Dos toques rápidos en la puerta me despertaron de mi ensoñación. Si era el, tendría que explicarme el porqué de su tardanza. ¡Me hizo perder tiempo! Me pare en tiempo record a abrir.
–No puedo creer que seas tú–murmure con voz torturada. –Llegas tarde.
–Más bien alégrate de que siquiera haya venido–susurro sonriendo de manera cómplice. Yo atine a voltear los ojos y caminar hacia el comedor nuevamente mientras él me seguía como perrito.
Era Sebastián, el amigo de mi hermano. Y por si se preguntan, si, era lindo, pero era un chico que primero se iba al infierno antes de serle fiel a una chica, fuera quien fuera. Y como típico hombre mujeriego, les juraba bajarle la luna y las estrellas a todas, mientras que luego de algunos días las dejaba estrelladas y con el corazón hecho pedazos. Nunca me meto con tipos así. Y justo me tenía que tocar como alumno él. ¿Destino, te he fallado alguna vez?
–Lamento llegar tarde y…
– ¿Hacerme perder tiempo? –pregunte completando su oración. El asintió con gracia.
–Pero sé que te…
– ¿Debo una explicación? –pregunte una vez más. Estaba que explotaba. Se supone que a esta hora estaríamos terminando.
–Y quiero saber si…
– ¿Te perdono? –dije campante. El me miro con ojos entrecerrados.
– ¿Seguirás completando mis frases de esa manera tan impertinente? –pregunto directo. Mis mejillas se encendieron, pero lo oculte volteando a cualquier lado lejos de su vista, gran logro para el Gran Sebastián. –En realidad iba a decir que si podías poner esta…cita de estudio para otro día –hizo comillas con las manos en la palabra cita.
– ¿Sabes el tiempo que me hiciste perder, Sebastián? Tengo los exámenes finales a los cuales tengo que sacar una excelente nota como lo hago siempre y no he podido estudiar ni hoy ni ayer. El mundo no gira en torno a ti. Tengo una vida, por si lo dudabas. ¡No podemos posponerla! –dije casi histérica. El me miro como midiendo mi temperamento con su mente. –Y no es una cita.
–Los exámenes finales son en un mes y medio–susurro para sí mismo– ¿Ya te calmaste? –cuando vio que iba a empezar otra vez a hablar como loca, se apresuró a decir–Solo era una curiosidad, Chloe. Abre el libro.
–No me des ordenes–susurre molesta, pero igual abrí el libro que teníamos enfrente.
Duramos una hora más o menos en tratar que Sebastián leyera una canción en francés. Supongo que no soy tan mala profesora como pensaba… y Sebastián no es tan lento como aparenta siempre en clases. ¿Qué digo? Él es idiota, está en sus genes. La primera vez que fui a su casa fue desastroso. Mi hermano disfrutaba de toda la comida chatarra y del desorden de chicos ya que vive con su padre y su hermano mayor, pero yo estaba más que incomoda. Y creo que me senté encima de un jamón.
–Ya debería irme–dijo medio sonriendo y haciendo un gesto raro con sus cejas. Se paró de la silla y se alboroto el cabello. Sí, me le quede mirando como la chica tonta y enamorada de una película romántica. ¿Qué diablos pasa? El volteo y yo aparte la mirada. Lo menos que quería era que el me viera mirando… de ese modo.
–Sí, claro–susurre bajo la respiración cuando no estaba atontada.
Lo acompañe hasta la puerta y él se dio vuelta hacia mí.
–Gracias–dijo con sinceridad. Lo mire casi alarmada.
– ¿Por qué?
–Porque ya no pareceré un imbécil el lunes–dijo sonriendo plenamente. Yo voltee los ojos una vez más.
–Ya vete–le dije abriendo la puerta y enseñándole el camino por donde podía irse. El rió y salió. Cuando me iba a dar vuelta toco la puerta nuevamente.
– ¿Qué quieres?–pregunte irritada.
Sentí unos labios sobre los míos al tiempo que terminada de hablar, y abrí desmesuradamente los ojos. Sebastián estaba besándome. Si, ¡Lo estaba haciendo ahora mismo! Era un atrevido. Y un mujeriego. Esto era malo. Él no me agrada. ¡Y no quiero que me bese! Pero al parecer, eso lo dijo mi cabeza, y mis labios lo desecharon, porque le siguieron el ritmo y mis ojos se cerraron como persianas. Pase mis manos por su cuello, acariciando inconscientemente su cabello y el sonrió.
–Vi cómo me mirabas–susurro muy cerca de mis labios, y luego solo se fue.
– ¡Hey! –grite como pude, pero él ni se inmutó y siguió caminando relajado. El lunes sería un día movido. – ¡Te odio Sebastián! –grite con más fuerza de la necesaria. Pero ya ni se veía por la niebla. Mi corazón debería aprender a decidirse. ¿Qué es eso que siento? Hoy de ello antes… ¿Qué pasa, corazón? Antes no latías tan rápido al tenerlo cerca.
Escrito por Susej Luque.
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¡Me encanta!
ResponderEliminar¿Qué pasa después?, ¿hay un libro?.
ResponderEliminarNo, es solo algo que escribí un día. :)
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