Navajas entran en mi piel dejando oscuridad y no heridas, la sangre escurre espesa, viva y llena de color. De mis ojos brota una lagrima, lagrima de dolor, lagrima de amargura. Un sentimiento de poder, de fuego por mis venas hirviendo, acelerando mis pulsaciones.
Con cada latir puedo sentir como la felicidad se consume y el odio se complementa a su vez, una sonrisa oscura de maldad se torno en mi rostro, en mis ojos y en mi mente. Repugnancia siento hacia este cuerpo que me tortura, me aprisiona y me hace sufrir, cosa que por rareza de mi locura disfruto sentir.
Aunque acabar con mi vida sea la mejor opción y quizás la más divertida, habría que pensarlo. Es que hay tantas maneras de morir; fabulosas, sangrientas, oscuras, asquerosas, repugnantes, todas tan irónicamente hermosas que no se entre cual decidirme.
Tengo una idea original y dolorosamente asombrosa para acabar con todo este dolor que siento. Solo me hace falta alguien que esté dispuesto a cooperar...
Estaría yo en un cuarto lleno de tinieblas, con la luz de tan solo una vela esta de color negro por supuesto, con un fuego ardiente que pueda sentir a distancia... estoy colgado del techo, atado de manos con dos cuerdas muy fuertes más una en el cuello la cual esta ligera. Aun así toco el suelo con mis pies. Siento la presión, las ansias de morir, quiero sentir el sufrimiento y el dolor en mi cuerpo ya. Rápidamente el verdugo se me acerca y toma de una mesa pequeños cuchillos, comienza a incrustarlos con sonrisa de placer en mi estomago, mientras mi sangre se derrama yo grito de placer y sonrió; esa sonrisa siniestra que solo muestra deseos de sufrimiento... el verdugo toma dos largas espadas de aquella mesa y suave y lentamente entierra ambas en ambos pectorales, atravesándome hasta sobresalir por mi espalda. Mi cuerpo sufre una severa hemorragia de la cual gozo mucho.
Al pasar todo esto aquel verdugo tomo una cierra y comenzó a desprenderme la piel y los músculos de las piernas, tal era el dolor que solté una carcajada, la sangre chorreaba y mis demonios comenzaban a despertar. Grite muy fuerte con voz llena de firmeza ''MUTILADME''. Este obedeció mi orden y sin pensarlo comenzó a mutilar mis brazos, lenta y dolorosamente. Luego de caer mis miembros me hizo beber la sangre que de ellos se desprendía, estaba deliciosa y sabia a vida. Al cerrar mis ojos vi a la muerte venir por mí, era hermosa, confiada y muy llena de esplendor.
Se acerco a mí y me dio su mano, ella sonrió y me dio un abrazo, mientras lo hacía, tome rápidamente una espada de las que estaban en mi pecho y por detrás de su espalda antes de que pudiera reaccionar la entere aquella espada en el cráneo haciéndole caer en el suelo y se echo a llorar mientras yo frenéticamente reía... seguido de esto el verdugo tiro de la cuerda de mi cuello haciéndome quedar colgado y asfixiado, la sangre concentrada en mi cabeza la hizo estallar, chorros de sangre y trozos de mi quedaron esparcidos en el suelo. Y aun quemándome en el infierno, luego de acabar con todos, sonreí.
Escrito por: Abdiel Salas.
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