domingo, 2 de junio de 2013

"Rumor has it..." Capítulo X.

Si estar 3 días con una hostilidad palpable en el ambiente con tu mejor amigo no era un castigo, entonces no sabía que lo era. ¿Debería disculparme? Por supuesto que no, esas palabras que él dijo jamás salieron de mi boca. Chasqué la lengua cuando vi a Vince trotar hacía mi. Había pasado de ser agradable a muy molesto con su constante atención. 

-Nhoa-saludó alegre. Le dí una palmadita en su hombro antes de que pudiera acercarse a besar mi mejilla-Es viernes, ¿vendrás a mi fiesta? 

-¿Otra?-era más una queja. No es que fuera aguafiestas ó algo así, pero me encantaría saber que clase de trato tenía con sus padres para que lo dejaran hacer fiesta cada fin de semana. 

-Así es y me prometiste que irías-Mierda. Eso era lo que había olvidado. Excelente. 

-Esta bien. Debo irme a casa-espeté rapidamente y corrí de allí, literalmente. Quería asegurarme de no conseguirme con Christian. 




Los ajustados jeans descansaban en mi cadera gloriosamente, la camiseta un poco más suelta llegaba hasta un poco más arriba de esta misma. Calcé mis zapatillas y tomé un abrigo, recordando la semana pasada. Y el protector brazo de Chris, sobre mis hombros. Escuché el timbre. Mierda. No esparaba a nadie. Mi padre estaba en una cena de beneficencia del periódico en el que trabajaba, junto con Shellby. Me asomé por la ventana de mi habitación, una camioneta negra estacionada en el puesto de mi padre. Chris. Resoplé y en menos de 3 minutos estaba en el umbral de la puerta. Podría facilmente fingir que no había nadie, así no tendría que ir con él. 

-Sé que estás allí. Vi la luz de tu habitación encendida-Me gritó desde el otro lado. Mierda. Suspiré y abrí, apenada ahora-Hola-murmuró con una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos-¿puedo pasar?

Asentí. Me dí cuenta que no estaba arreglado como siempre. Pasó a mi lado y siguió su camino hasta mi habitación. 

-Esto apesta-dijo mientras se lanzaba sobre mi cama. Casi me causo risa la escena-¿sabes que te quiero, no es así? 

No pude evitar sonrojarme, asentí con un pequeño atisbo de una sonrisa en mi rostro.

-Y no quiero que te lastimen, Nhoa-esto lo dijo bajito-. Daniel es un idiota y Vince, se enamora a diario de cualquier chica. 

-¿Qué tiene que ver Vince en esto?-Estaba muy confundida. Chris me miró como si estuviera loca y luego profirió una carcajada.

-¿De verdad, no te has dado cuenta?-Negué con la cabeza mientras fruncía el ceño. Siguió riendo-Nhoa, Vince te invitó al cine porque quería salir contigo. ¿No te has dado cuenta de como te mira?-Su mirada se suavizó y palmeó a su lado. Me acerqué y me recosté cerca de él. 

-Pero...yo soy...yo-murmuré. Soy la marimacho, la fea de las niñas, la última persona que invitarías al baile de primavera. Por lo que Chris se quedaba sin pareja, a propósito, para no dejarme sola. Lo cual, agradecí, pero después de 2 años, me cansé, por lo que comencé a amenazar a Chris que dejará de hacerlo.

-¿Qué tengo que hacer para que dejes de pensar así de ti misma? Dímelo y lo haré, Nhoa-Estaba serio. Me perdí en esa perfecta mirada, era como viajar a través del cielo, cuando estaba oscureciendo, lo suficiente, tomaba ese color. Eso era yo, un peso muerto que este chico cargaba cuesta arriba, sino fuera por él estaría en algún internado ó una escuela militar.

Suspiré, dejando que el silencio se apoderara de la habitación.

Estabamos acostada uno al lado del otro, pero como estabamos recostados de lado, podiamos ver nuestros rostros a la perfección. Casi parecía que había una línea imaginaria en medio. Alargó su mano y acarició mi mejilla suavemente, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Mientras yo estudiaba su rostro de una manera que jamás lo había hecho. Su perfecta tez clara, pero no tanto para ser paliducho. Sus grandes ojos azules, su nariz perfilada y la curva pequeña que me guiaba hasta sus labios, no muy gruesos, pero tampoco finos. Conservaban un perfecto balance. Yo sabía que detrás de ellos se escondía un hilera de dientes perfectos y blancos. Recordé, que la última vez que él había estado aquí sus labios habían tocado mi oreja, llevando escalofríos a lo largo de mi cuerpo. Acercó su rostro al mío, mientras con la mano que estaba en mi mejilla me alentaba a acercarme. Mierda. ¿De verdad, iba a besarme?. Me quedé helada. Se detuvó a escasos centímetros. Podía sentir su aliento impactar contra el mío. Mordió su labio y luego suspiró.

-Algún día-murmuró demasiado bajo, pero no lo suficiente para que yo no lo escuchara. Se alejó y luego se sentó, de espaldas a mí. 

Me quedé mirando el techo, pensando lo que acababa de pasar. Chris iba a besarme y yo no pensaba detenerlo. 

-Debo irme, le dije a mamá que vendría por un rato nada más-Se levantó y caminó hacía la puerta, donde se detuvo. Se devolvió y me besó cerca de la comisura de los labios. Me tensé. Mierda. No me permitió decirle nada y salió mandado por la puerta. 

Miré el reloj, 11:45 p.m. ¿Qué demonios? ¿En qué momento se nos fueron 2 horas? Maldije por lo bajo y me dejé llevar al mundo de los sueños. Si antes no estaba convencida de ir a esa fiesta, ahora mucho menos...



Lo malo de un sábado es no saber qué hacer. Había dejado mi celular sobre la cama, mientras entraban las llamadas insensantes de Vince. Estaba sorprendida de su insistencia, y ya comenzaba a frustrarme. Quería hablar con Chris, necesitaba hacerlo. Estaba demasiado confundida, quizá yo había exagerado y confundido todo, como siempre. No sería la primera vez. Pero, esto era algo diferente. Suspiré y me dejé caer derrotada sobre mi cama, estaba mentalmente agotada, no había podido conciliar con el sueño en toda la noche, por lo que bajo mis ojos descansaban unas pequeñas marcas oscuras. Cerré mis ojos, intentando dejarme llevar, entre los brazos de mi buen amigo, Morfeo. 


Abrí mis ojos desorientada, por la cantidad de luz que se colaba, a través de la ventana de mi cuarto, todavía era de día. Había algo inusual, algo que me había hecho despertar. Paseé mis ojos por la habitación y fue luego que noté a alguien sentado en el suelo, junto a mi cama. Chris. Me observaba con sus grandes ojos hechizantes y tenía una pequeña sonrisa entre sus labios. Esos labios, que habían rondado por mi mente toda la noche, mi memoria, incluso, no le hacía justicia a la perfecta curva. Parpadeé un par de veces, todavía soñolienta.

-Hola bella durmiente, pensé que no despertarías nunca-susurró. Su suave voz se metió dentro de mi piel y me hizo estremecer. Mierda. ¿Desde cuándo me afectaba tanto lo que hiciera Chris? 

-¿Desde cuándo estas aquí?-pregunté, para luego proferir un gran bostezo. Sus ojos se suavizaron y no dejaron de hacer contacto con los míos.

-Bastante rato, te ves linda cuando no estas gritando y enfadada a toda hora-Sentí el calor inundar mis mejillas, baje la cara, esperando ocultar el rubor. Ainhoa, tranquilízate. Me dije a mí misma. Respirar, que no se te olvide respirar.

-Cállate-dije, ahogando una pequeña risa tonta. ¿Flirtear con mi mejor amigo? ¿en serio?. Volví a cerrar los ojos, aún estaba cansada. 

-Levántate, dormilona-Sentí el colchón ceder bajo su peso-¡Nhoa, levántate!-Sacudió ligeramente mi hombro. Tomé la almohada y rodeé mi cabeza con ella. La risa contagiosa de Chris se escuchó. Un brazo sujetó mis rodillas y el otro la parte alto de mi espalda, llevándome así en brazos, como si de un bebé se tratase.

-Bajame-gruñí. Pero en cambio su agarre se hizo más fuerte y me acerco más a su pecho, su fuerte risa aullentó el silencio de la habitación-Mierda Christian, ¿quién demonios te dejó entrar?

-Pensándolo mejor, vuelve a dormirte-Hizó un mohín y maldita sea, no debería ser legal verse tan sexy haciendo un puchero. Suspiré y aparte la mirada de su rostro, intentando recobrar mi cordura. Alejate de él y de sus perfectos labios. Son AMIGOS, MEJORES AMIGOS. No confundas las cosas Ainhoa. Mi consciencia era como el eco de algo que alguien gritaba dentro de mi cabeza, pero nunca lo escuchaba a tiempo, por lo que sólo contaba con el eco.

-Por favor, bajame-me corregí. Sabía que debía tratarlo bien si quería conseguir lo que quería. Su puchero desapareció y besó mi frente, antes de aflojar su agarre y sentarme en la cama, se paró sobre sus rodillas frente a mí, acarició despacio mis ojeras.

-¿Pasa algo?-susurró. Negué con la cabeza gacha, presa de la vergüenza. Tomó mi rostro entre sus grandes manos y fue dejando besos, en mi frente, nuevamente, bajo mis ojos, sobre las ojeras, descendió hasta la punta de mi nariz. Escuché con atención mi desenfrenado corazón, estaba segura de que él también podía oírlo. Su mirada, fija en mis labios. Mierda. ¿Qué debía hacer? Debatí en mi mente. Acortar la distancia y unir nuestros labios en un beso, mi primer beso. Ó apartar su rostro, dejándole claro que no quería tener ese tipo de relación con él. No sabía nada referente al amor, por lo que cómo demonios iba a saber si estaba enamorándome de mi mejor amigo. Chris vaciló durante un par de minutos y luego se acercó y beso mi mejilla, en más tiempo del que le tomaría a cualquiera hacerlo. 

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