Debía hacerlo, aunque me costaba, debía hacerlo. Sentarme allí a escribir era todo lo que debía hacer, me dieron comida, música, aire acondicionado, todo para que me conforme, pero, sin embargo, no podía hacerlo.
Mi tía me miraba fijamente, mientras las lágrimas caían cada vez más rápido por su rostro. Quería decirme algo, pero no le salían las palabras, vernos en lasituación que estábamos y verme a mi, haciendo algo que me hacía mal, no la dejaba hablar.
Y todo por un maldito libro, un maldito diario. Tenía 15 años cuando debí escribir un libro para el diario, pero no cualquier libro, era mi vida, mi infancia. Se estarán preguntando porqué tanto problema por mi infancia, pero de echo sí lo había, no quería recordarla, era y siempre será uno de los peores momentos de mi vida.
Debía empezar a escribir desde el momento en el que nací, mi madre tenía sólamente dieciseis años, mi padre la había abandonado y luego de dos días, había muerto en un accidente automovilístico. Luego, mi nana Flora, o empleada, como le dirían los demás, me acompañó a pasar unas vacaciones al mar, fue todo muy lindo, hasta el día que regresé a casa.
Mi madre no estaba sola, estaba acompañada por un hombre. Un hombre extraño, viejo y que daba mucho miedo. Tenía solamente ocho años y el me tomaba como un niña de diez. Tan solo recordarlo me hacía mal, recordar todo lo que nos había hecho a mi y a mi madre, repito, me hacía mal.
Eran las nueve de la noche, uno de los peores días de mi vida. Me habían hecho leer un texto, pero había un problema, yo no sabía leer. El hombre me tomó de la cabeza y me arrastró hacia la habitación. Todavía podía oír los gritos de mi madre, estaba desesperada. Y en esa habitación el hombre comenzó a gritarme.
Tomó un bastón, me recostó sobre mi cama y comenzó a golpearme la espalda, comencé a pedir ayuda, pero era en vano, ya que nadie vendría. Recordar esos golpes me causaba dolor, llanto y desesperación.
Luego, al otro día, desperté en una escuela de niñas, en la cual todas estaban golpeadas, o tristes, o agotadas. Era una escuela horrible, de la cual escapé a los doce años. Y allí fue cuando encontré a mi tía, ella me contó que mi madre había estado muy enferma y que había muerto.
No solo eso, había otro problema, eramos pobres. Es por eso que debí vender ese libro, el cual fue muy famoso y a pesar del dolor que me causó escribirlo, me convirtió en un escritor famoso y gané la plata suficiente para cuidar a mi tía, del mismo modo en el que ella lo había hecho siempre.
Escrito por: Lara Samojeden.
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