Gabby sabía que las primeras impresiones jamás tenían que servir para juzgar a la persona que tenías en frente tuyo, o por lo menos eso era lo que solían enseñarte tus padres; pero en el Instituto al cual solía asistir Gabby la apariencia era el factor determinante para juzgar tu persona y, lamentablemente, ella ya se había acostumbrado a eso. Había comenzado a ponerle etiquetas a las personas según como se veían, según la ropa que llevaban o el corte de cabello que tenían y no pude sentirse peor por ello, pero era algo involuntario, como si ya fuera parte de ella.
Pero tampoco podía olvidar el hecho de que ella solía ser una persona completamente distinta antes de unirse al equipo de hockey, le solía parecer absurdo y superficial cuando la gente se preocupaba por esas cosas y ella se había convertido en lo que antes odiaba tanto; y, de todos modos, le encantaba la vida que llevaba en Washington D.C.
Ella no sabía que esperarse ahora que había llegado a Nashville, no podía creer que su padre se había marchado todo el fin de semana y la había dejado a cargo de todo; Gabby tenía ganas de irse, de empacar sus cosas y regresar a la ciudad, donde sabía que tanto sus amigos como su novio la estaban esperando.
Y, ahora, en su mismísima cocina había un chico que se hacía llamar Logan, de pie con las tres cajas de mudanza en las manos. Cuando Gabby lo vió por primera vez no pudo entender porque había reaccionado de aquella forma, aunque ella estaba bastante susceptible por todo lo sucedido anteriormente. El se había mostrado bastante amable y, por lo que Gabby había llegado a entender, era su nuevo vecino. Aunque tenía bien en claro que Blake era su novio y que eso no iba a cambiar, no pudo evitar notar el físico esbelto de Logan y lo bien que se veía, Gabby imaginaba a los chicos del campo sin dientes y sin cabello.
—¿En qué piensas?—La voz de Logan quitó a Gabby de sus pensamientos, soltó los platos que había estado ordenando en los estantes y se volteó.
—Nada, solo que me parece algo extraño que te hayas ofrecido a ayudarme sin siquiera conocerme.— Gabby quería ser sincera y lo había hecho, luego de haberle mentido, luego de haberle dicho que se mudaban allí porque su padre no podía superar la muerte de su madre, como le había dicho a tantos otros.
—¿Por qué te sorprende tanto?—inquirió él y apoyó las cajas sobre la mesa del comedor—.Noté que estabas teniendo problemas con esas cajas y vine a ayudarte, ¿es enserio tan extraño?—La sonrisa en el rostro de Logan provocó que Gabby se sonrojara.
—Ahora que lo dices de esa forma, la verdad que no.—admitió ella, y le devolvió la sonrisa—Entonces, dime, ¿qué hay de nuevo en Nashville?
Logan soltó una carcajada y la observó.
—¿Nuevo?—La mueca que había hecho Logan reveló lo gracioso que le había parecido la pregunta— Bueno, en estos momentos, la nueva familia que se mudó a la casa junto al mercado de los Palmer, que ha estado deshabitada por años.—Gabby debería haberlo imaginado.
—¿Por qué ha estado tanto tiempo deshabitada?—le dió curiosidad saber que había detrás de la brutal apariencia de esta casa.
Él alzó una ceja.
—¿De veras quieres saberlo?—Gabby asintió con la cabeza—Dicen que en esta casa habitan los antiguos dueños, la construyeron en 1920 cuando emigraron hacia los Estados Unidos y fueron asesinados en este mismo comedor y, desde entonces, todas las personas que se mudan aquí terminan yéndose, por alguna extraña razón.
La seriedad en la voz de Logan y el miedo que le causaban a Gabby las historias de terror provocaron que se quedara helada, no pudo evitar que un pánico recorriera todo su cuerpo, maldiciendo a su padre por haber elegido esta casa.
—¡Estoy bromeando!—exclamó él, al ver el como el pánico se había apoderado del rostro de su nueva vecina— ¿Enserio te creíste esa absurda historia?— Logan no paraba de reír.
—¡Voy a matarte!—vociferó Gabby, ya que realmente se había asustado.
El semblante de Logan se puso serio.
—Oh no, la historia se repite...
—Eres detestable.—farfulló Gabby y le sacó la lengua, mientras se cruzaba de brazos.
En ese mismo momento se oyó la voz de una mujer que gritaba el nombre de Logan desde el exterior, una y otra vez. Él se dirigió a la puerta, hizo una seña y los gritos cesaron.
—¿Qué sucede?—quiso saber Gabby.
—Era mi madre, había ido a buscar unas bolsas de tierra y supongo que quería saber donde me encontraba.—le respondió él, completamente sereno.
—¿No le dices a tu madre a donde estás? Primero la camiseta y ahora esto, ¿eres así de malo Logan Palmer?—El sarcasmo en la voz de Gabby provocó que Logan le devolviera la mueca que le había hecho minutos atras.—Si tienes que ayudarla, ve, puedo arreglarme sola.
Logan suspiró.
—Si, creo que necesita una mano para entrar esas bolsas.—admitió Logan, pues ella ya había notado que tenía que marcharse.—.Oye Gabby, hoy va a haber un fogón en el bosque, es una especie de tradición, nos juntamos casi todos los jóvenes de aquí de Nashville y cenamos allí...—Logan hizo una pausa—¿Te gustaría venir? Puedes conocer más gente, estoy seguro que vas a pasarla de maravilla.
A Gabby le tentó la idea por unos segundos, pero luego recapacitó y no supo ni ella misma si estaba lista para conocer más gente, ya que todavía no aceptaba la idea de que iba a pasar la mayoría de los días de su adolescencia sin su novio ni sus amigos.
—No lo sé, Logan, soy nueva aquí y no creo que a los demás les vaya a gustar la idea de que vaya a algo que es tan íntimo, que es tan de ustedes; sabes que aquí soy solo la chica nueva de la ciudad.—A Gabby le dolió admitir aquello, pero era la pura verdad.—De todas maneras, tengo que cuidar a mi hermana Colbie, no puedo dejarla sola y mi padre se marchó por el fin de semana.
—El bosque está a tan solo diez cuadras, no creo que haya problema que cuando Colbie se duerma vengas, la última vez que alguien robó algo en Nashville fue hace cinco años, un niño que accidentalmente había tomado un paquete de patatas fritas del mercado de mi familia.—Gabby se vió sorprendida ante la insistencia de Logan, pero la puso de buen humor, de todos modos.—¿Estás segura?
—No lo sé, tampoco tengo nada que usar.— indicó Gabby, aunque luego de la risa que había soltado Logan le había parecido absurdo lo que había dicho. Rayos.
—¿Nada que usar? Ponte unos vaqueros y una camiseta, no tienes que ponerte nada en especial, Gabby.— A ella le tentó nuevamente la idea de ir a un sitio donde no te juzgaran por tu aspecto luego de tantos años. Gabby sintió un cosquilleo en el pecho, su corazón le rogaba que dijera que si.
—Si termino de ordenar todo a tiempo y si Colbie se duerme temprano, intentaré pasarme un rato, ¿si?
El rostro de Logan se iluminó y asintió con la cabeza.
—Perfecto, espero verte allí.
Le hizo una seña con la mano y luego se marchó.
Gabby se había quedado más de diez minutos sentada en una silla, intentando ordenar sus ideas, ya que tenía que ordenar las cajas de la mudanza; que tan solo eran unas diez, luego iba a llegar el camión de mudanzas y ahí si que se iba a ver en problemas.
Primero empezó a ordenar la cocina, los cubiertos, los platos y los vasos; Colbie se había ofrecido a ayudar y Gabby le había dado la tarea de ordenar sus juguetes y su ropa, tan solo separarla por colores, luego ella lo guardaría en su armario.
Gabby subió las escaleras con la caja de sus pertenencias en sus manos, Colbie ya había elegido cual era su habitación entonces a Gabby le quedaba la de sobra; estaba segura que su hermanita pequeña le había dejado la que tenía balcón y una gran ventana, ya que ella odiaba las habitaciones oscuras. Y así había sido, su cuarto era bastante grande; estaba pintado de un color rojo vino y había una cama matrimonial de roble en el medio. Le faltaba decoración, por supuesto, pero a Gabby le había encantado, en especial la vista al bosque que tenía.
Eran aproximadamente las siete de la tarde cuando Gabby terminó de vaciar las cajas. Cuando descendió las escaleras observó que Colbie se había quedado profundamente dormida en el sillón, entonces reconsideró la propuesta que le había hecho Logan.
¿Cómo se supone que iba a saber como llegar hasta el fogón? Además tenía que llevar algo para beber o para comer, no podía llegar con las manos vacías y Gabby sabía que no había absolutamente nada en su refrigerador.
Y recordó lo que le había dicho Logan horas atrás «—¿Ves allí. El mercado pertenece a mi familia, cargo la mercadería casi todos los días.» ¿Debía ir al mercado de Los Palmer? A Gabby no le quedaba otra opción ya que también tenía que preparar la cena para Colbie, entonces se puso un sweater y se dirigió allí con el dinero que le había dejado su padre.
Cuando abrió la puerta y la brisa del campo rozó su rostro Gabby se sintió bastante bien, jamás había respirado un aire tan puro y el clima era perfecto; comenzó a caminar hacia el mercado, donde había más de 15 camionetas estacionadas.
Gabby sacó número, íban bastante rápidos ya que había muchos empleados y mientras pensaba que rayos iba a comprar se puso a contemplar lo inmenso que era el mercado; tenía más de cinco mostradores y aproximadamente doce refrigeradores, sin contar los freezers.
—¿Número treinta y dos?—gritó una mujer, para que se oyera por encima de todo el barullo. Gabby alzó el brazo ya que ese era su número y también reconoció la voz de aquella mujer, era la mamá de Logan. Caminó unos cuantos pasos hasta llegar al mostrador y le indicó las cosas que quería comprar.—¿Nueva por aquí?—le preguntó ella, mientras envolvía su pedido en un par de bolsas.
—Si, es más, acabo de mudarme a la casa junto al mercado—le contestó Gabby, intentando ser lo más amable posible; pero el semblante de la mamá de Logan cambió radicalmente, como si hubiese dicho alguna barbaridad.
—Ya veo, te van a cobrar allí en la caja.—Ella le indicó donde era la caja y luego la ignoró por completo.
Gabby salió del mercado sintiéndose una completa intrusa, no entendía que era lo que había hecho o dicho mal pero la madre de Logan la aborrecía, por completo. Cuando llegó a su nuevo hogar guardó los refrescos en el refrigerador y comenzó a cocinarle a Colbie unos fideos.
Luego de haber despertado a su hermana menor para que cenara la llevó a su cama, y se durmió en tan solo unos instantes, mientras Gabby le inventaba alguna historia de duendes y princesas.
Ella se dirigió a su habitación, reconsiderando nuevamente la propuesta de Logan; luego de lo que había sucedido con su madre Gabby se preguntaba si los demás íban a tratarla del mismo modo o íban a ser tan amables como había sido Logan con ella. Tan hospitalarios...
Se puso a pensar unos minutos en él pero luego la imagen de Blake vino a su mente, borrando la de su nuevo vecino completamente; lo extrañaba más que a nadie, lo extrañaba de la misma forma que extrañaba a Spencer, y no veía la hora de que viniera a visitarla. A veces deseaba que se hubiera guardado las últimas palabras que le había dicho para no sufrir del modo en que lo estaba haciendo, pero por otro lado, le alegraba que haya sido capaz de admitir que la amaba.
Mientras Gabby se torturaba con los recuerdos de su pasado, que para ella continuaban siendo su actual presente, involuntariamente comenzó a prepararse para ir al fogón; ¿qué debía usar? Finalmente se puso unos pantalones color rosa y una camisa negra, con algunos detalles y el gran dilema era que iba a usar en los pies. Como iba a ser en el bosque ella ya había aprendido la lección de que no debía usar nada demasiado alto, entonces se puso unas sandalias de tan solo cinco centímetros.
Se había peinado unos cinco minutos y, al comprobar que Colbie estaba profundamente dormida, tomó unos refrescos del refrigerador, los puso en una bolsa y se marchó.
Se paró junto a su nueva casa, observando el bosque y notó perfectamente de donde provenía la luz del fogón y también el humo que emanaba la fogata; no podía haber sido más fácil.
Entonces Gabby emprendió camino a lo que podía ser su primer evento social en su nueva y aburrida vida.

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