Otro día, otra vez la camioneta negra estacionada frente a mi casa. No quería hablar con él. Demoré más que nunca comiendo, me asomé por la ventana, esperanzada de que se hubiera marchado. Como siempre, me equivocaba. Seguía allí, con la mirada fija en su celular. Era hora de enfrentar al lobo. Salí desganada y me detuvé a pocos centímetros de su auto. Su mirada suave y sus labios como el horizonte, en línea recta. Su cabello despeinado, como de costumbre. Se estiró y abrió la puerta. Subí en silencio, sabiendo que era caso perdido huir. Estuvimos un par de minutos en silencio y Chris tampoco arrancaba.
-Creo que...no debí decir eso ayer-dije apenada. Rehuí a su mirada, ese era una disculpa en mi idíoma.
-No dijiste nada que no fuera cierto-dijo cortante. Tenía razón, a él no le importaba en lo más mínimo lo que ocurrió-. Nhoa, no quiero arruinar las cosas contigo, eres demasiado importante para mí. Y eso que paso fue...-perfecto, dije para mis adentros-¿Qué le ocurrió a tu mano?-Frunció el ceño al ver mi mano cubierta por una venda. Joder. ¿Tenía que darse cuenta justo ahora?. La oculté y me encongí de hombros.
-No es nada-murmuré. Siguió mirándome de mala manera-Deja de mirarme así, sólo tropecé y me golpeé-inquirí.
-¿Tropezar? Tú tienes más agilidad que yo, y mejores excusas-¿por qué tenía que conocerme tanto?
-Cállate-espeté. Era tan irritante como lindo, una verdadera tortura. Tendría que vivir con la curiosidad, hasta que Chris se animara a hablarme otra vez de eso.
Tan añorado viernes. Respiré pesadamente. Había sido una semana desastrosa, de esas que no parecen tener fin. Mi vida era como una montaña rusa, pero de esas que tienen demasiadas caídas en picada. Me desvestí, hasta quedar sólo en ropa interior. Y me dejé caer sobre la cama, como si de un abismo se tratase. Los chicos no me dejaban jugar con ellos por ser una chica, claro, antes de haber cambiado mi forma de vestir eso no les había molestado. Maldije, como de costumbre, al recordar eso. Y el muy idiota de Chris, que no me apoyaba, sólo por haberme lastimado un poco la mano. Observé la herida, sin las vendas. No me dolía tanto y la herida era más larga que profunda. Un golpeteo en la puerta me hizo sobresaltar. Joder. Tomé una de mis camisetas viejas y la pase sobre mi torso, me llegaba hasta la mitad del muslo. ¿En serio había estado utilizando esto? Sacudí mi cabeza y abrí la puerta de mi habitación. Vince. Me sonrió y luego paseó su mirada por mi cuerpo, dejando su mirada fija en mis piernas. Me removí incómoda y comencé a tirar de ella, hacía abajo. Si hubiera sabido que era él me hubiera puesto unos pantalones. Me sonrojé y Vince no se quedó atrás.
-Espera-murmuré, cerré la puerta y tomé los pántalones que había dejado en el suelo. Me vestí rápido y abrí la puerta-Lamento eso, pensé que era mi papá-murmuré apenada.
-No hay problema. Todavía te debo una disculpa por lo del cine-una sonrisa iluminó su rostro-Venía a buscarte, y no tienes excusa esta vez, sólo tu y yo.-Enfatizó la últimas tres palabras.
Joder. Christian tenía razón.
-Vince, no creo que sea buena idea...
Listo, lo dije. Intenté parecer lo más convincente posible.
-¿Es por Christian, no es así?-Frunció el entrecejo. Mierda. Yo no era tan obvio ¿ó sí? Por supuesto que no-Ya sabía yo que tenían algo-¿Qué demonios?
-Cállate-grité y le aventé una almohada. Genial. Lo fulminé con la mirada, él me desafió. Bastardo-¿Quieres que te diga que si estoy con él? Si tanto te importa, te lo diré. NO TENGO NADA Y MUCHO MENOS QUIERO TENER ALGO CON CHRISTIAN MCGIVEN-grité, ya harta de todo ese problema. Sabía que eso era la más grande mentira que había brotado alguna vez de mi boca, pero lo dicho, dicho estaba.
-¿Entonces, qué hay de malo conmigo?-pregunto urgido. ¿Otra vez? Me estaba sacando de quicio, pero no podía ser mala persona con él. Era mi amigo.
-Vince, yo no te veo de esa manera. ¿Entiendes?-busqué su mirada, que vagaba por la habitación, como si fuera la primera vez que estuviera dentro de estas cuatro paredes. Hizo una mueca y asintió, como si le costara trabajo aceptarlo.
-Debo irme-murmuró. ¿En qué momento se había vuelto tan complicada mi vida?
En cuanto se fue, me lancé sobre la cama. Esa constante lucha entre el corazón y la razón, quería llamar a Christian, pero no debía hacerlo. No era correcto, ni sano para mí. Quería regresar el tiempo, hace 1 año atrás. No había apuesta que me hubiera hecho cambiar, tampoco rumores, sobre mí y Chris. No era perfecto, pero era mi vida y la quería de vuelta. Fuí al cuarto de baño y me deshice de la ropa. Abrí el grifo y dejé que el agua caliente resbalara sobre mi cuerpo, relajando mis tensos musculos. Gemí, cuando el agua empapó por completo mi mano herida. Debería tener más cuidado con eso ó se iba a infectar. No podía permitir otro ataque de furio así, no si quería conservar los huesos de mi cuerpo intactos. Después de unos 10 minutos, tomé una toalla y me envolví en el suave algodón. Con otra, intenté secar un poco mi cabello, que destilaba agua a chorros. Paseé mis dedos por el empañado espejo. Me observé por un par de minutos. Mis pobladas pestañas, mis ojos aburridos y la linea recta que era mi nariz. ¿Qué había de lindo ó interesante en mi rostro? Jamás entendería a los chicos, antes creía que si. Ahora, me había dado cuenta de lo equivocada que estaba. Por el silencio de la casa, supongo que estaba sola. Como siempre.
Abrí el refrigerador, esperanzada de encontrar algo de comida. Nada. Suspiré, al mismo tiempo que sonaba el timbre. Maldición. ¿Quién demonios podría ser? Le dí una mirada a mi ropa. Sudadera y short. Al menos, ahora no estaba desnuda. Abrí la puerta, dudosa. Chris. Mierda. Intenté sonreír y lo deje pasar. ¿Qué todos pensaban visitarme hoy?
-Hola, peque-me dió un beso cerca de la comisura de los labios, de esa manera tan tentadora que sólo él sabía. Sentí mi cara encender y suspiré. Esto era una verdadera tortura-Renté un par de películas, ¿ibas a hacer algo?-¿Cómo podía ser tan...él? Estaba perdiendo el hilo de mis pensamientos, excelente. Un buen síntoma. Negué con la cabeza y el sonrió.
-¿Quieres que pida una pizza?-Tomé el teléfono. Sabiendo la respuesta, era más por cortesía. Asintió y caminó hacía la sala. Después de hacer una rápida llamada, seguí a Christian. Estaba acostado sobre el sofá, sin zapatos y los brazos detrás de la cabeza. Sonreí al verlo tan confiado. Me senté en la alfombra, frente al sofá. La mano de Chris voló hacía mi cabello, aún húmedo y comenzó a juguetear con él. Dejándome totalmente desarmada. ¿Cada movimiento que hacía tenía que tentar con mi salud mental?
-¿Cómo sigue tu mano?-Esa pregunta me hizo sobresaltar. Por puro reflejo la oculté, con mi gran sudadera. Se veía peor cuando me acababa de bañar, y no quería otro sermón.
-Estoy bien, Chris. Sólo fue un rasguño-Mentí. Atrayendo más hacía mí mi mano izquierda.
-Te conozco tanto, que sé cuando estás mintiendo-me susurró. Podía sentir su aliento cerca del lóbulo de mi oreja, llevando así escalofríos a lo largo de mi cuerpo-Dame tu mano-alargué mi mano derecha. Se rió un poco y luego negó con la cabeza-la otra, niña tonta-Obedecí. Descubrió mi mano y hizo una mueca al ver lo magullada que estaba. Paseó su dedos suavemente, alrededor de la herida y luego la beso, como si así ayudara en algo-No vuelvas a hacer esto-murmuró como si supiera que había pasado. Me encongí de hombros, sin intenciones de decir la verdad.
-No seas dramático-rodé mis ojos. Increíble, mi capacidad de evadir las cosas con Christian, me asombraba cada vez más.
-Ven aquí-dijo sonriendo, se arrimó un poco hacía atrás, dejándome espacio. Me levanté y me acosté a su lado, utilizando su brazo de almohada, y mi espalda contra su pecho. Mi corazón latió rápido. Ahora no, por favor. Rogué, porque Chris no se diera cuenta. Observe la pantalla, en busca de distracción, pero no lograba concentrarme, no mientras Chris acariciaba mi mano herida suavemente. No podía ser tan tierno, no podía. Me sobresalté al escuchar el timbre y contraje mi cuerpo, pegándole con el codo a Chris, en el abdomen. Se removió dolorido, mientras gemía. Me levanté rápido.
-Lo siento mucho, Chris-dije con remordimiento de consciencia.
-No importa-dijo con una sonrisa, que parecía más una mueca. Se levantó y fue a ver quién era. Gran manera de arruinar momentos lindo, Ainhoa. Me regañé a mí misma. Regresó con una caja alargada, entre sus manos. Pizza. El estómago me rugió. No me había dado cuenta de que tenía tanta hambre.
ME ENCANTO♥
ResponderEliminarSEGUILA
Morí al pensar que este era el último capitulo!
ResponderEliminarEmpeze a leer esta novela apenas esta madrugada y me gusto mucho. Continuaras con ella? Moriré si dices que no. Si continuaras con ella dejando un mensaje porfavor te lo agradecería mucho:) (Perdona si no uso comas pero no sé utilizarlas aún).
Siguelaaaaaaaaaaa Por favor, me encantaaaaaaa
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