Gabby sonrió. Hacía tiempo que no se sentía tan feliz en
toda su vida, la muerte de su madre la había afectado más de lo que jamás
hubiese imaginado y haber ganado el campeonato de hockey, de cierta forma, la
reconfortó. El gimnasio del Instituto estaba repleto de estudiantes, extasiados
por la reciente victoria al igual que la mayoría de los profesores y
directivos. Cada año celebraban la misma fiesta y para Gabby todas tenían algo
en particular, algo distinto; hacía tres años habían decidido traer a una banda
de pop, The Shafters, muy conocida en el estado de Washington D.C, luego habían
pisado también el suelo del gimnasio varios acróbatas y gimnastas; ¿Y qué decir
de los niños del orfanato N°5 a los qué los habían invitado a pasar la velada
con ellos?
Pero, este año para Gabby superó todas sus expectativas. No
solo se sentía feliz ante el hecho que ella había llevado a su equipo a la
victoria si no que también estaba acompañada por su hermana Colbie, su padre
Filippo y su novio Blake; no olvidemos mencionar a Spencer, su mejor amiga.
El gimnasio estaba decorado con muchos detalles, desde las
cortinas azul marino hasta los centros de mesas que eran una pequeña estatuilla
con un palo de hockey. La vibra positiva del lugar hacía que todos los
presentes se sintieran agusto y Gabby disfrutó ser elogiada y felicitada, le
encantaba ser el centro de atención.
Ella llevaba puesto un vestido blanco y unos zapatos rojos,
que representaban el color de su equipo y su mejor amiga Spencer, en cambio,
había optado por usar uno de color verde. Eran como hermanas gemelas, las dos
inseparables.
Blake era la clase de chico que Gabby siempre había soñado,
era apuesto, divertido y el mariscal de campo; ¿qué más podía pedir? Y la había
elegido a ella, dentro de todas las bellas chicas del Instituto, él la había
elegido a ella y no solo por ser la más bonita si no porque realmente la
quería. Y Gabby lo amaba también.
Mientras bailaban al ritmo de la música ella no pudo evitar
pensar lo afortunada que era, podía ser caprichosa y muy consentida pero ella
se merecía todo lo que tenía y lo tenía bien claro.
Blake la besó en los labios.
—Felicitaciones, Capitana.—susurró él, cerca de su oído.
Ella enredó sus brazos alrededor de su cuello y continuaron
con el baile; no se sentía incómoda porque su padre se encontraba allí ya que
él aceptaba a Blake, es más, lo adoraba y era el jóven que siempre había
deseado para su pequeña.
El padre de Gabby era descendiente de italianos y no solo te
dabas cuenta por el nombre y el apellido, también por el aspecto y la
personalidad; era dueño de una gran empresa dedicada a la venta de helados y
era un dedicado trabajador. Había quedado viudo hacía seis meses, Gabby podía
oírlo a veces por las noches cuando lloraba y no podía evitar hacerlo ella también,
le partía el corazón ver a su padre de esa forma. La madre de Gabby se llamaba
Jane, sus padres se habían conocido cuando tenían diecisiete años en un viaje a
California y se habían enamorado perdidamente.
Tenía tantas historias para recordar pero no podía
concentrarse mientras Blake la besaba, mientras la observaba a los ojos de esa
manera: su cabello era del mismo tinte que el de Gabby, marrón oscuro y tenía
los ojos verdes, al igual que ella. Parecían estar hechos el uno para el otro.
—¿Me permites?—El padre de Gabby tomó su mano y Blake se
marchó sonriendo.
Continuaron bailando.
—¿Va todo bien?—le preguntó Gabby, al notar el semblante
algo nervioso de su padre. Él hizo una sonrisa falsa.
—Claro, todo está perfecto.
Gabby había sentido el vacío en aquellas palabras y sintió
un malestar en el estómago, como un mal presagio. Borró ese sentimiento de su
mente y continuó bailando junto a su padre mientras observaba a Blake que
jugaba con la pequeña Colbie.
Colbie su hermana, de tan solo ocho años, era una niña muy
inteligente y divertida, siempre llevaba dos colitas que recogían el cabello
rubio oro que tenía y que hacían resaltar sus ojos color cielo. Siempre se
preguntaban porque Colbie tenía ese aspecto, Gabby era más mediterránea,
llevaba el cabello marrón lacio por arriba de la cintura, tenía los ojos verdes
al igual que su padre y el típico rostro europeo; angulado, nariz pequeña y
ojos medianos. Pero Colbie era diferente, la madre de Gabby solía decir que se
parecía a su bisabuela que era polaca.
La velada transcurrió rápidamente y, antes de marcharse, el
equipo se juntó en el vestuario. Gabby sabía que había llegado el momento de
hablar y comenzó a sentir los nervios a flor de piel.
Eran exactamente catorce chicas y la entrenadora que no
podía estar más orgullosa de todo lo que había logrado aquel año. Gabby pidió
silencio más de una vez y cuando finalmente lo hicieron sintió como las manos
le temblaban.
—Vamos, habla. - le murmuró Spencer.
Ella sacudió la cabeza.
—Bueno creo que todas estamos conscientes de lo que hemos
logrado este año, continuamos con la tradición de este Instituto y me
enorgullece decir que jugamos limpio y justo. — Gabby se aclaró la garganta. —
Sabía desde el principio que íbamos a ganar porque somos las mejores, ¿no es
así? — Vociferó ella y todo el equipo comenzó a aplaudir. — Me enorgullece
haber sido la capitana este año y, a pesar de que todavía quedan dos meses,
siento como el tiempo vuela y sé que en cualquier momento voy a cruzar esa
puerta y nada va a volver a ser como antes. Por lo menos a lo que es ahora. —
Todas le dedicaron una sonrisa de consuelo. — Gracias por este año tan
sensacional, por haberme elegido a mi como su capitana, por haber llegado tan
lejos, por el esfuerzo en equipo y más que nada porque logramos lo que quisimos
desde el comienzo; ganar.
Todas se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir, mientras
gritaban y cantaban; finalmente todas se abrazaron y a más de una se le escapó
una que otra lágrima. La entrenadora le agradeció a Gabby por todo lo que había
sacrificado y le confesó que ansiaba que ella se quedara más años en el
Instituto porque había sido una de las mejores capitanas con las que había
trabajado. Ella no pudo evitar sentirse conmovida.
Cuando salieron del vestuario Blake la estaba
esperando, con una inmensa sonrisa en el rostro.
Tomó su mano y comenzaron a caminar.
—¿Qué tal estuvo?—le preguntó él.
—Increíble, no quiero que termine.— le confesó Gabby con una
extraña agonía en su voz. —. Todo pasó tan rápido.
—Lo sé, ¿te gustaría acompañarme a un lado?— Blake aminoró
el paso y le dió un suave beso en los labios.—Quiero mostrarte algo.
Gabby no vaciló; habló con su padre y le prometió volver a
casa antes de la una de la mañana, él en cambio si vaciló unos segundos pero le
permitió marcharse con su novio. Blake había ido a buscar su coche y ella
estaba esperando sola en la puerta de entrada cuando Spencer se acercó.
—¿Te vas con Blake?— le preguntó su mejor amiga con una
sonrisa risueña.
—Sí, vamos a dar un paseo.— le contestó Gabby y ella soltó
una risita.
—Bueno, seguramente la van a pasar mejor que yo de eso no
cabe duda.— bramó Spencer, algo molesta.—¿A quién se le ocurre organizar una
fiesta en mi casa con mi familia? Solo a mi madre.— Bufó, furiosa.—. No quiero
escuchar a la tía Maggie quejarse de los precios del supermercado y que el
abuelo Ben nos cuente las historias de cuando iba a la secundaria.
Gabby carcajeó ante la repentina furia de su mejor amiga.
Sonó el cláxon; era Blake.
—Bueno, tengo que irme.—le dió un beso en la mejilla y la
saludó con la mano mientras se subía al coche.—¡Que te la pases de
maravilla!—la molestó Gabby sabiendo que Spencer no podía desobedecer a su
madre y escaparse.
En realidad nadie de su Instituto hacía esas cosas: la
mayoría tenían padres estrictos, que si hacía falta te espíaban para ver con
quien te juntabas o revisaban tus mensajes de texto. Tenían padres
sobreprotectores que no querían que se juntaran con la "escoria",
como solían decir ellos.
Blake manejó por más de diez minutos y no había dicho una
sola palabra; Gabby se dedicó a observar por el sendero empinado por el cual
estaban ascendiendo y bajó la ventanilla, sintiendo como el aire fresco se
filtraba por su piel y provocaba que sus cabellos volaran. Estacionaron y Blake
le abrió la puerta del acompañante.
—¿Dónde estámos?—preguntó Gabby, algo desorientada. Estában
en el medio del bosque.
Él sonrió.
—¿Tienes miedo?
—No.
Entonces Blake emprendió camino por entre medio de los
árboles y Gabby intentó seguirle el ritmo pero le costaba, a causa de los
tacones altos que se había puesto; a veces deseaba ser menos superficial y ser
capaz de ponerse unos vaqueros y una sudadera y no maquillarse. Pero luego
recordaba en la sociedad que estaba viviendo y sabía que no podía ser posible.
Cuando Blake frenó ella notó que se encontraban en la punta
de un desfiladero en donde podían ver a la perfección la ciudad de Washington
D.C y contemplar las estrellas que adornaban la noche. Era un lugar sumamente
romántico.
—Es hermoso.—suspiró Gabby y al contemplar el cielo recordó
a su madre.
—¿Te gusta?—Blake le rodeó la cintura con los brazos.—.
Quería dártelo como regalo.
—Me encanta, enserio, muchas gracias.—Ella le dedicó una
tierna sonrisa.
—Será nuestro lugar especial, ¿te parece?
—Claro.
Los dos se recostaron en la hierba verde, tomados de la mano
mientras observaban los pequeños destellos de luz que iluminaba el cielo
nocturno y cuando Blake se acercó para besarle el cuello ella se estremeció.
—Mi madre solía decirme que ella siempre escogía un lugar
especial cuando se mudaba de hogar en el cual reflexionaba, pintaba etc. Debía
de ser silencioso, tener una vista privilegiada y si alguna vez llevaba a
alguien allí ese alguien tenía que ser muy importante, alguien que no contara
donde estaba su pequeño lugar especial.— Gabby se volteó y abrazó a Blake.—
Siento que ahora éste será mi pequeño lugar especial y me alegro que hayas sido
tú el que me lo haya enseñado.
—Yo también me alegro, Gabby.— murmuró Blake sobre su oído.—Te quiero.
Y las palabras de Gabby salieron involuntariamente, jamás
hubiese imaginado que las iba a pronunciar con tanta naturalidad.
—Yo te amo.
Y desde ese momento Blake se había mostrado algo diferente,
desde que había propuesto volver a las doce porque no quería que el padre de
Gabby se enfadara, hasta que la saludó con un beso en la mejilla. ¿Realmente
había arruinado todo?
Antes de acostarse Gabby reflexionó más de media hora,
dándole vueltas al tema; ¿Blake no la amaba? ¿Por qué se había mostrado tan
incómodo cuando ella había pronunciado esas palabras? ¿Por qué no le había
contestado? Gabby se sentía frustrada y desconsolada a la vez y no la ayudó
cuando su padre tocó la puerta de su habitación.
—Pasa.— pronunció Gabby con un hilo de voz y se colocó una
bata para que su padre no la viera en su pijama.
—¿Qué tal la pasaron?—El padre de Gabby jamás se mostraba
curioso ante estos temas, siempre solía hablarle de política y trabajo y ella
se vió sorprendida.
—Estuvo...bien.— soltó con un suspiro y si se había mostrado
afligída su padre ni siquiera lo notó. Claro que no.
—Tenemos que hablar, pequeña.—La amargura en su voz provocó
que Gabby se sintiera curiosa y a la vez nerviosa porque aquellas palabras
habían tenido el mismo efecto en ella que las que su padre había pronunciado en
la cena.
—¿Qué sucede?—se animó a preguntar ella mientras movía los
pies inquieta.
—Gabby se que esto no va ser fácil para ti, es más, no será
fácil para ninguno de nosotros pero debemos hacerlo, por el bien de ésta
familia.—Gabby estaba anonadada.—La industria ha tenido una caída en picada y
nos hemos quedado sin nada, uno de mis socios ha arruinado todo lo que habíamos
construído y nosotros ni siquiera estábamos al tanto. Esta mañana he recibido
la noticia y solo hay una manera de salvar todo el trabajo que hemos hecho y
que tanto fruto nos ha dado pero eso implica un gran sacrificio de mi parte.
Por parte de todos nosotros.
Gabby nunca se había sentido más desanimada en toda su vida
y el tema con Blake pasó a ser minúsculo ante este gran lío.
—Papá, ¿qué tenemos que hacer?
Él tragó saliva y la observó por unos segundos.
—Debemos mudarnos a Nashville, Tennessee.
Y Gabby sintió como si le hubiesen clavado un puñal en la
espalda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario