miércoles, 22 de mayo de 2013

"Miles Away" Capítulo 4.


Logan se había levantado de un excelente humor aquella mañana de sábado; sabía que había varios factores que influían en su repentino cambio de humor aunque no estaba seguro cual era el determinante, el que lo había puesto tan alegre. La noche anterior había sido como todas las otras, siempre solía divertirse con sus amigos y eso jamás cambiaba, pero también le alegraba saber que la Directora no había hecho la llamada que tanto había temido desde el día anterior. Ni siquiera podía imaginarse lo que sus padres harían si descubrieran que se había estado salteando nuevamente las clases.

Como de costumbre Logan se despertó a las nueve de la mañana, para ayudar a su familia con el mercado, almorzar y luego ir a donde más disfrutaba; con su caballo, Trueno. 

Se había colocado unas bermudas de jean y una playera blanca simple, no solía preocuparse demasiado por la ropa ya que todos se conocían en Nashville y esa no era precisamente una de las características más importantes para un ciudadano de pueblo. Descendió las escaleras y, al instante, su madre lo llamó.

—¡Hijo!— exclamó, llevaba cientos de cosas en las manos, parecía que iba a caerse en cualquier momento. Logan intentó llegar lo más rápido posible.

—Hola mamá, ¿por qué somos tan pocos?— Logan dio una rápida ojeada al mercado y pudo notar que faltaban tres de los empleados de siempre.

—Enfermedad, vacaciones y casamiento.— farfulló a toda velocidad la madre de Logan, que a la vez estaba entregando lo que llevaba en sus manos.—. Ahora necesito tu ayuda, luego de almorzar vamos a cerrar; no damos abasto.

Para su desgracia Logan se había pasado toda la mañana encerrado en el mercado, habían venido Alex y algunos amigos suyos para comprar un par de cosas o tan solo el almuerzo; eso fue lo único que lo acontentó un poco. El humor que había tenido horas atrás se había desvanecido por completo y no veía la hora de ir a buscar a Trueno y desaparecer toda la tarde.

A veces, Logan se preguntaba como se sentiría su padre al no poseer la vista, se preguntaba que sentiría él si tuviera un hijo y jamás hubiese logrado verlo en toda su vida. Lo admiraba, Logan lo admiraba muchísimo, por todo lo que había logrado ya que él se creía incapaz de continuar con su vida si tuviera un accidente de ese tipo. Pero, Logan no podía negar que había veces que deseaba que no controlara su vida, que no le ordenara cada cosa que debía hacer y que se quitara la absurda idea de que se iba a ir a estudiar a la ciudad o a enlistarse en el ejército. Logan no se iba a ir de Nashville, nunca.

Cuando el reloj marcó la una de la tarde y su madre cerró el mercado Logan se puso más que contento, aunque jamás lo demostraba a su madre o padre, no quería parecer un mal agradecido y tampoco tenía ganas de discutir con ellos nuevamente. 

A su madre le encantaba cocinar pasta, de cualquier tipo, y siempre cocinaba los sábados y domingos, desde que él había nacido. Almorzaron en familia, como solían hacerlo todos los fines de semana y luego de haber lavado los platos Logan se dirigió hacia a los establos bastante entusiasmado.

Trueno parecía estar esperándolo ya que tenía la cabeza fuera de su cubículo y lo observaba ansioso; parecía ser que no veía la hora de ser libre y montar por unas horas también.

Le acarició la trompa y él pareció disfrutarlo muchísimo, cerró los ojos y se arrimó unos centímetros. Logan sacó a Trueno de su cubículo y le puso su montura, en tan solo segundos estaba galopando sobre él, gozando del suave viento que rozaba su rostro. Habían pasado aproximadamente dos horas cuando Logan se bajó del caballo en el medio del arroyo, donde dejaba que Trueno descansara un poco y bebiera algo de agua. Él estaba algo cansado también, se quitó la camiseta y la ató a sus bermudas, mientras se mojaba el rostro y el pecho con agua. 

Logan tenía un cuerpo esbelto, desde pequeño había tenido que cargar bolsas y cajas del mercado y eso provocó que tuviera unos músculos bien definidos; también tenía un metabolismo algo extraño, sus músculos crecían con facilidad y no se debía solo al hecho de que hacía deporte diariamente, si no que era algo más bien genético. 

Cuando Logan regresó al establo el reloj marcaba las tres y media y Trueno estaba exhausto; lo dejó en su cubículo y, al cerrar la puerta, se echó al suelo para relajarse un rato. Mientras tomaba el camino de vuelta hacia su casa notó a su madre parada en la puerta principal, como esperando a alguien.

Logan aceleró el paso, le daba curiosidad saber que quería su madre.

—¿Qué haces aquí sola?— le preguntó él, y la tomó por los hombros dedicándole una sonrisa. Su madre tenía los ojos café y el cabello extremadamente rubio, al igual que su hijo.

—Estaba esperando a que llegaras.— ¡Uf, presentía que iba a pedirle algo!—. ¿Te molestaría coger la camioneta e ir hasta lo del tío Evan? Tiene las cajas de tierra fertil que tanto han estado pidiendo los clientes y necesito traerlas, tu padre no se siente muy bien y no quiero dejarlo solo.

—Está bien.— Logan no tenía otra opción que decirle que sí, no podía negarle favores a su madre ya que sabía lo duro que trabajaba cada día.

Logan se subió a la vieja camioneta anaranjada que pertenecía a su madre desde que tenía quince años, la puso en marcha y se dirigió a lo del tío Evan que estaba a tan solo unos kilómetros. Su tío era algo particular, era parte del negocio familiar también pero ayudaba desde otra forma, conseguía los productos y los envíaba al mercado.

Cuando aparcó el vehículo fuera de su casa notó que las bolsas de tierra ya estaban afuera y que solo hacía falta cargarlas.

—¡Logan, tanto tiempo!— Logan veía a su tío cada dos días pero cada vez que iba a su casa parecía que su sobrino hubiese desaparecido por años. Le dió un estrechón de manos y luego un abrazo.— ¿Has venido a llevarte estas preciosuras?

Logan notó perfectamente que parecían muy pesadas.

—Si, mamá me dijo que te agradeciera también.— exclamó él, dedicándole una sonrisa.

—Si me ha costado muchísimo encontrarlas y ahora estoy intentando buscar otra industria de helados, ya ves que los Nicolini están en la quiebra y me llega la mitad de lo que solían enviarme antes.— Su tío parecía realmente preocupado.—. Bueno, espero no haberte robado mucho tiempo, nos vemos por aquí ¿vale?

—Vale.

Su tío no era precisamente la persona que se ofrecía a ayudar a cargar las bolsas o a hacerte un favor que implicara un esfuerzo físico y Logan lo tenía bien en claro. Eran diez las bolsas que tenía que cargar y tardó unos cinco minutos en hacerlo; pesaban aproximadamente cinco kilos cada una.

Llegó al mercado en tan solo diez minutos y aparcó la camioneta allí; la apagó y descendió. Antes de hacer cualquier movimiento abrió la puerta para entrar las bolsas y luego se subió al baúl para ir descargando la mercadería.

Logan continuaba sin playera y agradeció habérsela quitado ya que lo que estaba haciendo era un trabajo extremadamente duro. 

Cuando Logan estaba bajando la última bolsa hubo algo, más bien alguien, que le llamó la atención: no se había puesto a pensar o a averiguar cuando iba a llegar la nueva familia, los nuevos vecinos al vecindario pero aquella chica pareció responder su pregunta a la perfección.

Logan estaba parado sobre la camioneta cuando la vió coger una caja de mudanza y caerse al suelo, por encima del lodo; tenía el sol sobre el rostro entonces alzó el brazo y lo apoyó sobre su frente, para observarla mejor.

La casa blanca de al lado, luego de diez años, estaba habitada por una nueva familia y Logan soltó una carcajada cuando vió a aquella chica indignada entrar a la casa y volver con otra ropa, completamente distinta.

Él pensó que podía darle una mano, parecía bastante débil y se notaba que estaba furiosa hasta desde donde Logan estaba parado.

Se bajó de la camioneta y se dirigió a la casa de al lado, a la que había ido tan solo una vez con sus amigos en Halloween para hacerle una broma a Alex; ella no pareció percatar su presencia y Logan se acercó todavía más.

—¿Necesitas ayuda?—exclamó el muchacho, mientras esperaba que ella se diera vuelta para observarla desde otro punto de vista.

Y cuando lo hizo no pudo evitar notar lo bonita que era, sus facciones parecían de una modelo de revista y su cabello parecía de otro mundo pero lo que más sorprendió a Logan fueron aquellos ojos verdes, que lo penetraban y lo observaban con algo de desprecio.

Ella retrocedió unos cuantos pasos mientras se tambaleaba, con la caja en sus manos.

—¡Alto, no des un paso más!— vociferó la chica.—. Puedo denunciarte por invasión de propiedad privada, así que será mejor que te retires o voy a llamar a la policía. 

Logan intentó no reírse pero luego de unos segundos no pudo evitar soltar una fuerte carcajada mientras se mordía el labio.

—No te preocupes, conozco perfectamente a los policías de esta ciudad y estoy seguro que no me haran ningún daño.—masculló él, de repente poniéndose serio.

La chica pareció asustarse.

—¡Toma, llévatelas si eso es lo que quieres!—ella no dejaba de gritar, y Logan se sorprendió cuando se arrimó a él y depositó la caja en sus manos. No pesaba absolutamente nada.—¡Ahora déjame en paz!

—Como tú digas, loca.—susurró él.

—¿Cómo me llamaste?—Ella alzó la ceja y se cruzó de brazos.

Logan dio unos cuantos pasos, dirigiéndose a la casa blanca y tomó dos cajas más en sus brazos; estaba por abrir la puerta cuando ella lo frenó.

—¿A dónde crees que vas?—lo interrumpió la chica.—¡Ya te dí las cajas, vete!

Logan notó lo alterada que se encontraba, ¿qué esperaba? Era tan solo una chica de ciudad.

—No vengo a robarte nada, vine a ayudarte. No estoy enterado si en tu ciudad existe lo que se llaman "favores", pues aquí si y noté que necesitabas ayuda y vine a dartela. Tómalo o déjalo.— Logan había intentado mostrarse amable, aquella chica no parecía ser lo que mostraba. Parecía ser mucho más tranquila.

Ella bajó la cabeza.

—Lo siento, me vendría bien algo de ayuda.—farfulló, algo avergonzada.

Logan le sonrió.

—¿Lo ves? No es tan difícil admitir que no puedes hacer todo sola ¿no?— Ella alzó la vista y lo observó atónita. Milagrosamente, le devolvió la sonrisa.

—¡No puedo creer que estés cargando tres de esas cajas, hace media hora que estoy intentando guardarlas en esta casa!— el repentino cambio de humor de la chica urbana lo volvió a poner de buen humor.

—Esto es pan comido.—exclamó Logan, guiñándole el ojo derecho.—¿Ves allí?—señaló el mercado y ella asintió con la cabeza.—. El mercado pertenece a mi familia, cargo la mercadería casi todos los días, ¡no es que te esté llamando débil!

—¿Ese es también el motivo por el cual no llevas camiseta o solo eres así de rebelde?— el tono irónico en su voz provocó que Logan fingiera mostrarse ofendido. Ella rió, por primera vez.

—Muy graciosa, ¡eh!—dijo él.—¿Llegaron hoy?

—Si, a eso de las dos de la tarde.— le respondió la muchacha, y de repente su cara se transformó.—. Parece tan irreal, jamás hubiese creído que iba a encontrarme aquí.

Logan sabía perfectamente porque se habían mudado pero no sabía que más decir y las palabras le salieron involuntariamente.

—¿Qué sucedió? ¿Por qué se mudaron?

A ella pareció incomodarle la pregunta.

—Por mi madre, ella murió hace unos meses y mi padre no pudo superarlo.—Su voz había temblado al pronunciar aquellas palabras y Logan percató al segundo que no estaba siendo sincera; quizás no quería contarle el verdadero motivo a un extraño.

—Siento mucho lo de tu madre.— Logan le dedicó una mirada de compasión. Ella se había quedado sin palabras.—¿Quieres que entre esto?— Alzó las cajas para enseñarle que se refería a ellas.

—Claro, por aquí.

Ella abrió la puerta de su casa y se hizo a un lado para dejarlo pasar, pero Logan no se movió del lugar; quería levantarle un poco el ánimo luego de haber pronunciado aquellas estúpidas palabras ya que lo hizo sentir algo culpable.

—¿Luego de creer que venía a robarte vas a dejarme pasar así como si nada?—la molestó él, fingiendo estar anonadado.—Vaya, no me lo esperaba de ti...

La muchacha soltó una risa y lo observó desafiante.

—Perfecto, dime ¿cómo te llamas?— Él estiró la comisura de sus labios formando una pequeña sonrisa.

—Logan Palmer, ¿qué hay de ti chica urbana?

—Gabriella Nicolini—Le extendió la mano y Logan la tomó encantado.—, pero todos me llaman Gabby.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...