lunes, 6 de mayo de 2013

"Pecadores del destino" Prólogo.


Noviembre, 1946.

¡Corre!

Gritaba mi subconsciente o, como yo preferiría llamarlo en éstos momentos, instinto de supervivencia.

Estábamos en otoño, las hojas secas provenientes de los grandes árboles que caracterizaban aquel bosque se encontraban arrojadas en el suelo perezosamente. Podía sentir que, cada vez que echaba a correr, éstas se deshacían bajo mis pies y, realmente, detestaba el sonido que emitían.

Por un corto lapso de tiempo centré mi atención en mis piernas ya sucias y desgastadas debido al agotamiento. Veía cómo cada músculo se contraía con dificultad mientras avanzaba con rapidez. Hasta podría decir que las oía gritar implorando para que me detuviera y les diera un respiro, tiempo para descansar.

“Tiempo” dije en mi fuero interno. Eso era lo que más necesitaba pero lo que menos poseía.

La luz solar causaba leves punzadas de dolor en mis ojos haciéndome perder la nitidez de la visión unos cuantos segundos. Mientras recuperaba la compostura pude oír los desbocados latidos de mi corazón. El sudor que se concentraba en mi coronilla era abrazador. Molesto.

Eché un vistazo veloz a mis espaldas, esperando obtener señales de aquellos hombres armados persiguiéndome para matarme por haber huido ya que, después de todo, era uno de sus tantos instrumentos. Pero no encontré nada.

La velocidad fue cesando mediante me daba cuenta que no corría peligro. ¿Se habían dado por vencidos? ¿Tan pronto? 

Deposité mi cuerpo en el suelo con considerable lentitud. Miré mis ropas. Estaban rotas y manchadas de sangre… que no me era mía. Dolorosas imágenes cruzaron mi mente, los gritos hicieron ruido en mi cabeza. Cerré los ojos con fuerza mientras trataba de dispersar ésos recuerdos.

Junté mis manos y situé mi cabeza en el hueco que éstas me proporcionaron. Fue ahí cuando sentí aquel incontrolable ardor en el pecho, pero inmediatamente pasó a mi nuca y, por fin, se alojó en mis orejas; en donde realmente lo necesitaba…

«Aléjate de ella —dijo una voz aterciopelada—. Es extraña. Siempre está sola y no le agrada que le hablen. La mayoría del tiempo tiene la mirada ausente… ¿Acaso no te parece eso escalofriante?»

Ésas palabras estuvieron rondando en mi mente más tiempo del que deberían. No lograba entender su significado y, además, ¿qué tenían que ver conmigo? ¿Acaso era un aviso? ¿Un mal presagio? O, tal vez, sólo tal vez, sería una señal que mi vida y la de ésa persona estaban a punto de cruzarse…



Hola gente, bueno, es la primera historia que escribo, sé que ésto no les dirá nada interesante, pero les prometo que el resto de la trama sí. Espero que me apoyen, no estoy seguira de seguir o no. Por favor, denme sus opiniones siempre y cuando sean constructivas, las sabré apreciar. Gracias. Besos.
Escrita por: Frakviana Yamarte.

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