lunes, 3 de junio de 2013

El chico de mis sueños.

Me aferre con ambas manos a la colcha que cubría mi cuerpo entero. Solo pensaba en el que hubiera pasado si nuestra vida fuera ido por los mismos caminos, por el mismo sendero que estaba destinado, si fuera todo diferente y nuestro amor nos fortaleciera cada día más.

«—Pide un deseo—me pidió al ver la estrella fugaz.

—No creo que se cumpla—respondí riendo bajito. El me miro por primera vez en la noche y mi corazón salto. 

Estábamos sentados en el césped de mi patio; mirando las estrellas y deleitándonos de nosotros mismos. Su cabello brillaba a la luz de la luna, y para ser franca, se veía fascinante la manera en la que sus labios se juntaban y se abrían al hablar. Me fascinaba todo de el.

—No pierdes nada con intentarlo—susurro bajito; solo para mí, y me ericé. Era eso algo que me volvía loca de el. Una de las cosas. Le sonreí, y cerré los ojos, lista para pedir mi deseo. 

«Quisiera ser feliz, y quiero que el también lo sea, al lado de la chica ideal; aun así si no soy yo»

— ¿Qué pediste?—pregunto impaciente. Reí con poco entusiasmo. 

—No te lo voy a decir, si no, no se cumplirá. ¿Tu pediste alguno?—me voltee hacia el, y el me imito. Sus ojos color avellana se posaron en los míos, tan intensamente que creí que me hipnotizaban. 

— ¿Si te digo el mío, me dirás el tuyo?—pregunto sonriendo abiertamente. Lo medite algunos segundos en silencio, y asentí. —Pedí que me besaras. 

Quede en shock momentáneo. ¿El quería besarme? Si lo hubiese sabido, hace años habría actuado. Okay, eso sonó como si fuera una gran perra. La cosa es que, ¡Quiere besarme! Si estuviera en mi cuarto sola, estuviera dando saltitos. Eso es lo que quería, ¿no?

—Yo pedí que fueras feliz—susurre mirándolo fijamente. Se acerco mucho más a mí, y acaricio mi mejilla. 

— ¿Contigo?

—No lo sé—dije bajito. Corto cualquier distancia entre nosotros, y presiono sus labios con los míos. Fue un beso delicado, y dulce, con muchos sentimientos en medio. Lo amaba, de eso no cabía duda»

Sollocé en silencio, mi cuarto se encogió junto con mi corazón al tener aquellos recuerdos. Mi esposo presiono su mano contra mi estomago y la culpabilidad me invadió. Me había casado con el hombre equivocado, tratando de olvidar a quien creí perfecto. Solo esperaba, que el que me acompañaba esta noche en la cama, ocupara el lugar del que una vez robo mi corazón tan solo con una caricia o con un beso. El que había escapado de mi vida sin decir siquiera adiós. Al chico de mis sueños. 

Escrito por: Susej Luque.

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