jueves, 6 de junio de 2013

"Miles Away" Capítulo 8.

Había dos patrullas de policía, las fuertes luces de los vehículos le cegaban la vista, es por eso que Gabby lo único que hizo fue confiar nuevamente en su nuevo vecino, dejar que su mano la guiara y rezar porque nada malo le hubiese sucedido a Colbie.

De repente, las palabras que Logan le había dicho ese mismo día resonaron en su cabeza, como torturándola; «No creo que haya problema que cuando Colbie se duerma vengas, la última vez que alguien robó algo en Nashville fue hace cinco años, un niño que accidentalmente había tomado un paquete de patatas fritas del mercado de mi familia»

¿Logan lo había dicho solo para animarla a que fuera a la fogata o realmente nadie robaba en Nashville y ella había tenido la mala suerte de ser la primera luego de años? Y un sabor amargo le recorrió la garganta, un sabor de disgusto hacia las palabras de Logan, porque gracias a ellas se había confiado y había dejado a su hermanita completamente sola.

En tan solo segundos Gabby y Logan llegaron al patio delantero y cuando ella vio a Colbie envuelta en una manta, sana y salva, se quitó un inmenso peso de encima. Dio un prolongado suspiro de alivio, se detuvo en su lugar por unos segundos para observarla, Logan la imitó. 

Pero la expresión de terror en el rostro de Colbie provocó que Gabby alzara la vista hacia su nueva casa; ésta había sido bombardeada con huevos y pintura, sin mencionar el papel higiénico que estaba por todas partes, envolviéndola. A Gabby se le hizo un nudo en la garganta ante tal imágen, ¿quién rayos podía hacer algo así? Y... ¿por qué?

Gabby sintió como sus ojos comenzaron a humedecerse pero ahora no tenía que ser débil, tenía que ser fuerte, por su hermana, por su familia. Comenzó a parpadear con mucha rapidez, para que las lágrimas no se le escaparan y retomó el paso. Logan detrás de ella, también, perplejo.

Se oían las voces de los policías que tranquilizaban a Colbie, mientras le tendían una taza con un poco de té, pero la niña no dejaba de llorar tan solo sus ojos se iluminaron cuando vio a su hermana mayor llegar junto a ella y cuando sintió sus brazos alrededor de su diminuto cuerpo, arropándola. Eso era todo lo que ella necesitaba, a su hermana mayor protegiéndola, como siempre lo había hecho.

—Estoy aquí, pequeña—musitó Gabby, mientras le acariciaba el cabello y, ésta vez, no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas.—Estoy aquí, nada malo va a pasarte...

La voz de Gabby se había quebrado por completo y Logan no pudo evitar sentirse culpable, por lo que le había dicho aquella tarde, por haberle insistido de tal forma y haber provocado todo esto. Gabby observó a Logan y él entendió perfectamente la petición, sus ojos la delataban pero no tenía las fuerzas necesarias como para hablar.

—¿Qué sucedió?—le preguntó Logan a los dos policías que se encontraban detrás de las chicas. Eran el agente Pipe y Jills, dos de los diez únicos policías de Nashville.

Pipe era el más robusto, tenía la piel oscura y era calvo, mientras que Jills era todo lo contrario, flacucho y alto, con el pelo rojo. Pipe fue el primero en hablar.

—Estábamos en la estación cuando recibimos un llamado de tu casa Logan,—el agente lo observó—era tu madre, que denunciaba que había un par de chicos vestidos de negro jugándole una broma a los Nicolini. Nos dirigimos aquí lo antes posible y cuando llegamos notamos que nadie respondía a la puerta y que los atacantes ya se habían retirado. Luego de unos minutos oímos el llanto de la pequeña, estaba escondida en el baño encerrada, llamando a gritos a su hermana.—Gabby no pudo evitar sentir como el pecho se le comprimía ante las palabras del agente de policía.—Se había despertado apenas los atacantes habían comenzado a arrojar los objetos y pensó que eran ladrones, fue solo un susto.

Una rabia incontrolable comenzó a ascender por el cuerpo de Gabby, de los pies a la cabeza, y no pudo evitar ponerse de pie furiosa.

—¿Solo un susto?¿Eso qué significa?—Ella soltó un bufido—¿Qué no van a hacer nada?

Esta vez, fue el agente Jills el que interrumpió.

—No podemos hacer mucho que digamos, señorita Nicolini—observó él y Gabby negó con la cabeza, no podía creerlo.—Fue solo una broma de algún jóven, no es que podamos meter preso a alguien por eso.

—¿Usted está bromeando, no es cierto?¿No pueden meter preso a alguien que ataca una propiedad privada?—ésta vez Gabby había comenzado a gritar, mientras le sostenía la mano a Colbie, que había dejado de temblar.—Son increíbles, la verdad, gracias por su estúpida ayuda.

Gabby se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia su asquerosa casa, con su hermanita pequeña de la mano. No le importaba en absoluto si había sido insolente o si había sido maleducada, no en esos momentos. Abrió la puerta y depositó a Colbie en el sillón y puso agua para el té, necesitaba algo de tilo en ese momento. Mientras el agua se calentaba se sentó junto a su hermanita.

—¿Cómo te encuentras?—le preguntó ella y Colbie se dedicó a decir un simple y seco "bien" que le partió el corazón.—¿Puedes perdonarme?No quise dejarte sola, jamás imaginé que esto iba a pasar.

Colbie apartó la vista de la de su hermana.

—Primero me abandona mamá, luego papá y ahora tú...

Si, la hermana de Gabby de tan solo ocho años estaba decepcionada de ella, luego de todo lo que habían pasado juntas Gabby le había roto el corazón y sus palabras se lo habían roto a ella también.

Se puso de pie cuando la pava comenzó a hacer ruido y se sirvió una taza de té, las lágrimas le caían en picada por sus mejillas, provocando que sus ojos se pusieran rojos. Cuando volteó notó que Colbie ya no estaba allí, entonces corrió a toda velocidad a su habitación pero tampoco se encontraba allí. Se había comenzado a desesperar, buscó en su propia habitación y allí estaba ella, abrazada a la sudadera que solía usar su madre; era una roja desgastada, y Colbie la sostenía en brazos y se había quedado profundamente dormida.

Gabby se desvistió en silencio y se puso el pijama, se tumbó junto a su hermana y cogió su móvil; no había ni un solo mensaje de Blake y eso ya la estaba preocupando. Spencer le había mandado más de cincuenta pero su novio no daba señales de vida, ¿es qué la seguía queriendo como antes?¿A pesar de la distancia? Gabby no quería averiguar la respuesta en esos momentos así que lo apagó y cerró los ojos, abrazó a su hermana mientras se preguntaba quien rayos le había hecho semejante barbaridad a su casa. Y, en la oscuridad, la popular chica de la ciudad rompió en llanto, pensando en lo desafortunada que era.


Cuando Gabby se despertó y se fijó la hora en su reloj notó que ya eran las diez de la mañana del domingo y que su hermana no estaba junto a ella. Mientras se ponía de pie bostezó y estiró las piernas, todavía algo aturdida por todo lo sucedido la noche anterior. Su padre le había enviado un SMS preguntándole como se encontraban pero ella no le había respondido aunque sabía que, eventualmente, iba a llamarlas.

Descendió las escaleras y llegó al comedor, donde había un plato con cereales y leche medio terminado; Gabby supuso que era de Colbie y, al mismo tiempo, se preguntó donde rayos se había metido. De pronto, comenzó a escuchar voces afuera y estaba segura que una de esas era la de su hermanita pequeña.
Abrió la puerta principal y observó a Logan y a Colbie jugar, como si se conocieran de toda la vida. Gabby estaba estupefacta.

—Te has despertado, Bella Durmiente—bromeó Logan, apenas la vio. Él le dedico una sonrisa de medio lado, mientras Colbie le gritaba que le hiciera no sé que cosa de un juego de nuevo.—Bonito atuendo—señaló él y Gabby no pudo evitar ahogar un grito.

Ella estaba solamente en pijama y ni siquiera lo había notado, había salido de su casa luciendo como una momia, ¡por Dios! Solo llevaba puesto unos shorts blancos y una blusa gris que le quedaba grande, llevaba el pelo suelto. Pero ella odiaba su pelo en las mañanas, de la forma que se le enredaba y los bucles que se le formaban en las puntas. 

—Oh...—soltó involuntariamente.

—No pasa nada—farfulló Logan y alzó a Colbie en brazos, la pequeña estaba extasiada.—¿Esa ropa puede mancharse?

La pregunta de Logan la dejó perpleja e intrigada.

—¿Por qué?—inquirió ella.

—Sabes Gabby, no se responden las preguntas con otras preguntas—indicó su nuevo vecino y comenzó a caminar hacia donde se encontraba ella. 

—¿Por qué no?—exclamó ella, desafiándolo. Logan soltó una carcajada y depositó a Colbie junto a ella.

—¿Por qué no saludas a tu hermana y vas a ponerte algo de ropa vieja?

Colbie le dedicó una inmensa sonrisa, le dio un beso en la mejilla a Gabby y salió disparada hacia su habitación. Gabby no entendía que se traía entre manos.

—Gabby, quisiera hablar contigo.—Ella asintió con la cabeza y se cruzó de brazos. Había un banco de madera en el porche de su casa y los dos se sentaron allí. Los ojos de Logan buscaban su mirada expectantes, pero ella se intimidó ante ello.—Lo siento mucho, Gabby, no tenía idea que algo así iba a suceder. No quise poner en peligro a tu familia, me siento fatal.

Se notaba en la voz de Logan que sus palabras eran sinceras y que, realmente, se sentía mal por todo lo sucedido. Gabby no podía decir que ella no había pensado que por una parte la culpa era de Logan pero, al escuchar sus palabras, todos esos sentimientos negativos se esfumaron como por arte de magia.

—Logan, sabes que nada de ésto fue tu culpa—masculló ella y, esta vez, observó sus ojos café por más de dos segundos.—Igualmente, la estaba pasando bastante bien ayer por la noche, gracias por haberme invitado.

Él le sonrió.

—Por nada, cuando quieras.

«¿Por qué te fuiste?¿Por qué estabas en el bosque?¿Por qué desapareciste justo cuando más te necesitaba?» Gabby se vio tentada a hacerle aquellas preguntas pero tan solo no pudo hacerlas, como si hubiera algo que le obstruyera la garganta.

—Ven, tengo que mostrarte algo—Logan le extendió la mano y ella la tomó, preguntándose nuevamente que se traía entre manos.

Descendieron las escaleras del porche y Logan la estaba guiando hacia el pequeño garage junto a su casa pero...¡Oh, Dios Santo! Gabby no lo había notado porque no había visto su casa de frente, estaba completamente limpia y blanca; las manchas de huevo y pintura habían desaparecido, habían sido reemplazadas por el color blanco original de la casa y el papel higiénico tampoco estaba.

Ella frenó el paso y Logan se volteó.

—¿Qué pas...?—Logan notó que Gabby estaba observando la casa y se quedó en su lugar también. 

Gabby lo miró pero él no parecía para nada sorprendido.

—¿Logan, qué rayos...?—le preguntó ella, todavía boqui-abierta. 

Él se encogió de hombros.

—Ah sí, quizás le dí una mano de pintura y saqué el papel higiénico, ¿olvidé mencionarlo?—Se dio la vuelta—.No tiene importancia.

¿¡QUÉ¡?¿Cuando Logan se había subido al techo de su casa para tapar las manchas de pintura y sacar todo el papel higiénico que habían arrojado la noche anterior?¿Por qué había hecho eso? Y...¿por qué no se lo había dicho? Gabby estaba demasiado confundida pero antes de que Logan continuara su camino lo tomó por el hombro.

—Detente,—le ordenó ella, con una voz fría.—¿por qué pretendes que nada ha sucedido?Logan, lo que hiciste...como pudiste hacerlo sin pedir ayuda...

—Es suficiente, Gabriella—interrumpió él, se dio la vuelta y se soltó de sus brazos. Sus ojos prendidos en llamas.—Sé lo que hice, no quiero discutirlo contigo.
Gabby no entendía porque le hablaba de aquella manera, porque se mostraba tan ofendido.

—¿Por qué lo hiciste?—soltó ella, de todas formas.

Logan continuó caminando, dirigiéndose al garage, ignorándola por completo. Ella le siguió el paso y antes de que pudiera abrir la puerta del pequeño cuadrado de madera ella lo detuvo nuevamente.

—Sabes que no voy a quedarme de brazos cruzados.

—¿Por qué no simplemente me das las gracias y continuas con tu vida como haría cualquier otra persona?—espetó, sin siquiera mirarme.

—Eres tan terco, es increíble. Gracias Logan, gracias por haber limpiado el desastre que un extraño que me odia provocó en mi casa, gracias por hacerme sentir todavía más insignificante de lo que me siento aquí...

Las palabras de Gabby habían salido de su boca casi involuntariamente, las había escupido por completo. Y, cuando las pronunció, el nudo en su garganta regresó y no pudo evitar abrazarse a ella misma, sintiendo el mismo dolor que la noche anterior mientras abrazaba a Colbie y a la antigua sudadera de su madre.

Logan abrió los ojos de par en par ante las palabras de su nueva vecina.

—Gabby, sabes que no lo hice para...

—Sé perfectamente cual fue tu intención, Logan—le respondió Gabby, intentando sonar lo más serena posible.—En serio, te lo agradezco mucho, eres la única persona aquí que haría algo así por mi y eso significa muchísimo para mi.

Y, desde que Gabby había visto su casa hacía unos minutos fue la primera vez que vio al Logan de siempre, tranquilo y compasivo; dio un paso hacia adelante y sin vacilar enredó sus brazos en su espalda y la estrechó en un abrazo correspondido por ella.

Gabby sintió el aroma a menta que manaba su cuerpo, el mismo que había sentido en el bosque, y por primera vez sintió que pertenecía a Nashville, quizás solo por su amistad con Logan pero para ella eso era más que suficiente.

Se separaron, aunque sus miradas continuaban unidas.

—Ningún amigo mio me llama Gabriella, solo lo hacen mis padres—confesó Gabby.

Y no pudo sentirse más que contenta cuando Logan le dedicó una de sus típicas sonrisas de medio lado y la tomó de la mano nuevamente.

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