sin detener aquel fantástico sonido que provocaba con el suave recorrido de sus dedos por la guitarra.

– Es para ti. – me miró, y guiñó su ojo. – Cántala.

Yo me acerqué a él, quedándonos enfrentados. 

– La noche había caído, 
el firmamento había oscurecido
las estrellas han salido,
pero tu no estás conmigo.

Una estrella fugaz, 
Atraviesa el cielo, 
más rápido que el viento,
yo sólo pido un deseo:

Extiende tu mano, 
Rodea mi cintura,
Bailemos juntos bajo la luna.

Recostaré mi cabeza sobre tu hombro,
Susúrrame cosas al oído,
Dime que me amas, 
y me quedaré siempre contigo.

Recostada en la arena,
Sola y perdida en el anhelo,
De poder tenerte,
De acariciar tu pelo.

Las aguas del océano,
Susurran tu nombre,
El reloj marca las once y once,
La hora de los sueños, entonces yo deseo:

Extiende tu mano, 
Rodea mi cintura,
Bailemos juntos bajo la luna.

Recostaré mi cabeza sobre tu hombro,
Susúrrame cosas al oído,
Dime que me amas, 
y me quedaré siempre contigo.

Tu sonrisa, mi único pensamiento.
Tu amor, lo que yo más quiero.
Te miro de lejos, y sólo deseo:

Extiende tu mano, 
Rodea mi cintura,
Bailemos juntos bajo la luna.

Sella esta noche con un beso,
Ház realidad mi sueño.

La música y la letra se hicieron una, tanto como la intensidad de nuestras miradas. De un momento a otro me sentí ruborizada. Aparté la mirada. Él soltó una carcajada, de esas que tanto me gustaban, contagiosa, despreocupada.

Él me miró fijo, corrió un mechón morocho de mi cara, y pude ver mis ojos almendrados en el interior de aquellos ojos marrones, oscuros, tan oscuros que parecían absorberme. Simón acariciaba mi mejilla, mientras me decía cuanto amaba mi voz, la manera en la que era y cómo me veía al cantar.

– Es casi como si fueras otra persona. – lo miré con incredulidad. – La letra me fascinó. ¿La has escrito tú?

– ¿Cómo te atreves a siquiera preguntar? ¡Por supuesto! Siempre he escrito todas y cada una de mis… – su dedo índice ejerció una leve presión silenciando mi reclamo. 

– Rouge, te creo, nadie podría escribir una canción tan bella a no ser que fueras tú. – dibujó el contorno de mis labios, se apartó despacio y luego guardó con delicadeza su guitarra.

– No sería tan asombrosa si tu no hubieras compuesto la música – le dediqué mi más grande sonrisa – Realmente te lo agradezco. – cerré las distancias entre nosotros dándole un fuerte abrazo. Su perfume hipnotizador me atontó. Me rodeó con sus brazos y acarició mi espalda con sus fuertes manos. No quería soltarlo, pero una toz fingida nos interrumpió.

Me aparté a toda velocidad, apenada, sin embargo la vergüenza que sentía se esfumó en cuanto vi quien había interferido.

– ¿Qué quieres, Jona? – gruñí. 

– Esto. – se acercó rápido como un rayo, y antes de que pudiera reaccionar, me plantó un beso en los labios. 
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