Iba saliendo de la secundaria del Gran Buenos Aires, intentando pasar desapercibida, evitando que mis amigas me vieran. Como era de esperarse, sucedió lo contrario.
– ¡Rouge! – me llamó Lei. – Tenemos educación física, ¿no te quedas? – Educación física, lo había olvidado por completo.
– Tenemos una hora antes de que empiece la clase, pensábamos en ir a comer al Mc donald’s, ¿vienes? – me preguntó Pau, le sonreí.
– Mmm… no traje tanta plata hoy, creo que comeré algo en el buffet.
– No te preocupes por eso, yo te invito – me dijo Bruno, abrazándome de costado.
– No, enserio, quizás otro día. Aprovecharé el tiempo libre para almorzar y adelantar las tareas. – Mafer y Nela que se habían sumado a la salida me miraron con una mirada que expresaba un claro ‘no te creo’.
– Mmm… está bien… si no quieres venir no te obligaremos – dijo Merlina con un poco de timidez. Yo le agradecí con la mirada.
– Bueno, aguafiestas, te vemos luego. – me saludó Nela antes de marcharse junto con las demás. Bruno me miró dudando, yo le sonreí para tranquilizarlo. Él fue él último en seguirlas acompañado por Nico, uno de sus amigos.
Cuando se alejaron entré en el gimnasio. Fui hasta el buffet que se encontraba dentro e hice la fila para encargar mi almuerzo. Una coca cola zero, con una hamburguesa.
Me senté en una de las mesas de a dos que se encontraba desocupada, y mientras comía, impresionándome a mi misma, me encontré realizando mis tareas como por… tercera vez en el año. Quizás estaba abusando del hecho de que tenía buenas calificaciones no haciendo las tareas, pero realmente no me interesaba.
Pasaron los primeros quince minutos desde que estaba allí y ya me encontraba completamente fastidiada, las chicas de primer año que estaban teniendo educación física eran las más insoportables y quejosas de la historia. Con todo el barullo que hacían me costaba gran trabajo terminar los ejercicios de matemática que me habían quedado sin hacer, estaba por gritarles un insulto a aquellas chicas cuando al alzar la vista vi a Simón concentrado mirándome. Me dedicó una sonrisa, sin inmutarse por el hecho de que lo había encontrado con la vista en mí. Yo creía que si fuera al revés, yo no sabría como disimular la pena. Se acercó y se sentó en el asiento enfrentado al mío.
– ¿Cómo va eso? – dijo con su voz tranquila. Aquel sonido me daba tanta paz que casi creí que iba a lanzar un suspiro.
– Me iría mejor si aquellas tipas dejaran de hacer tanto despelote. Me cuesta concentrarme. – dije mirándolas con tal resentimiento que le arrancó una sonrisa. – A demás, estos ejercicios son más difíciles que los anteriores. – dije con un pequeño puchero. Él posó su manó sobre mis labios y los estiró hasta que formó una sonrisa. Luego tomó mi carpeta y leyó el ejercicio y al minuto siguiente ya me estaba explicando como resolverlo. No podía comprender como hacia para que todo resultara tan fácil. Comencé incluso a preguntarme si no tendría ese poder, hacer que todo fuera más simple, mejor, feliz… Lo contrario a como se veía el rostro de Jona que nos observaba desde una mesa lejana. Pamela tenía sus brazos enroscados cual serpiente alrededor de su cuello. Él no le prestaba atención en lo absoluto, sus ojos mostraban algo que no supe identificar. Todo en él se veía tenso, enojado… demasiado raro para mi comprender.
– Está celoso. – aquella idea interrumpió mis cavilaciones. Simón también lo miraba.
– ¿Por qué estaría celoso?, si sólo estamos haciendo tarea – dije nerviosa.
– Tal vez si él estuviera aquí y yo me acercara demasiado a ti… – decía acercándose sin dejar de mirarme – e hiciera esto… – acarició mi mejilla suavemente. – e intentara besarte… – arrimó su cara a mí, haciendo que lograra sentir su aliento en mis labios – vendría aquí y me golpearía hasta matarme.
Yo no hice nada, me quedé quieta, tal vez congelada y sin dejar de mirar sus perfectos ojos oscuros. Él seguía cerca de mí, a milímetros de mis labios. No entendía nada, sus palabras eran tan inesperadas.
Él miró hacia Jona, él ya no nos miraba, por lo que Simón preguntó:
– ¿Crees que si te beso en este momento, él telepáticamente lo sabría y vendría aquí a interrumpirnos? – dijo bajando su miraba a mis labios rosados.
No estaba segura de si lo sabría o no, sólo deseaba que nada nos interrumpiera, no esta vez. Desgraciadamente si sucedió. Pero no quien yo pensaba, creí encontrarme a Jona cuando viera a un lado, sin embargo allí se encontraba Bruno. Paralizado.
– ¿Bruno? – pregunté despacio. – Creí que ibas a acompañar a las chicas al Mc. – Él me miró, su mirada dolía.
– Iba a hacerlo, pero no quería dejarte sola. Aunque veo… que no tardaste mucho en encontrar compañía.
– No te preocupes – le dijo Simón. – yo ya me iba.

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