miércoles, 22 de mayo de 2013

"ROUGE" Capítulo 3, parte 1.

– Ejem… – escuchar la voz del profesor Oscar tan cerca me sobresaltó. – ¿Se puede saber que están haciendo?

– Los ejercicios, profesor. – contestó Simón, con total naturalidad.

– ¿Ah, si? ¿Es eso cierto, señorita Loiré? – me estrujó con la mirada.

– Yo… esto… – tartamudeé, si la clase entera no hubiera estado observándome, me hubiera estampado la mano contra la frente. Estúpida, estúpida, estúpida.

– Mmm… ya veo… como sea, los quiero a ambos fuera de mi clase. Ahora. – abrí los ojos con sorpresa, y no pude soportar un arrebato de violencia. Tiré mis cosas dentro de la mochila y seguí con paso furioso a Simón que sin protestar se dirigía hacia fuera. 

Caminé hasta el patio insultando al profesor por lo bajo, escuchando como Simón reía. Estábamos por salir de allí cuando me tomó por los hombros.

– Shhh – exclamó, y al ver mi cara de asombro rió una vez más. – Deberías tomarte las cosas con más calma…

– ¿Tú crees? – traté de sonar sarcástica, pero se notó el deje de inseguridad. Me maldije.

– Si, – agaché la mirada – a pesar de lo mucho que me fascine tu impulsividad, no te está dando muchos resultados. – otra sonrisa afloró en sus labios. Yo se la devolví.

– Puede que tengas razón, – me encogí de hombros. – pero… ¿Qué puedo hacer? No puedo evitarlo. – le guiñé, recuperando la confianza. – De todas formas es ridículo que nos haya sacado del salón, ¿con qué motivo?

– Mmmm… no se me ocurre qué habrá sido – dijo misteriosamente.

– ¿Qué quieres decir con eso? – en mi voz resonó la extrañeza.

– Quiero decir que quizás tu manera de no quitar tus ojos de mis labios lo haya… mmm… inquietado, o quien sabe… quizás me está haciendo el favor de sacarnos para que yo pueda estar a solas contigo y suspirar por la manera en que inconscientemente, pero aún de una forma sexy, estás mordiéndote los labios, haciéndome desear besártelos con desenfreno. – me sentí a mi misma quedarme sin respiración al oírlo pronunciar aquella última frase. Tenía la vista nublosa pero aun así pude ver como centímetro a centímetro su boca acortaba la distancia con la mía. Las piernas me flaquearon cuando puso una de sus manos detrás de mi cuello, acariciándolo, no caí al suelo simplemente por su agarre firme a mi cintura. Cerré mis ojos cuando su aliento llegó a mis labios al pronunciar mi nombre, un instante antes de que el campanazo sonara y nuestro perfecto momento quedara arruinado. Él sonrió, yo mordí mis labios nuevamente, maldita sea, y sin que lo esperara el dejó sobre mi mejilla uno de esos besos que tanto hubiera deseado sentir sobre mis labios, suave y largo. Antes de alejarse susurró en mi oído, ‘todo lo bueno llega en su momento’. Luego de unos minutos perdí de vista aquella esplendorosa sonrisa en el tumulto de personas que salían a disfrutar el descanso.

Los odié a cada uno de ellos, largué un suspiro, y fui a comprar algo al kiosco del colegio. Apenas había terminado de pagar mi jugo y mis galletitas, cuando Nela y Mafer me obligaron a ir tras ellas. Tomaron de mis manos lo que acaba de adquirir antes de que pudiera abrirlo y ya se habían comido y bebido casi la mitad cuando me lo devolvieron.

Nos sentamos en una esquina, y comencé a ingerir lo que me habían dejado.

– ¿Y bien? – comenzó Mafer, mirándome con expectativa.

– ¿Y bien qué? – le pregunté con brusquedad.

– Queremos saber que pasó, con detalles. – podía ver los ojos de ambas brillando de emoción y supe que no iban a dejar de acosarme hasta que les contara todo lo que había sucedido con Jona. Entonces lo hice… ¿para qué lo habré hecho?

– No puedo creerlo. – dijeron ambas al unísono.

– Créanlo – les dije, terminándome mi juguito. – pero no tiene importancia alguna. – añadí con un gesto de completo desinterés.

– Lo dudo. – Mafer lanzó una risita.

– ¿Por qué? – soné desconfiada, no me gustaba como se veía esto. Mafer y Nela se miraron con complicidad. Yo bufé.

– Bueno… ya sabes… no puedes besar al chico más bello del colegio sin consecuencias… 

– No pude evitar reírme. – ¿Consecuencias? ¿Cómo cuáles?

– Es que… mientras tu muy a gusto estabas tonteando con Simoncito – mi corazón dio un vuelco ¿lo habían notado? ¿Tan evidente era? Todavía no aceptaba el hecho de que hasta él mismo se había dado cuenta, pero bueno… no había mucho que yo pudiera hacer, no era buena disimulando. – Mi odiosa, inbancable, y aghhhh… compañera de banco hablaba de cuán perra eres por haber besado a ‘su’ chico y luego andarte coqueteando con un imbécil. Y en como iba a darte tu ‘merecido’ – acotó lo último resaltando comillas con sus dedos. 

– Ah mirá, tiemblo de miedo. – todas nos reímos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...