Me estudié una vez en el gran espejo frente a mí, la luz iluminaba mi oscuro cabello que caía en picada sobre mis hombros y terminaba un poco más bajo que mi cintura, dándole diferentes tonalidades rojizas y cafés. Lo até en una cola de caballo improvisada y me pusé una gorra, como de costumbre.
-¡Nhoaaa, Chris está aquí!-escuché como mi padre gritaba, probablemente desde el umbral de la puerta. Bajé corriendo las escaleras y me encontré con mi amigo, al lado de mi padre, seguramente hablando del partido de futbol del viernes.
-¿Qué hay? No he desayunado, adelantate y luego te alcanzo-le dije y pase por su lado, notando la mirada de mi padre sobre mí, todavía con la esperanza de que yo me comportara un poco más como...niña.
Entré a la cocina, sólo para encontrarme con la petulante esposa de mi padre.
-Bueno días chica ruda ¿cereal ó avena?-sus labios se curvaron en un asqueroso intento de sonrisa hipócrita.
-Cereal-me limité a decir y en menos de 5 minutos ya había devorado mi desayuno. Estar el menor tiempo posible con esta mujer era una de mis prioridades. Salí disparada por la puerta trasera, no quería tener que cruzarme con mi padre, e inventarle una excusa de por qué iba tan rápido.
Comencé a caminar y pensar, otra vez, en mi apariencia. ¿De verdad parecía un chico con cabello largo? No es que antes me hubiera importado mucho eso, pero, tengo 16 años y soy una chica, no un chico.
-Nhoaaa-escuché como gritaban mi nombre, giré sobre mis talones y observe como mi mejor amigo trotaba hacía mí. Chris, alto y de hombros anchos, bastante musculoso para su edad y, según las deemás chicas de la escuela, perfecto. O por lo menos lo suficiente para que más de la mitad suspire por él. Llego a mi lado y me sonrió con sus perfectos dientes blancos.-Hola br...digo, sis.-Mierda, el también no.
Supongo que mi expresión tuvo que haberlo afectado, porque enseguido una mueca sustituyo la sonrisa de sus labios.-No quise decir eso Nhoa, es sólo que a veces...eres tan...-pensó por un minuto y se quedó callado.
-Cállate- murmuré irritada. ¿Tan fea era? Maldije por lo bajo y seguí caminando, con él a mi lado.
-¿Una carrera hasta la escuela?-preguntó animado, ¿Tenía que ser tan encantador cuando hablaba?
-Me parece bien-dije y luego comencé a correr. Sabía que no le ganaría, en un par de zancadas ya estaría a mi lado y luego tomaría ventaja, pero que mas daba.
-Que tramposa-dijo entre jadeos, al llegar a las altas puertas de la escuela. Sonreí y golpeé su brazo derecho amistosamente.
-¿Vas a llorar, niñita?- bromeé, para luego escuchar su risa, melodiosa y fuerte. ¿Qué demonios, había algo en lo que no fuera bueno mi mejor amigo?
-Debo ir a clases, ¿te veo en el almuerzo?-preguntó, asentí y avance entre el montón de personas, en busca de mi próxima clase.
Supongo que debí esperar a los chicos, pero estaba cansada, por lo que me vine por mi cuenta. Una mala opción, teniendo en cuenta en los pensamientos negativos que últimamente rondaban por mi mente, siendo consciente de lo que las personas comenzaban a especular, ¿de verdad, tendría que cambiar mi forma de ser? Era eso o seguir sintiendome un poco mal por los constantes comentarios, que eran peores que la idea de cambiar.
-Si me pagaran por cada vez que me dejas atrás, sería millonario-sonreí al escuchar la voz de Chris, y ver la expresión de las chicas que iban frente a mi.
-Si a mi me pagaran por cada vez que una chica te mira de esa forma-señale a las chicas de enfrente-, duplicaría esa fortuna.
Estalló en carcajadas y puso su brazo sobre mi hombros, amistosamente. No me gustaba que hiciera eso, pero me parecía un poco de mal gusto arruinar el momento con mis estupideces. Seguimos caminando hasta llegar a la cancha de basketball frente a su casa. Sonreí, era hora de una revancha.
-Oye...sé lo que esta pasando, lo que dicen y que eso te tiene muy pensativa ultimamente-¿Qué? ¿tan grande era el chisme? Miré el suelo apenada, lo último que quería es que se diera cuenta de que me afectaba, porque hasta yo empezaba a creer eso de mí misma.- Eres perfecta así Ainhoa, no tienes que cambiar por nadie. Eres mi mejor amiga y si tengo que golpear a alguien porque te molesta, lo haré.
-No necesito que me defienda nadie, mucho menos tú-escupí las palabras con más rencor del que quería, no era su culpa-. Gracias, pero estoy bien bro-eso fue un "Lo siento mucho" en mi idioma, supongo que lo entendió porque asintió.
-¿Qué te parece una apuesta, Nhoa?-sus labios se curvaron en una sonrisa retadora. Sabía muy bien como cambiar el tema. Como si no supiera que odiaba ser retada, qué demonios necesitaba.
-Habla de una vez, McGiven.-espete, claramente aceptando el reto.
-Una semana, comportandote como mi hermana, ya sabes, de que hablo. El que gane 2 de 3- Claro que sabía, dejar de comportarme como un chico, porque eso era lo que hacía o lo que todos decían.
-¿También debo vestirme como ella?-pregunté dudosa.
-¿Es miedo lo que escucho en tu voz, Nhoa?-enarco una ceja, y un brillo juguetón se distinguió entre sus azules ojos.
-Te encantaría. Pero si yo gano, quiero que...-lo pensé detenidamente- no vuelvas a pedirme algo parecido y olvidemos el tema.
Dudo por un segundo, sin quitar sus ojos de los mios, luego asintió lentamente, como si se fuera a lamentar luego. Estreché su mano, haciendo valida la apuesta. Luego arranqué el balón de sus manos, decidida a ganar, podía hacerlo, incluso alardeaba de mi buena puntería y rapidez.
Chris se plantó frente a mí y arranco la pelota de mis manos con tanta facilidad, que quede paralizada, por un momento, en menos de un segundo ya la había encestado y me sonreía con suficiencia. Corrí lo más rápido que pude y tome el balón, giré, apunte, salte y lancé el balón, encesto. Ni siquiera lo miré, estaba decidida a ganar esta apuesta, corrí y tome nuevamente el balón, repitiendo el proceso, pero el balón sólo reboto contra la canasta y aterrizó en las manos de Chris, que simplemente dió un brinquito y encesto el balón.
Mierda.
Suspiré resignada, había perdido la apuesta. Caminé hasta las gradas, estaba sudada y tenía mucho calor. Chris se acercó a mí y se sacó su camisa, claramente, también estaba acalorado. Se sentó y no pude evitar ver su bien trabajado abdomen contraerse. Me sentí frustrada, ¿por qué el si podia quitarse su camisa y yo no? No es que estuviera haciendo un berrinche por tener senos, pero maldición, era muy frustrante que un hombre pudiera hacer eso libremente y yo no.
-Mañana puedes ir de compras con Jessica-dijo muy confiado, con una sonrisa de suficiencia en su rostro, quería borrarla con mi puño en su boca.
Suspire y asentí, una apuesta era una apuesta.
Escrita por: Albany Herrera.

Y QUE PASO? ME MUERO POR SABER EL FINAL!
ResponderEliminarPublicaré el próximo capítulo hoy en la noche, te invito a seguirnos :)
Eliminar