viernes, 21 de junio de 2013

"Rumor has it..." Capítulo XII.

Las horas pasaban lentas y parecían ser un castigo. Tomé un sorbo de mi Coca-cola y volví a dejarla sobre la mesa, a un lado de la comida que apenas y había tocado. Suspiré. Y volví la vista a mi reloj. 5:47 p.m. Aún no tenía claro que iba a hacer con Chris, teniendo en cuenta que no había logrado sacar de mi mente su hermosa mirada y mucho menos sus suaves labios. Mierda. ¿Qué había significado eso? Debería sentirme feliz, pero tenía un nudo en el estómago que parecía hacerse cada vez más fuerte. Levanté la cabeza al escuchar la campanita que colgaba sobre la puerta, de la cafetería en la que me encontraba. Una mata de pelo negro apareció, y un rostro anguloso que yo conocía. Daniel. Bajé la cara, esperando no ser vista. Un par de piernas aparecieron y se detuvieron frente a mí. Resoplé, sabiendo de quién se trataba.

-¿Estas sola ó tu perro guardian está cerca?-Preguntó con una sonrisa. Fruncí el ceño, un poco ofendida. 

-Si, estoy sola y espero terminar mi comida. Sola-Remarqué la última palabra, esperando que me entendiera. Aún seguía molesta por la pelea entre él y Chris. Aunque fue Christian el principal culpable, Daniel era demasiado molesto. 

-Y yo pensaba que era tu amigo-hizo una mueca y se sentó en la silla vacía, frente a mí. Desvié la mirada y le dí un mordisco a mi hamburguesa, en un intento de distracción-No me ignores, preciosa. Vengo a pedirte un favor. 

Me removí en mi asiento incómoda, tenía que ayudarlo. Estaba casi en deuda con él.

-Te escucho-dije insegura. ¿Qué demonios necesitaba de mí?

-Era una broma. No necesito nada de ti, por ahora-una sonrisa maliciosa surgió en su rostro. Idiota. Su mirada estaba cargada de soberbía, cómo era siquiera posible eso. Negué con la cabeza y observé hacía fuera, por la ventana. Estaba comenzando a oscurecer...

-Debería irme, se hace tarde-dije con una pequeña sonrisa, por pura cortesía. 

-Vamos. Yo te llevo-Dijo muy seguro. Intenté protestar, pero Daniel me tomó de la muñeca y me guió fuera del establecimiento. Su moto estaba aparcada a un lado de la calle. Sonrió y subió en ella, luego me hizó una seña para que lo siguiera. 



Mi cabeza zumbaba, junto con mis pensamientos. Distantes. Deliberé si debía darle tanta importancia a lo que había ocurrido ultimamente. ¿Por qué yo debía estar tan afectada, cuando el ni siquiera se había molestado en llamarme o algo? Quizá sólo debería fingir que no había ocurrido nada. Pero las emociones no me dejaban. Aferrada a ese beso, cerré mis ojos. Era una noche fría, por lo que me encontraba envuelta en una cobija bastante gruesa. Observé el cielo oscuro, a través de la ventana. La luna nueva estaba presente. Por lo que el cielo se encontraba oscuro y no se veía ni una sola estrella. Una pregunta insesante rondaba en mi mente. ¿Le gustaría yo a Chris po mi cambio ó desde antes? Una parte de mí, no quería saber la respuesta, porque creo que imaginaba la respuesta. No quería que la noche acabará, saber que tendría que fingir que nada ocurría, que no me afectaba y lo que es peor, darme cuenta de que a él no le importaba, en absoluto. Eso era duro. 


Corrí escaleras abajo, después de ver la camioneta estacionada frente a mi casa. Estaba ansiosa. Supuestamente iba a ser un día normal, pero me había esmerado más al arreglarme, incluso había intentado maquillarme un poco. La sonrisa de Christian, al verme, fue la misma de todos los días. Abrió la puerta desde su lugar y en cuanto pudo me dió un beso en la mejilla. Un pequeño nudo en mi estómago, muestra de mi decepción. Casi moría por sentir esos dulces sobre los míos, otra vez. Sonreí, mientras fingía escucharlo. Me estaba contando alguna cosa del equipo de soccer que lo entusiasmaba, pero mi menta vagaba lejos de ese lugar, cerca de la noche en la que me besó. 

-Fue asombroso, Nhoa. ¿Lo viste? -su agarre en mi brazo, me sacó de mis pensamientos. No sabía de que me estaba hablando, así que me limité a sonreír y asentir-Niña tonta, sabía que no me estabas escuchando-Jodeeeeer, ¿qué tan tonta podría ser?-¿Se puede saber en qué piensas?

Lo miré furiosa, sin poder evitarlo. ¿Cómo podía preguntarlo? ¿Qué clase de idiota era? Ignoralo, Aihnoa.

-No seas chismoso-espeté orgullosa. Me bajé de la camioneta justo después de que se detuvo y comencé a caminar hacía la escuela. Sonreí orgullosa de mí. 

-Maleducada. No te despides, al menos, dame un beso-Las manos de Chris atraparon mi cintura y me detuvieron. Se acercó mucho a mí, mientras paseaba su lengua por su labio inferior. Sabía que no iba a olvidarlo. No esperó que contestará y depositó un corto y dulce beso en mi mejilla. ¿Qué? Demonioooooos. Me quedé plantada, observando como caminaba, despreocupado, hacía el edificio. 


Me deslicé en el último asiento. Podría dormir un rato, sin que el profesor se diera cuenta. Historia contempóranea, no era exactamente mi clase favorita, a la hora de elegir. En unos 10 minutos ya el salón estaba repleto, y había suficiente desorden como para que el profesor no reparara en donde me encontraba. Me recosté sobre mi bolso y cerré mis ojos, esperando recuperar un poco del sueño perdido. 

-Ainhoa-escuché una voz vagamente familiar, decidí ignorarla, pero luego me dió un pequeño codazo. 

-¿Qué?-espeté irritada. Había una chica pelirroja a mi lado, me parecía familiar. Claro, Victoria ó Valery, algo así-Oh, lo siento-murmuré apenada.

-No hay problema-me sonrió. Pude ver como había ordenado sus cosas, a mi lado. Me encongí de hombros. No estaba acostumbrada a otra compañía que no fueran mis 3 amigos-¿Esperabas a alguien más?-Negué con la cabeza, ella sonrió para luego asentir. 

-¿Sigues con Thomas?-pregunté, no me importaba mucho, pero era mejor conversar con ella que escuchar al viejo. 

-Sí-dijo, para luego sonrojarse. Me caía bien, por una vez, el grandulón, había escogido bien-¿Tú y Chris, están juntos?-la pregunta me hizo sobresaltarme-Oh, tú y él no...-negué con la cabeza. Amigos, nada más-Lo siento, es sólo que ese día los ví tan...-dudó por un momento-creo que confundí todo, lo siento mucho-dijo apenada.

-No importa-murmuré y volví la vista al frente, a pesar de que mi mente estaba lejos de allí. Cerré mis ojos, recordando sus manos fijas en mi cadera, mientras me acercaba a él. A pesar de que la luz era escasa, podía ver el brillo seductor de su mirada. Esa noche había sido muy buena. 

Me detuve a pensarlo. Si tan sólo me atreviera a preguntarle qué había significado ese beso para él, pero la verdad tenía miedo de escuchar algo diferente a lo que tenía mentalizado. No podía sacar de mi mente la perfecta curva de sus labios y la forma en que sus ojos se habían oscurecido cuando separó sus labios de los míos. Ese era un recuerdo por el que me sentía atormentada, sólo servía para aumentar mi ansiedad. No podía pasarme esto, no ahora. Una cabellera negra, llamó mi atención. Estaba allí, asomado por la ventanilla de la puerta, ahora cerrada. Buscando algo con la mirada. Sus ojos se posaron en mí, y me hizó una seña para que saliera. ¿Qué demonios? Daniel Rizotti, buscándome. Esto si que sería un chisme perfecto. Levanté la mano. El profesor me observó molesto. 

-¿Puedo ir al baño?-pregunté, mientras batía mis pestañas. Un pequeño truco, que me había enseñado Jessica. 

-Que sea rápido-Rodó los ojos y me entregó un pase. Le dediqué una sonrisa, y salí rapidamente. 

Se encontraba recostado contra la pared, observando aburrido el suelo. Al verme sonrió y se acercó a mí, con su andar despreocupado. 

-Tú y esas hermosas piernas, me tientan-me susurró, abrí mis ojos y sentí mis mejillas encenderse.

-¿Qué quieres, Daniel?-lo aparté de un empujón. Un brillo malicioso apareció en su mirada y no abandonó la sonrisa.

-Vengo a cobrar mi favor-dijo, mientras sujetaba mis caderas fuertemente y me acorralaba, entre él y la pared. 

-¿Qué crees que soy? ¿Tu puta?-espeté antes de abofetearlo, logrando así alejarlo. Se tocó la mejilla, justo donde lo había golpeado y me fulminó con la mirada. 

-Cuida esa boquita, niña-me amenazó. ¿Cómo podría ser tan idiota? Joder, debería alejarme de él. Tenía ya bastantes problemas, como para preocuparme por uno más. Miró por encima de mi hombro y su mirada se nubló, malhumorada. Sólo una persona conseguiría eso con tanta rápidez. Chris. 

Me giré, temerosa, y rogando que no hicieron un espectáculo en medio del pasillo. Chris tomó mi mano y la entrelazo, con la suya. Me sonrió y luego lanzó una mirada llena de odio a Daniel, que parecía estar a punto de golpearlo. ¿Un concurso de meadas? Joder, ambos me sacaban de quicio. Christian, se mostraba posesivo conmigo, como si fueramos algo más que amigos. Y Daniel, joder, él era molesto a toda hora, hiciese lo que hiciese. 

-Ya hablaremos luego, vete-le dije a Daniel, sonrió triunfante. Mierda, ahora tendría que calarme el humor de perro de chris. En cuanto Daniel desapareció de la vista, se giró hacía mí, dejando caer su mano de la mía. Su mirada herida no se apartaba de la mía. Here we go...-Habla de una vez...

-Esas jugando con fuego, Ainhoa. Él no te conviene y tú, muy bien, lo sabes-Me gritó. ¿Tenía que hacer un escándalo siempre? 

-¿Y quién me conviene, él que me besa y luego finge que no ha ocurrido nada?-Su cara de descompusó en seguida, al igual que mis ganas de hacerlo molestar. Odiaba ver como se apagaban de esa forma ese par de ojos azules.

-Haz lo que te de la gana, me estoy hartando de todo esto-escupió las palabras, antes de irse molesto. ¿En qué momento me había equivocado tanto? Ahora si, podía despedirme de cualquier oportunidad que pude haber tenido. Me devolví a mi clase, y me senté en silencio. Valery, al ver mi expresión de hombros y me dedicó una media sonrisa. La ignoré, y comencé a garabatear cosas en la página de mi cuaderno.



Entré a mi habitación, hecha una furia. Comencé a golpear mi armario, hasta que un hilo de sangre descendió de mis nudillos. Mierda. No me dolía tanto, pero mañana seguro que sí. Más era el daño en mi mano, que lo que le había pasado a la puerta del armario. Resoplé, quería morirme. Chris, estaba muy molesto conmigo, y yo no estaba mucho más feliz con él. Me sentía utilizada, cada vez que aparecía Daniel, él llegaba y aparentaba cosas que no eran, sin explicación. Luego me besaba, y fingía que no había ocurrido nada, jugando conmigo. Luego, estaba ese estúpido favor que le debía al idiota de Daniel Rizotti, podría jurar que ese chico iba a ser un dolor de cabeza. ¿Qué estaba pensando cuando subí a su moto? Ah, sí. No estaba pensando. Siempre impulsiva. Volví a sentir la adrenalina correr por mi venas y le propiné otro golpe al maldito armario, con mayor fuerza de la que hubiera deseado. Grité, a causa del dolor, más sangre corrió por mi mano herida. Maldije una y otra vez y corrí al cuarto de baño, abriendo el grifo y dejando correr el agua caliente sobre mi mano. Gemí. Dolía mucho. Mordí mi labio fuerte, evitando que lágrimas se escaparan de mis ojos. Algo me decía que iba a tardar en sanar. Observé el agua rojiza que estaba estancada en el lavamanos. Tomé una de las toallas y la envolví sobre mi mano. Qué día. Me devolví a mi habitación y me lancé sobre la cama, dispuesta a ver si conciliaba con el sueño. 

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