sábado, 11 de mayo de 2013

Please stay.



Allí estaba ella, la más linda de todo el colegio, mi compañera. Ella siempre estaba con chicos rudos, lindos, yo… no estaba a su altura.

“Que linda que estás, sos un caramelo, te veo en el recreo y me vuelvo loco. Todas las cosas que me gustan tienen tu cara. Y siempre espero los asaltos, así juego a la botellita con vos. Mi bomboncito, que excitante que estás, tendrías que saberlo! Esa cola es la manzana más buscada y esos senos…el alimento de mi creación. Quisiera arrancarte un día y morirme en un telo con vos o quizás en un auto”

Mi carta no era como las que ellas solía recibir, románticas, amorosas, tiernas. En esas pocas palabras había escrito lo que sentía, me encantaría que ella fuera mía, casarnos, hacerle el amor, sentirme enamorado no era lo mejor. Estaba en el último año de la secundaria, ya había cumplido 18 años y aún era un inmaduro para ella.


+5 años

Aún seguía enamorado de ella. Habían pasado cinco años, ella había asumido las cosas, para ella era un simple gustar, y era mucho más que todo eso. Pero ya hacía tiempo que estoy buscando mi verdadero yo, no me sentía vivo si no estaba con ella. Hay una especie de simbiosis, lo dijo mi psicóloga, que haría bien a la terapia alejarme un tiempo, unos setenta años. ¿Sería eso lo correcto? Esta bien que no nos veíamos, yo la perseguía a ella. Mi psicóloga había definido a eso como obsesión amorosa. ¿Qué era eso? Yo solo estaba enamorado y a la vez ofendido porque ella nunca me amo como yo la amo a ella. ¿Esta eso bien? Ella me ha roto el corazón tantas veces que estoy cansado de tratar de resolver mi conflicto. 
Como me encantaría sentarme en ese café, que ella va con sus amigas, y ponerme a conversar. Me lo imagino.

- ¿Cómo estas querida? –diría con mi mejor sonrisa. Ella probablemente me recordaría como el tonto enamorado, o mejor aún, el inmaduro. Ella sonreiría para no ser descortés. –

- ¡Oh! –diría ella con una sonrisa en sus labios. Seguro me habría visto en la ciudad, pero por cortesía lo diría igual.- ¿Cómo es tu vida? Tanto tiempo..

- Tengo esposa e hijos –sonreiría y respondería pero el anterior Justin, aquel que era muy diferente a ella, que no le escribía cartas de amor, no se había ido. Seguía ahí y seguiría- A veces hablo con ella, y hasta hago el amor. –ella notaría mi melancolía en las palabras. Y mi horrenda manera de describir. Su rostro mostraría incomodidad- No es que quiera molestarte. –me sentaría en una silla, no importa cual, solo a su lado- Pero me es imprescindible sentarme en un café y soñar un poco y, tal vez amarnos. –le confesaría mi amor una vez más y seguramente ella me rechacé otra vez, como ha hecho siempre-

Mi imaginación era totalmente realista, yo lo era. Hay algo que debí mencionar, era posible que ella no me rechacé si pasaba eso porque su marido la había traicionado. Haría tantas cosas por estar con ella. Pero no, todo hubiera fallado porque ya ha llegado mi hora. Sí, ya me iba de este mundo para ir a otro, tal vez mejor. Me habían diagnosticado una enfermedad terminal hace meses, ¿y entonces? Me había obsesionado más con ella, con mi pequeña, porque digan lo que digan ella siempre va a ser mía. Ella estaba casada, yo también, pero no importaba, ella era mía por siempre, para siempre. Aunque me fuera de este mundo, a ella la mantendría en mi corazón. 
Y ha pasado mi hora, ¿quién robo mis años? Se había pasado todo tan rápido… Pequeña, cambio a toda esta familia por un segundo con vos. Si te veo ahora, aunque termine en un hospicio, tomo una botellita, y juego a la botellita con vos.

Escrito por: Ayelén Farias.

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