viernes, 28 de junio de 2013

"Rumor has it..." Capítulo XIII.


Otro día, otra vez la camioneta negra estacionada frente a mi casa. No quería hablar con él. Demoré más que nunca comiendo, me asomé por la ventana, esperanzada de que se hubiera marchado. Como siempre, me equivocaba. Seguía allí, con la mirada fija en su celular. Era hora de enfrentar al lobo. Salí desganada y me detuvé a pocos centímetros de su auto. Su mirada suave y sus labios como el horizonte, en línea recta. Su cabello despeinado, como de costumbre. Se estiró y abrió la puerta. Subí en silencio, sabiendo que era caso perdido huir. Estuvimos un par de minutos en silencio y Chris tampoco arrancaba. 


-Creo que...no debí decir eso ayer-dije apenada. Rehuí a su mirada, ese era una disculpa en mi idíoma. 

-No dijiste nada que no fuera cierto-dijo cortante. Tenía razón, a él no le importaba en lo más mínimo lo que ocurrió-. Nhoa, no quiero arruinar las cosas contigo, eres demasiado importante para mí. Y eso que paso fue...-perfecto, dije para mis adentros-¿Qué le ocurrió a tu mano?-Frunció el ceño al ver mi mano cubierta por una venda. Joder. ¿Tenía que darse cuenta justo ahora?. La oculté y me encongí de hombros. 

-No es nada-murmuré. Siguió mirándome de mala manera-Deja de mirarme así, sólo tropecé y me golpeé-inquirí.

-¿Tropezar? Tú tienes más agilidad que yo, y mejores excusas-¿por qué tenía que conocerme tanto?

-Cállate-espeté. Era tan irritante como lindo, una verdadera tortura. Tendría que vivir con la curiosidad, hasta que Chris se animara a hablarme otra vez de eso.



Tan añorado viernes. Respiré pesadamente. Había sido una semana desastrosa, de esas que no parecen tener fin. Mi vida era como una montaña rusa, pero de esas que tienen demasiadas caídas en picada. Me desvestí, hasta quedar sólo en ropa interior. Y me dejé caer sobre la cama, como si de un abismo se tratase. Los chicos no me dejaban jugar con ellos por ser una chica, claro, antes de haber cambiado mi forma de vestir eso no les había molestado. Maldije, como de costumbre, al recordar eso. Y el muy idiota de Chris, que no me apoyaba, sólo por haberme lastimado un poco la mano. Observé la herida, sin las vendas. No me dolía tanto y la herida era más larga que profunda. Un golpeteo en la puerta me hizo sobresaltar. Joder. Tomé una de mis camisetas viejas y la pase sobre mi torso, me llegaba hasta la mitad del muslo. ¿En serio había estado utilizando esto? Sacudí mi cabeza y abrí la puerta de mi habitación. Vince. Me sonrió y luego paseó su mirada por mi cuerpo, dejando su mirada fija en mis piernas. Me removí incómoda y comencé a tirar de ella, hacía abajo. Si hubiera sabido que era él me hubiera puesto unos pantalones. Me sonrojé y Vince no se quedó atrás. 

-Espera-murmuré, cerré la puerta y tomé los pántalones que había dejado en el suelo. Me vestí rápido y abrí la puerta-Lamento eso, pensé que era mi papá-murmuré apenada. 

-No hay problema. Todavía te debo una disculpa por lo del cine-una sonrisa iluminó su rostro-Venía a buscarte, y no tienes excusa esta vez, sólo tu y yo.-Enfatizó la últimas tres palabras.

Joder. Christian tenía razón. 

-Vince, no creo que sea buena idea...

Listo, lo dije. Intenté parecer lo más convincente posible. 

-¿Es por Christian, no es así?-Frunció el entrecejo. Mierda. Yo no era tan obvio ¿ó sí? Por supuesto que no-Ya sabía yo que tenían algo-¿Qué demonios?

-Cállate-grité y le aventé una almohada. Genial. Lo fulminé con la mirada, él me desafió. Bastardo-¿Quieres que te diga que si estoy con él? Si tanto te importa, te lo diré. NO TENGO NADA Y MUCHO MENOS QUIERO TENER ALGO CON CHRISTIAN MCGIVEN-grité, ya harta de todo ese problema. Sabía que eso era la más grande mentira que había brotado alguna vez de mi boca, pero lo dicho, dicho estaba. 

-¿Entonces, qué hay de malo conmigo?-pregunto urgido. ¿Otra vez? Me estaba sacando de quicio, pero no podía ser mala persona con él. Era mi amigo.

-Vince, yo no te veo de esa manera. ¿Entiendes?-busqué su mirada, que vagaba por la habitación, como si fuera la primera vez que estuviera dentro de estas cuatro paredes. Hizo una mueca y asintió, como si le costara trabajo aceptarlo. 

-Debo irme-murmuró. ¿En qué momento se había vuelto tan complicada mi vida? 

En cuanto se fue, me lancé sobre la cama. Esa constante lucha entre el corazón y la razón, quería llamar a Christian, pero no debía hacerlo. No era correcto, ni sano para mí. Quería regresar el tiempo, hace 1 año atrás. No había apuesta que me hubiera hecho cambiar, tampoco rumores, sobre mí y Chris. No era perfecto, pero era mi vida y la quería de vuelta. Fuí al cuarto de baño y me deshice de la ropa. Abrí el grifo y dejé que el agua caliente resbalara sobre mi cuerpo, relajando mis tensos musculos. Gemí, cuando el agua empapó por completo mi mano herida. Debería tener más cuidado con eso ó se iba a infectar. No podía permitir otro ataque de furio así, no si quería conservar los huesos de mi cuerpo intactos. Después de unos 10 minutos, tomé una toalla y me envolví en el suave algodón. Con otra, intenté secar un poco mi cabello, que destilaba agua a chorros. Paseé mis dedos por el empañado espejo. Me observé por un par de minutos. Mis pobladas pestañas, mis ojos aburridos y la linea recta que era mi nariz. ¿Qué había de lindo ó interesante en mi rostro? Jamás entendería a los chicos, antes creía que si. Ahora, me había dado cuenta de lo equivocada que estaba. Por el silencio de la casa, supongo que estaba sola. Como siempre. 

Abrí el refrigerador, esperanzada de encontrar algo de comida. Nada. Suspiré, al mismo tiempo que sonaba el timbre. Maldición. ¿Quién demonios podría ser? Le dí una mirada a mi ropa. Sudadera y short. Al menos, ahora no estaba desnuda. Abrí la puerta, dudosa. Chris. Mierda. Intenté sonreír y lo deje pasar. ¿Qué todos pensaban visitarme hoy?

-Hola, peque-me dió un beso cerca de la comisura de los labios, de esa manera tan tentadora que sólo él sabía. Sentí mi cara encender y suspiré. Esto era una verdadera tortura-Renté un par de películas, ¿ibas a hacer algo?-¿Cómo podía ser tan...él? Estaba perdiendo el hilo de mis pensamientos, excelente. Un buen síntoma. Negué con la cabeza y el sonrió. 

-¿Quieres que pida una pizza?-Tomé el teléfono. Sabiendo la respuesta, era más por cortesía. Asintió y caminó hacía la sala. Después de hacer una rápida llamada, seguí a Christian. Estaba acostado sobre el sofá, sin zapatos y los brazos detrás de la cabeza. Sonreí al verlo tan confiado. Me senté en la alfombra, frente al sofá. La mano de Chris voló hacía mi cabello, aún húmedo y comenzó a juguetear con él. Dejándome totalmente desarmada. ¿Cada movimiento que hacía tenía que tentar con mi salud mental? 

-¿Cómo sigue tu mano?-Esa pregunta me hizo sobresaltar. Por puro reflejo la oculté, con mi gran sudadera. Se veía peor cuando me acababa de bañar, y no quería otro sermón.

-Estoy bien, Chris. Sólo fue un rasguño-Mentí. Atrayendo más hacía mí mi mano izquierda. 

-Te conozco tanto, que sé cuando estás mintiendo-me susurró. Podía sentir su aliento cerca del lóbulo de mi oreja, llevando así escalofríos a lo largo de mi cuerpo-Dame tu mano-alargué mi mano derecha. Se rió un poco y luego negó con la cabeza-la otra, niña tonta-Obedecí. Descubrió mi mano y hizo una mueca al ver lo magullada que estaba. Paseó su dedos suavemente, alrededor de la herida y luego la beso, como si así ayudara en algo-No vuelvas a hacer esto-murmuró como si supiera que había pasado. Me encongí de hombros, sin intenciones de decir la verdad.

-No seas dramático-rodé mis ojos. Increíble, mi capacidad de evadir las cosas con Christian, me asombraba cada vez más. 

-Ven aquí-dijo sonriendo, se arrimó un poco hacía atrás, dejándome espacio. Me levanté y me acosté a su lado, utilizando su brazo de almohada, y mi espalda contra su pecho. Mi corazón latió rápido. Ahora no, por favor. Rogué, porque Chris no se diera cuenta. Observe la pantalla, en busca de distracción, pero no lograba concentrarme, no mientras Chris acariciaba mi mano herida suavemente. No podía ser tan tierno, no podía. Me sobresalté al escuchar el timbre y contraje mi cuerpo, pegándole con el codo a Chris, en el abdomen. Se removió dolorido, mientras gemía. Me levanté rápido.

-Lo siento mucho, Chris-dije con remordimiento de consciencia. 

-No importa-dijo con una sonrisa, que parecía más una mueca. Se levantó y fue a ver quién era. Gran manera de arruinar momentos lindo, Ainhoa. Me regañé a mí misma. Regresó con una caja alargada, entre sus manos. Pizza. El estómago me rugió. No me había dado cuenta de que tenía tanta hambre. 

domingo, 23 de junio de 2013

30 días, 30 libros: Un libro que te haga feliz.


Sin duda elegiría "Ese Chico" de Jillian Dodd. ¡Me encanta! Me hace reír a montones, y lo leería miles de veces. Siempre ando con una sonrisa cuando lo leo.

Leído, leyendo y próximo a leer (3)

LEÍDO
Ivy siempre ha creído en los ángeles. Cuando conoce a Tristán, sabe que él es el amor de su vida. Pero cuando él muere, su corazón se rompe y pierde entonces su fe en los ángeles. Y si ella no tiene fe en ellos, Ivy será incapaz de sentir la presencia de Tristán, cundo él regresa convertido en un ángel. Ahora Ivy está en peligro y Tristán debe luchar para salvarla. ¿Cómo podrá protegerla si ella ha perdido su fe en los ángeles?

LEYENDO
Un mes después de la muerte de Tristán, Ivy se hace consciente de su presencia como su guardián celestial, pero ella no está dispuesta a creer en la presencia de ángeles guardianes hasta que el asesino de Tristán empieza a acosarla.
PRÓXIMO A LEER
Perseguida por el mismo asesino que asesinó a Tristán, Ivy finalmente aprende que Tristán se ha convertido en su ángel guardián y trabaja con él para prevenir su propia muerte, pero cuando Ivy encuentra el amor verdadero, Tristán debe dejarla ir.

viernes, 21 de junio de 2013

Carta 3.

TumblrFue como en los viejos tiempos, pero mas tímido. Había cierta incertidumbre, cierto titubeo, algo que solo nosotros lograríamos percibir. Si era cierto que los dos nos extrañabamos, también era cierto que no sabíamos que esperar de este encuentro. Había un secreto oculto en sus ojos, pidiéndome a gritos que lo descubriera. Quería pensar que el sentía lo mismo que yo, quería aferrarme a esa idea tanto, que mi corazón había empezado a doler.

Escrito por: Susej Luque.

Sorteos Internacionales en los que participo.


Gana el Reloj-Colgante Snitch. Un sorteo perfecto, para los fans de Harry Potter. Acaba el 08/07/13. A mi me emociono muchísimo. Y lo mejor del caso es que es internacional. ¿Se apuntan? Por AQUÍ pueden ver más información. ¡Les deseo suerte a los que decidan participar! 




Un concurso que también me llamo muchísimo la atención fue este: Sortean un libro a elección de hasta $100 de tematika.com. ¿Que esperas para apuntarte? Termina el 18 de Julio. Más información AQUÍ. 

"Rumor has it..." Capítulo XII.

Las horas pasaban lentas y parecían ser un castigo. Tomé un sorbo de mi Coca-cola y volví a dejarla sobre la mesa, a un lado de la comida que apenas y había tocado. Suspiré. Y volví la vista a mi reloj. 5:47 p.m. Aún no tenía claro que iba a hacer con Chris, teniendo en cuenta que no había logrado sacar de mi mente su hermosa mirada y mucho menos sus suaves labios. Mierda. ¿Qué había significado eso? Debería sentirme feliz, pero tenía un nudo en el estómago que parecía hacerse cada vez más fuerte. Levanté la cabeza al escuchar la campanita que colgaba sobre la puerta, de la cafetería en la que me encontraba. Una mata de pelo negro apareció, y un rostro anguloso que yo conocía. Daniel. Bajé la cara, esperando no ser vista. Un par de piernas aparecieron y se detuvieron frente a mí. Resoplé, sabiendo de quién se trataba.

-¿Estas sola ó tu perro guardian está cerca?-Preguntó con una sonrisa. Fruncí el ceño, un poco ofendida. 

-Si, estoy sola y espero terminar mi comida. Sola-Remarqué la última palabra, esperando que me entendiera. Aún seguía molesta por la pelea entre él y Chris. Aunque fue Christian el principal culpable, Daniel era demasiado molesto. 

-Y yo pensaba que era tu amigo-hizo una mueca y se sentó en la silla vacía, frente a mí. Desvié la mirada y le dí un mordisco a mi hamburguesa, en un intento de distracción-No me ignores, preciosa. Vengo a pedirte un favor. 

Me removí en mi asiento incómoda, tenía que ayudarlo. Estaba casi en deuda con él.

-Te escucho-dije insegura. ¿Qué demonios necesitaba de mí?

-Era una broma. No necesito nada de ti, por ahora-una sonrisa maliciosa surgió en su rostro. Idiota. Su mirada estaba cargada de soberbía, cómo era siquiera posible eso. Negué con la cabeza y observé hacía fuera, por la ventana. Estaba comenzando a oscurecer...

-Debería irme, se hace tarde-dije con una pequeña sonrisa, por pura cortesía. 

-Vamos. Yo te llevo-Dijo muy seguro. Intenté protestar, pero Daniel me tomó de la muñeca y me guió fuera del establecimiento. Su moto estaba aparcada a un lado de la calle. Sonrió y subió en ella, luego me hizó una seña para que lo siguiera. 



Mi cabeza zumbaba, junto con mis pensamientos. Distantes. Deliberé si debía darle tanta importancia a lo que había ocurrido ultimamente. ¿Por qué yo debía estar tan afectada, cuando el ni siquiera se había molestado en llamarme o algo? Quizá sólo debería fingir que no había ocurrido nada. Pero las emociones no me dejaban. Aferrada a ese beso, cerré mis ojos. Era una noche fría, por lo que me encontraba envuelta en una cobija bastante gruesa. Observé el cielo oscuro, a través de la ventana. La luna nueva estaba presente. Por lo que el cielo se encontraba oscuro y no se veía ni una sola estrella. Una pregunta insesante rondaba en mi mente. ¿Le gustaría yo a Chris po mi cambio ó desde antes? Una parte de mí, no quería saber la respuesta, porque creo que imaginaba la respuesta. No quería que la noche acabará, saber que tendría que fingir que nada ocurría, que no me afectaba y lo que es peor, darme cuenta de que a él no le importaba, en absoluto. Eso era duro. 


Corrí escaleras abajo, después de ver la camioneta estacionada frente a mi casa. Estaba ansiosa. Supuestamente iba a ser un día normal, pero me había esmerado más al arreglarme, incluso había intentado maquillarme un poco. La sonrisa de Christian, al verme, fue la misma de todos los días. Abrió la puerta desde su lugar y en cuanto pudo me dió un beso en la mejilla. Un pequeño nudo en mi estómago, muestra de mi decepción. Casi moría por sentir esos dulces sobre los míos, otra vez. Sonreí, mientras fingía escucharlo. Me estaba contando alguna cosa del equipo de soccer que lo entusiasmaba, pero mi menta vagaba lejos de ese lugar, cerca de la noche en la que me besó. 

-Fue asombroso, Nhoa. ¿Lo viste? -su agarre en mi brazo, me sacó de mis pensamientos. No sabía de que me estaba hablando, así que me limité a sonreír y asentir-Niña tonta, sabía que no me estabas escuchando-Jodeeeeer, ¿qué tan tonta podría ser?-¿Se puede saber en qué piensas?

Lo miré furiosa, sin poder evitarlo. ¿Cómo podía preguntarlo? ¿Qué clase de idiota era? Ignoralo, Aihnoa.

-No seas chismoso-espeté orgullosa. Me bajé de la camioneta justo después de que se detuvo y comencé a caminar hacía la escuela. Sonreí orgullosa de mí. 

-Maleducada. No te despides, al menos, dame un beso-Las manos de Chris atraparon mi cintura y me detuvieron. Se acercó mucho a mí, mientras paseaba su lengua por su labio inferior. Sabía que no iba a olvidarlo. No esperó que contestará y depositó un corto y dulce beso en mi mejilla. ¿Qué? Demonioooooos. Me quedé plantada, observando como caminaba, despreocupado, hacía el edificio. 


Me deslicé en el último asiento. Podría dormir un rato, sin que el profesor se diera cuenta. Historia contempóranea, no era exactamente mi clase favorita, a la hora de elegir. En unos 10 minutos ya el salón estaba repleto, y había suficiente desorden como para que el profesor no reparara en donde me encontraba. Me recosté sobre mi bolso y cerré mis ojos, esperando recuperar un poco del sueño perdido. 

-Ainhoa-escuché una voz vagamente familiar, decidí ignorarla, pero luego me dió un pequeño codazo. 

-¿Qué?-espeté irritada. Había una chica pelirroja a mi lado, me parecía familiar. Claro, Victoria ó Valery, algo así-Oh, lo siento-murmuré apenada.

-No hay problema-me sonrió. Pude ver como había ordenado sus cosas, a mi lado. Me encongí de hombros. No estaba acostumbrada a otra compañía que no fueran mis 3 amigos-¿Esperabas a alguien más?-Negué con la cabeza, ella sonrió para luego asentir. 

-¿Sigues con Thomas?-pregunté, no me importaba mucho, pero era mejor conversar con ella que escuchar al viejo. 

-Sí-dijo, para luego sonrojarse. Me caía bien, por una vez, el grandulón, había escogido bien-¿Tú y Chris, están juntos?-la pregunta me hizo sobresaltarme-Oh, tú y él no...-negué con la cabeza. Amigos, nada más-Lo siento, es sólo que ese día los ví tan...-dudó por un momento-creo que confundí todo, lo siento mucho-dijo apenada.

-No importa-murmuré y volví la vista al frente, a pesar de que mi mente estaba lejos de allí. Cerré mis ojos, recordando sus manos fijas en mi cadera, mientras me acercaba a él. A pesar de que la luz era escasa, podía ver el brillo seductor de su mirada. Esa noche había sido muy buena. 

Me detuve a pensarlo. Si tan sólo me atreviera a preguntarle qué había significado ese beso para él, pero la verdad tenía miedo de escuchar algo diferente a lo que tenía mentalizado. No podía sacar de mi mente la perfecta curva de sus labios y la forma en que sus ojos se habían oscurecido cuando separó sus labios de los míos. Ese era un recuerdo por el que me sentía atormentada, sólo servía para aumentar mi ansiedad. No podía pasarme esto, no ahora. Una cabellera negra, llamó mi atención. Estaba allí, asomado por la ventanilla de la puerta, ahora cerrada. Buscando algo con la mirada. Sus ojos se posaron en mí, y me hizó una seña para que saliera. ¿Qué demonios? Daniel Rizotti, buscándome. Esto si que sería un chisme perfecto. Levanté la mano. El profesor me observó molesto. 

-¿Puedo ir al baño?-pregunté, mientras batía mis pestañas. Un pequeño truco, que me había enseñado Jessica. 

-Que sea rápido-Rodó los ojos y me entregó un pase. Le dediqué una sonrisa, y salí rapidamente. 

Se encontraba recostado contra la pared, observando aburrido el suelo. Al verme sonrió y se acercó a mí, con su andar despreocupado. 

-Tú y esas hermosas piernas, me tientan-me susurró, abrí mis ojos y sentí mis mejillas encenderse.

-¿Qué quieres, Daniel?-lo aparté de un empujón. Un brillo malicioso apareció en su mirada y no abandonó la sonrisa.

-Vengo a cobrar mi favor-dijo, mientras sujetaba mis caderas fuertemente y me acorralaba, entre él y la pared. 

-¿Qué crees que soy? ¿Tu puta?-espeté antes de abofetearlo, logrando así alejarlo. Se tocó la mejilla, justo donde lo había golpeado y me fulminó con la mirada. 

-Cuida esa boquita, niña-me amenazó. ¿Cómo podría ser tan idiota? Joder, debería alejarme de él. Tenía ya bastantes problemas, como para preocuparme por uno más. Miró por encima de mi hombro y su mirada se nubló, malhumorada. Sólo una persona conseguiría eso con tanta rápidez. Chris. 

Me giré, temerosa, y rogando que no hicieron un espectáculo en medio del pasillo. Chris tomó mi mano y la entrelazo, con la suya. Me sonrió y luego lanzó una mirada llena de odio a Daniel, que parecía estar a punto de golpearlo. ¿Un concurso de meadas? Joder, ambos me sacaban de quicio. Christian, se mostraba posesivo conmigo, como si fueramos algo más que amigos. Y Daniel, joder, él era molesto a toda hora, hiciese lo que hiciese. 

-Ya hablaremos luego, vete-le dije a Daniel, sonrió triunfante. Mierda, ahora tendría que calarme el humor de perro de chris. En cuanto Daniel desapareció de la vista, se giró hacía mí, dejando caer su mano de la mía. Su mirada herida no se apartaba de la mía. Here we go...-Habla de una vez...

-Esas jugando con fuego, Ainhoa. Él no te conviene y tú, muy bien, lo sabes-Me gritó. ¿Tenía que hacer un escándalo siempre? 

-¿Y quién me conviene, él que me besa y luego finge que no ha ocurrido nada?-Su cara de descompusó en seguida, al igual que mis ganas de hacerlo molestar. Odiaba ver como se apagaban de esa forma ese par de ojos azules.

-Haz lo que te de la gana, me estoy hartando de todo esto-escupió las palabras, antes de irse molesto. ¿En qué momento me había equivocado tanto? Ahora si, podía despedirme de cualquier oportunidad que pude haber tenido. Me devolví a mi clase, y me senté en silencio. Valery, al ver mi expresión de hombros y me dedicó una media sonrisa. La ignoré, y comencé a garabatear cosas en la página de mi cuaderno.



Entré a mi habitación, hecha una furia. Comencé a golpear mi armario, hasta que un hilo de sangre descendió de mis nudillos. Mierda. No me dolía tanto, pero mañana seguro que sí. Más era el daño en mi mano, que lo que le había pasado a la puerta del armario. Resoplé, quería morirme. Chris, estaba muy molesto conmigo, y yo no estaba mucho más feliz con él. Me sentía utilizada, cada vez que aparecía Daniel, él llegaba y aparentaba cosas que no eran, sin explicación. Luego me besaba, y fingía que no había ocurrido nada, jugando conmigo. Luego, estaba ese estúpido favor que le debía al idiota de Daniel Rizotti, podría jurar que ese chico iba a ser un dolor de cabeza. ¿Qué estaba pensando cuando subí a su moto? Ah, sí. No estaba pensando. Siempre impulsiva. Volví a sentir la adrenalina correr por mi venas y le propiné otro golpe al maldito armario, con mayor fuerza de la que hubiera deseado. Grité, a causa del dolor, más sangre corrió por mi mano herida. Maldije una y otra vez y corrí al cuarto de baño, abriendo el grifo y dejando correr el agua caliente sobre mi mano. Gemí. Dolía mucho. Mordí mi labio fuerte, evitando que lágrimas se escaparan de mis ojos. Algo me decía que iba a tardar en sanar. Observé el agua rojiza que estaba estancada en el lavamanos. Tomé una de las toallas y la envolví sobre mi mano. Qué día. Me devolví a mi habitación y me lancé sobre la cama, dispuesta a ver si conciliaba con el sueño. 

miércoles, 19 de junio de 2013

"Miles Away" Capítulo 9.

Quizás había sido una idea algo fuera de lugar o quizás había tomado la decisión correcta, pero en esos momentos Logan no estaba seguro de que era realmente lo que debería haber hecho; solo estaba seguro de una cosa, de que no se arrepentía de haberse levantado al alba aquella mañana para arreglar el desastre que algun descerebrado había causado en la casa de Gabby. Ella no se merecía eso, Dios, no se merecía nada de lo que le había sucedido la noche anterior y, sin embargo, la cosas habían resultado aún peores de lo que esperaba. Y Logan no podía sentirse peor por ello...

No lo había hecho para remediar el hecho de que él había sido el que la había persuadido para que fuera a la fogata si no porque, a pesar de no conocerla mucho, sabía que Gabby era una buena persona y que no tenía porque soportar algo así solo por mudarse a una nueva ciudad. A el le extrañaba que alguien de Nasvhille fuera capaz de hacer algo así, pero como solía decir su madre, "siempre hay una primera vez para todo"

Y mientras jugaba con Colbie y Logan observó a Gabby en pijama, tan desarreglada, tan natural...supo que todo lo que había hecho no había sido en vano y que realmente lo había hecho de corazón; también la actividad que tenía planeada para pasar la mañana con ella y su hermana, para levantarles un poco el ánimo.

No pudo evitar irritarse ante la insistencia de Gabby por saber porque había hecho aquello, hasta parecía su madre, pero Logan sabía que no lo hacía para ponerle los pelos de punta si no porque realmente quería saber el motivo. 

—Mira, sé que tu padre te regaló una mini-van blanca porque mi tío se la vendió hace un par de semanas y sé que está guardada aquí, en este garage...—Logan le dió una palmada a la puerta de madera del garage de Gabby y ésta se abrio, revelando el vehículo.—Y ésta mañana tuve una idea...

Gabby le dedicó una sonrisa.

—Que impulsivo que está hoy, señor Palmer.

Logan se encogió de hombros.

—Si, es una vez cada tres años, disfrútalo, no se ve muy a menudo.

—Muchas gracias, tomaré el consejo.—Su vecina estaba bastante intrigada.

Cuando Logan sacó del garage el carrito con ocho botes de pintura y tres pinceles, ella no pudo evitar quedarse boqui-abierta y Logan no entendía si era porque estaba entusiasmada o porque no entendía el propósito de aquellos botes. 

—Logan, ¿por qué estás haciendo esto?—La inesperada respuesta de su vecina lo dejó pasmado, ya que él esperaba una reacción completamente diferente. Gabby notó la incertidumbre de su rostro.

—¿Hacer qué?—Y Gabby palpó perfectamente la amargura en la voz de el.

—Ésto...—Ella extendió el brazo y señaló la casa y luego los botes de pintura; el sabía perfectamente a que se estaba refiriendo.—Sabes de lo que estoy hablando, Logan, por favor...guíame un poco aquí.

Pero Logan no había pensado demasiado en sus acciones, como había dicho Gabby anteriormente, el había sido impulsivo y tampoco sabía como guiarla, ya que ni el mismo sabía porque se había sentido tan culpable por todo lo sucedido.

—Sentí que debía hacerlo.

Fueron las únicas palabras que Logan pudo pronunciar.

—Logan, ¿todo esto es por...culpa?¿Sientes culpa por lo que sucedió ayer?—Y ella misma dijo la palabra que él había temido decir en voz alta. Quizás si... quizás si sentía culpa y no tenía el valor de admitirlo.

Logan permaneció en silencio.

—Oh, Logan, por favor no lo hagas—pronunció ella y se acercó a él. Logan desvió la mirada y sacudió la cabeza.

—No lo hice solo por culpa, Gabriella, hago esto porque me importas.

Y las palabras de su nuevo vecino la habían dejado atónita, anonadada, sin palabras; ¿ella le importaba? Y lo reconsideró varias veces, sabía que él también le importaba a ella pero tan solo se conocían hace un par de días... ¿por qué había sido tan fácil para los dos preocuparse el uno por el otro?

—Gracias, en serio lo aprecio mucho.—Gabby quería romper el silencio incómodo que se formó luego de haber dicho aquello—Entonces, ¿qué hay de esos botes?

El semblante de Logan cambió por completo.

—Estaba pensando que ya que tu camioneta es blanca sería divertido pintarla—Logan se encogió de hombros y Gabby se sintió bastante bien.—Hablé con mi tío, fue él el que me dio la pintura esta mañana, escogí colores distintos para hacerla llamativa...

—Perfecto, quiero ver el rostro de todos en el Instituto cuando me vean llegar con mi camioneta arcoiris, seguramente voy a pasar desaparcibida ¿no crees?—Logan le dedicó una inmensa sonrisa que la hizo sentir a gusto.

—Supongo que vamos a asistir al mismo Instituto, podríamos ir juntos, si quieres.

—¿Solo hay un Instituto en Nashville?—Gabby parecía perpleja.

—Bueno, en esta zona, sí—afirmó Logan.—A menos que quieras conducir setenta kilómetros todas las mañanas para llegar al otro Instituto que está relativamente cerca.

A Logan no le parecía nada del otro mundo, pero sabía que para Gabby eso era una novedad, ya que seguramente donde ella solía vivir había un Instituto en cada esquina.

—¿Setenta kilómetros?¿Para alejarme de ti? Pues, no me parece demasiado—Lo desafió Gabby.—Creo que voy a hablar con mi padre, a ver que podemos hacer al respecto.

El semblante en el rostro de Logan se volvió de repente sombrío y le dedicó una mueca escalofriante.

—¿Ah, sí? Hoy está muy chistosa, señorita Nicolini—Logan se agachó y cogió uno de los pinceles, lo sumergió en la pintura roja y en una rápida maniobra lo salpicó sobre su nueva vecina.

Gabby soltó un grito mezclado con risas cuando la pintura roja le nubló la vista y le adornó completamente el pijama.

—¡¡LOGAN!!—gritó con todas sus fuerzas.—¡¡NO PUEDO CREER QUE LO HAYAS HECHO!!

Gabby no podía dejar de reír, al escuchar la risa de su nuevo vecino y por el hecho de que se había arriesgado por completo. Mientras Logan se sostenía el estómago porque no podía dejar de reír Gabby aprovechó, imitó la acción de su vecino y lo bañó en pintura azul. Pudo captar la expresión divertida de su rostro y ella se alegró de que no se lo había tomado para mal.

—Oh, no vas a salvarte ahora.

Logan pronunció aquellas palabras con la velocidad de un rayo ya que en segundos ya estaba sumergiendo el pincel de vuelta y salpicándolo sobre Gabby. Ella no podía dejar de reir y le costaba todavía más vengarse de él si debía sostenerse el estómago por la risa.

—¡¡Logan, Logan, Logan!!—Gabby gritó con todas sus fuerzas y Logan, que estaba a punto de salpicarla nuevamente, se detuvo. El la miró preocupado.

—¿Pasa alg...?

Antes de que Logan pudiera terminar la oración Gabby cogió el bote de pintura y se lo echó a Logan en la playera; abrió los ojos de par en par, no podía creer lo que Gabby acababa de hacer. Entonces, ella no tuvo otra opción que salir corriendo de allí, para que su nuevo vecino no la alcanzara.

—¡Te voy a atrapar y lo sabes!—Logan corría detrás de Gabby y ella sabía perfectamente que iba a alcanzarla en cualquier momento pero el hecho de que lo había dejado anonadado la animó.

Gabby intentó no tropezarse pero el terreno del patio delantero de su casa estaba lleno de hoyos y la coordinación no era una de las cualidades de ella, y en tan solo segundos ella cayó al suelo y Logan encima de ella. 

Gabby intentó zafarse pero le era imposible, no con el peso de Logan encima de ella; le cogió las muñecas y las puso arriba de su cabeza, dejándola completamente indefensa y sin manera de escapar. Gabby forcejeaba mientras reía y pudo notar la sonrisa en el rostro de su nuevo vecino que la observaba más que divertido.

—¿Y ahora qué vas a hacer, eh?—espetó él, mostrándole la lengua.

Gabby se acercó a él y lo besó; sin lengua, solo un roce de labios y Logan quedó completamente pasmado. Fue en ese momento cuando Gabby logró zafarse de sus brazos y pudo salir corriendo nuevamente, dirigiéndose hacia la entrada de su casa. 

Cogió la manguera y prendió el agua, para comenzar a limpiarse. Aunque, Logan continuaba parado en el mismo lugar donde lo había dejado, con su mano sobre sus labios, todavía anonadado. La observó desde lejos, más que confundido, pero Gabby no entendía porque se sentía de aquella forma; ellos dos eran amigos, no eran nada más, un beso no le hacía daño a nadie. Es más, Gabby lo había hecho involuntariamente, era lo único que se le había ocurrido en el momento.

Logan vaciló unos instantes y luego se dirigió hacia donde ella estaba parada, con un semblante en su rostro que Gabby no había visto jamás.

—Ven, vamos a quitarnos esto.—exclamó Gabby y tomó su mano. Logan estaba perplejo, entonces ella comenzó a mojarlo en la espalda mientras con su mano lo acariciaba, para remover la pintura. 

Recorrió sus hombros y sus brazos y sintió un extraño calor ascender por su cuerpo.

—Será mejor que te quites la camiseta.—Logan la observó de reojo y Gabby intentó no sonrojarse. Luego, se la quitó por encima de la cabeza.

Ésta vez Gabby pudo lavarle la espalda a la perfección y luego Logan se volteó y ella se quedó en su lugar, sin atreverse a tocarle el pecho.

—Puedo hacerlo yo si te molesta.—masculló él, observándola con aquellos ojos café que le provocaban un cosquilleo estimulante en la nuca. Y Gabby negó con la cabeza.

Apoyó la palma de su mano en su pecho y comenzó a lavarlo, mientras frotaba su piel contra la de él, y su respiración comenzó a ser irregular. Por algún extraño motivo Gabby comenzó a tener pensamientos que jamás había tenido hacia Logan, podría haber dado tan solo un paso y besarlo, allí, delante de su nueva casa, besar a su nuevo vecino. Pero, se concentró en el hecho de que tenía novio y que se suponía que no debía pensar en esas cosas.

La mano de Gabby recorrió sus pectorales y la fina linea que los separaba, sintió sus abdominales mientras el agua mezclada con la pintura azul se escurría entre sus dedos. Ella no podía quitar la mirada de su cuerpo, no quería encontrarse con los ojos de Logan, estaba intentando evitar el contacto visual.

Entonces, Logan le quitó la manguera de las manos y tiró de ella hacia si, provocando que sus miradas se unieran sí o sí.

—Gabby, lo que pasó...

—¡Gabby, Gabby!—Colbie estaba gritando el nombre de su hermana desde el porche y se encontraba con el móvil de ella en su mano. Los dos se separaron al instante y se quedaron mudos.

—¿Qué sucede, Colbie?—le preguntó ella, luego de unos segundos, y la voz le tembló.

—Es Blake, al teléfono.—Los ojos de Gabby se abrieron de par en par y no pudo evitar sentir como el corazón le dio un vuelco.

Se acercó a su hermanita y tomó el móvil y no pudo evitar sentirse afligída cuando oyó las palabras de Logan y su hermana menor.

—¿Quién es Blake?—le había preguntado él.

—¿Blake? Es el novio de Washington de Gabby, ¡no sabes lo mono que es!
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